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Saciar la sed
Eduardo Cassano
En ocasiones un tema de conversación conduce a otro y, sin saber cómo, termina en uno muy diferente, aunque al fin y al cabo siempre suele llevar al mismo lugar del principio. Algo parecido me ha ocurrido últimamente.
En este número hemos entrevistado a Rodolfo Serrano, padre del cantautor Ismael Serrano -que personalmente tanto admiro-, aprovechando que presentaba en Madrid su libro “Un oficio de fracasados”, acerca de lo bueno y lo malo del oficio de periodista.
Entre otras cosas, en la entrevista nos dice que uno empieza a ser periodista cuando comienza a observar el mundo que le rodea y escribe sobre él. Nada más abrir su libro, nos encontramos con una cita de Mark Twain que dice “Habiendo fracasado en todos los oficios, decidí hacerme periodista”. Sin duda, un libro más que recomendable para aquellos que como yo, de forma humilde, pretende dedicarse al noble oficio de escribir.
Aprovechando la ocasión, aunque no tuve el gusto de entrevistarle personalmente, rescaté los primeros discos de Ismael Serrano y volví a escuchar aquellas canciones que me daban tanta fuerza, a pesar del pesimismo que alguna de ellas imprimía. Pero entre las canciones y los artículos de Ismael, encontré una cita de José Saramago en la que decía que “da igual cómo esté el vaso, medio lleno o medio vacío, si no sirve para saciar la sed”. Da que pensar, y mucho.
También en este número he tenido la oportunidad de entrevistar a Lucas Masciano, esta vez sí personalmente, un joven cantautor que trata de abrirse paso en el complicado panorama musical. Para la gente que no le conozca, hablo de alguien que declara abiertamente en sus canciones que “no quiero dejar de ser como soy “y, especialmente, “Se elige la forma de pensar, yo elijo elegir”. Hablo de alguien que, al igual que Ismael Serrano en su momento, cantaba en la calle esperando su oportunidad. Y una vez más, otra cita en la que reflexionar, y comenzar a saber elegir.
En los contenidos de este número tendrán ocasión de conocer mejor a este cantautor, pero si descubrir su música fue un hallazgo, conocerle ha sido todo un placer. Una de las cosas que me recordó después de entrevistarle fue la cita de Miguel de Unamuno, cuando dijo “el que tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él”, pues siempre que se comienza un nuevo proyecto uno encuentra obstáculos en el camino que dificultan su progresión.
Si el mes pasado hacía referencia al significado de la felicidad, en esta ocasión quiero explicar mi punto de vista sobre lo que hace falta para llegar a alcanzarla. Según la conocida pirámide de Maslow, para ser completamente feliz en primer lugar hay que cubrir la necesidad de comer y beber. A continuación, tenemos que sentirnos seguros, protegidos contra el daño. El siguiente escalón es el más complicado, pues se encuentra entre el éxito y el fracaso personal de toda persona que aspira a ser feliz, basándose en dicha pirámide; la necesidad de ser aceptado por la sociedad.
En su día, Séneca dijo que “importa mucho más lo que piensas de ti mismo, que lo que otros opinan de ti”. Y no le faltaba razón. Pero, por desgracia, casi siempre depende de los demás que tengas éxito o no en aquello que te propongas, y en muchas ocasiones se infravalora a las personas que realmente tienen algo que decir, pero en ese momento concreto su opinión no interesa. A veces, como decía Publio Siro, “la oportunidad se presenta tarde y se marcha pronto”.
Sin embargo, si uno sabe elegir a las amistades (aquellas que valoran tu trabajo y esfuerzo, y ofrecen su apoyo sin pedírselo), será fácil saltar directamente del tercer escalón de la pirámide al quinto, aquel en el que uno se sabe satisfecho, pues ha alcanzado la meta personal que todo ser humano aspira en la vida, a pesar de lo que diga.
Pero hasta que llega ese instante pueden pasar muchos años. Hay personas que alcanzan el éxtasis enseguida, y de llegar tan rápido, la caída puede resultar más dolorosa, pues lo más difícil no es llegar, sino mantenerse. Como en el amor, a pesar de lo que digan, lo más complicado no es enamorar a una persona, sino mantener viva la llama del deseo, cariño y, sobretodo, la confianza en la pareja. Lo mismo ocurre con la felicidad, que es mucho mejor conseguirla poco a poco y saborearla, que verla llegar tan rápido como desaparecer.
Así pues, no es de extrañar lo que Friedrich Nietzche dijo en una ocasión en que “la esperanza es, en verdad, el peor de los males, porque prolonga la tortura de los hombres”. Cómo sino, se puede entender que la gente se pase la vida discutiendo, esperando su egoísta oportunidad de ser feliz y, cuando llega, no sepa aprovecharla buscando excusas que, en realidad, no es más que una absurda forma de ver el vaso medio vacío, cuando en realidad lo tiene lleno.¿De qué sirve, pues, tener el vaso medio lleno, sino sacia nuestra sed?
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