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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

La fiebre del golf

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 1 de noviembre de 2006, 04:32 h (CET)
De repente en España y particularmente en el litoral mediterráneo y su interior, se ha desatado la fiebre del golf, hasta tal punto que se podría pensar que España es un país de golfistas. Dicho sea dentro de la justa expresión del término.

Ni en la época dorada de Severiano Ballesteros, ni en la de Sergio García, el “niño”, hubo tanto interés por promocionar el juego del golf. Constantemente se están presentando proyectos en los ayuntamientos para construir campos de golf que nos da la falsa impresión de que los españoles nos hemos volcado con este deporte y que de allende los mares los amantes del golfismo van a acudir a España para practicar su deporte favorito como las moscas a un panal de rica miel.

Tanto entusiasmo ha despertado el golf que ya nos hace sospechar. Cuando salta la noticia de que en determinada zona rústica se solicita el cambio de uso de los terrenos para instalar un campo de golf se nos ponen las orejas más tiesas que a la parlanchina mula “Francis”, porque a medida que te adentras en la lectura de la noticia observas que inmediatamente después de señalar lo del campo de golf se puede leer: “…y la construcción de mil, dos mil, o tres mil chalés adosados”. Pienso que cuando se quiere construir un campo de golf es por el mero de hecho de promocionar este deporte y crear el poco o mucho negocio que esta actividad, la explotación de unas instalaciones de golf, pueda generar. Es por ello por lo que en buena lógica se puede pensar que no se entiende el porqué la construcción de un campo de golf tiene que ir pareja a la edificación de miles de viviendas residenciales. Simplemente con hacer los edificios necesarios que den apoyo para posibilitar el que se pueda practicar el golf en las debidas condiciones, basta.

Ante tanta recalificación de suelo, más de la necesaria para un campo de golf y sus instalaciones, la gente se pregunta si aquí lo que interesa a algunos es más la promoción inmobiliaria que promocionar el deporte del golf. En cualquier caso queda la pregunta del millón: ¿Cuántos campos de golf sobrevivirán con el transcurrir del tiempo cuando realmente lo que interesaba era la construcción de esos miles de viviendas? La respuesta, aunque arriesgada no por ello va a ser errónea: pocos.

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