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Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

Tienda de Campañas

Mar Berenguer

miércoles, 1 de noviembre de 2006, 04:32 h (CET)
CIU, comenzó su campaña con la polémica del DVD contra el tripartito de Maragall, pero en seguida se apuntó el tanto de las 31 promesas electorales firmadas ante notario, recalcando aquello de no pactar con el PP, olvidando una vez más que este es un partido como otros tantos, constituido y funcionando conforme a principios democráticos, luego digno de un mínimo de respeto -más si recordamos que a Pujol nunca se le cayeron los anillos por pactar con la derecha -. Mas, establecerá el carnet por puntos de los inmigrantes, que adquirirán derechos en virtud de vaya usted a saber que baremos que ya nos podemos imaginar y entre los que seguramente será estupendo tener el carnet de CIU, en lugar de otros criterios como el simple trabajo, que puedan medir la verdadera integración y la efectiva aportación a una sociedad. Los puntos en el orden social, hacen pensar que el paréntesis en el perpetuo reinado de CIU, haya acortado distancias entre los que propugnan el nacionalismo obligatorio y las personas que, teniendo necesidades tangibles, urgentes y verdaderas, están hartas de tanto intervencionismo y despotismo cultural y lingüístico. En general, el “contrato de CIU con los catalanes”, como estrategia, es magistral al menos en cuanto a originalidad, aparente seriedad y buena voluntad; su “talante”, que diría el otro. Como en todo contrato, habrá que leer la letra pequeña.

La ocurrencia de los jóvenes de Iniciativa por Cataluña-Verdes, ha sido cuanto menos, impresentable. Censurable ya no por su ordinariez y mal gusto, sino por su intolerancia y por su ímpetu antidemocrático; por atentar contra derechos fundamentales y por la violencia verbal gratuita ejercida contra la ideología legítima de millones de personas. Pretenden, según el diccionario, “practicar el coito” y “fastidiar y molestar” a toda una oposición, y luego se atreven a llamar fascistas a quienes ellos son los primeros en agredir.

Es sorprendente que la opción moderada y no nacionalista de Ciutadans, resulte ya transgresora de por sí en un panorama sociopolítico que arrastra las secuelas del feudalismo convergente desde el comienzo de la España democrática, por lo que puede resultar excesivo y seguramente innecesario el cartel con el candidato Rivera en paños menores. Cuanto más útil hubiera sido hacer pública la denuncia del boicot que esta nueva formación política sufre en medios locales monopolizados por los partidos dominantes que coartan el pluralismo y acudir a los de difusión nacional para dar a conocer los concretos contenidos de su programa político.

El precedente de la baja participación en los comicios del Nuevo Estatut, puso de manifiesto el divorcio entre la sociedad catalana y su clase política. A los grandes derrotados de la legislatura inacabada, les sobra cualquier eslogan, pues los hechos han hablado por si solos. De nada servirán los carteles con los de Ezquerra de buen rollito o los de Montilla “haciendo que hace” rodeado de papeles, porque la inercia, el desencanto y la falta de información en el votante, están servidas. Lo peor de todo, las grandes posibilidades de repetir triunvirato, que disuadirán de votar a tantos ciudadanos que dan la batalla por perdida. Si el 18 de Junio fue la playa, ahora la excusa será el puente de Todos los Santos.

Una campaña electoral, siempre debería partir de un diagnóstico honesto de la realidad de una comunidad, y no venir predeterminada para bandearse entre el artificio y la frivolidad. No debe basarse en el discurso para recordar lo malos que han sido, serían o serán los otros, sino en la publicidad y la transparencia de un programa político que de respuesta a las verdaderas necesidades de todos los ciudadanos, para poder lograr que, en este caso el futuro gobierno catalán, no siga siendo más una fuente de problemas que de soluciones.

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