Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Revista-teatro

Etiquetas:   Crítica   -   Sección:   Revista-teatro

Carnaval

Pepa Ortiz Moreno
Redacción
lunes, 30 de octubre de 2006, 17:30 h (CET)
El estreno de la Obra Carnaval, thriller policíaco de Jordi Galcerán y dirigida por Sergi Belbel se realizó el día 23 de octubre a las 21h. El estreno compitió con la lectura dramatizada de Rosa Novell “ Sin noticias de Gurb” de Mendoza en el Lliure.

Un decorado verosímil sorprende al espectador por la similitud con cualquier comisaría de Barcelona.

El tiempo lo marca un reloj que marca su trayecto a las 10AM, tiempo justo para acomodarse en la butaca y ver una obra en tiempo real con elementos de apoyo minuciosamente preparados cual casita de muñecas.
La mirada se cautiva con los creíbles personajes, políticamente incorrectos que buscan marcados por la impotencia y la desesperación de una madre a la que secuestran a su hijo de 3 años cuando jugaba en el parque.

La intriga estaba servida.
De ese modo se construyen las piezas de un mismo puzzle en tiempo real. Cuatro policías: Marta Angelat que da vida a una Inspectora de policía que tiene como confidente a Roger Casamajor, otro policía joven, con el que mantiene un diálogo íntimo, que abre el telón a la realidad de sus vidas cotidianas en medio de la difícil resolución del secuestro. Quimet Plà un policía con años de servicio, que mira los casos sin resolver con aceptación y Silvia Bel, que interpreta a una joven policía de Delitos Informáticos con la prisa en los zapatos.

La pieza corre tres valiosos riesgos que la convierten en poderosa.

El primer riesgo, la innovadora apuesta del Teatro por el thriller policiaco.

Notablemente resuelta por su autor, Jordi Galcerán, que construye las pistas que ofrece a los espectadores y a los personajes, y juntos reconstruimos el rompecabezas sin dificultades.

La tensión narrativa, de la mano de los personajes que nos conducen a la clave de la obra: la incertidumbre que avanza a pasos cautelosos.
El tema del secuestro que prepara al espectador para la complejidad, porque a medida que avanza, deja entrever los entresijos del Mal y ahí, los personajes y el público comienzan a preguntarse al estilo Socrático sobre los vericuetos del alma. Un ordenador de espaldas al público, donde los policías asisten al horror que encierra el sacrificio u ofrenda al servicio del mal.

El segundo riesgo, la ironía con intención comunicativa asoma como una de las reglas fundamentales de sus personajes. Los policías no son americanos ni políticamente correctos sino, personas que se equivocan y se sienten atrapados por el mundo que nos rodea y lo plasman en los temas de sus diálogos.

La Soledad y el Caos son propagadas como la peste, que muchos solucionan con el morbo y la indiferencia y con su obra, Jordi Galcerán y Sergi Belbel le otorgan otra mirada, la de contar con la sensibilidad y la inteligencia del público, dando por supuesta la capacidad de empatizar con esa madre y lo muestra de la mano de sus personajes que lloran con ella.

Unas gotitas de tragedia griega que salpican al espectador, aleccionándolo, conmoviéndolo y marcando nuevos rumbos. Aristóteles postuló que la tragedia es capaz de lograr que el alma se purifique y se eleve de pasiones. La ironía socrática no está reñida con la tragedia griega.

Tercer riesgo: resolver la pregunta filosófica de ¿Quién puede cometer semejante atrocidad?

El condicionante está marcado por el que puede impedir la resolución de la tragedia. El espectador se queda impotente, preguntándose, como los policías, haciendo la travesía por las investigaciones del perfil. Y acaba exhausto, agotado hasta dar con la solución.

Cualquiera puede poner una bomba a un niño de 3 años o Cualquiera puede aterrorizar psicológicamente. La maldad gratuita se pega como una lapa y es un enigma a resolver.

Y después sólo queda, el Ensayo como instrumento para la conciencia y la prevención. En Irak los terroristas si hace falta pondrían bombas en guarderías para ser escuchados y pagar con la misma moneda de cambio que los americanos les hacen padecer. Los autores nos traen algo más cercano, algo que puede suceder mañana mismo. Y el espectador se pregunta sobre su complicidad en el caos y en la muerte. Y en el control que ejerce sobre la vida y la muerte. Un viaje donde debería de permanecer la lucha en un eterno reconstruir y construir.

Noticias relacionadas
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris