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Mercaderes de la vida

Gema Merina Sánchez
Redacción
lunes, 30 de octubre de 2006, 17:18 h (CET)
¿A quién no le ha pedido el niño un perrito?, y ¿quién no se ha visto tentado de darle el capricho al niño en cuestión? Ahora que se van a acercando las navidades serán miles los perritos y gatitos que se venderán para ser abandonados en verano, pero antes de eso puedes encontrarte con alguna sorpresa desagradable.

No creo que esté de más recordar que las perreras de cualquier población seguramente estarán llenas hasta los topes de perros de todo tipo; desde cachorros a perros maduros; de poco y mucho tamaño… más aún con el verano tan reciente. Sólo hay que acercarse, mirar, elegir y llevarse el que más guste. Con un par de vacunas y mucho cariño a estos animales se les puede borrar el recuerdo del infierno por el que han pasado.

De todas formas, en este artículo nos vamos a centrar en la compra, que parece ser la opción preferida de muchos, y la más peligrosa también ya que desgraciadamente muchas personas se dan de lleno contra las mafias de animales y los desalmados que se dedican de forma poco limpia a un negocio en el que todo son beneficios. El resultado, si no se está bien informado, suele ser un perro enfermo, de la raza equivocada o incluso con problemas mentales.

La primera opción es la de ir a una tienda de animales, donde deberemos asegurarnos de que los papeles están en regla y el animal se encuentra a la vista y en buenas condiciones. Lo mejor es informarse previamente de los rasgos característicos de la especie en concreto y sus enfermedades más frecuentes. Si se visita alguna tienda en la que se observen irregularidades no hay que dudar un momento en denunciar. Si es posible, también sería provechoso investigar entre otras personas que hayan hecho compras en el mismo establecimiento, ya sea a través de foros de Internet o cualquier otro medio.

El verdadero riesgo según hemos estudiado de primera mano, es la mezcla entre criaderos e Internet. Aunque no queremos generalizar de ninguna de las maneras, lo cierto es que son frecuentes los fraudes y timos en este sistema.

Hace no mucho que el Seprona tuvo que requisar 323 perros repartidos en dos criaderos situados en El Molar y Navalafuente (Madrid). Los animales estaban en unas jaulas minúsculas donde sólo podían dar vueltas sobre sí mismos. Los veterinarios intercambiaban las jeringuillas de los animales y les administraban vacunas de forma arbitraria. Todos los perros tenían síntomas de inanición y los papeles que se adjuntaban con los animales eran falsos. Por desgracia, aunque no sea frecuente, este no es un caso aislado.

La mayoría de criaderos de este tipo hacen el negocio enviando por mensajería a los cachorros o llevándolos a un punto medio mucho mejor acondicionado, desde donde se hace la compra. Rara vez se pueden visitar los criaderos en sí, donde las hembras paren sin un mínimo descanso, obligándolas a tener una camada tras otra hasta que mueren extenuadas. Hemos comprobado que en, aproximadamente el 80 % de las veces en que hemos insistido en visitar el criadero “base” la comunicación con el vendedor se ha visto interrumpida. Cuando se paga para que te envíen un perro (aunque sólo sea el 30 % del precio final), puede que lo que te llegue sea, o bien la jaula vacía, o un animal en un estado lamentable que nada tiene que ver con esa foto idílica que había colgada en la red.

Otro truco muy frecuente consiste en vender los perros anunciándolos como camadas de un particular (ya que parece que da más confianza el hecho de que se haya criado en una casa con su familia hasta el momento de la compra); no os dejéis engañar; en la mayoría de los casos sólo hay que copiar el número de teléfono de contacto y ponerlo en algún buscador como por ejemplo el Google. En muchos casos hemos descubierto que el supuesto particular tiene su teléfono colgado en decenas de anuncios donde vende las razas más dispares a cada mes, prueba irrefutable de que posee algún tipo de criadero ilegal y que, seguramente, los animales no estarán en las mejores condiciones.

Para evitar todo esto hemos redactado un decálogo que esperamos os libre de un posible timo, pero ante todo, para cualquier duda que se tenga antes de comprar un perro o adoptarlo, lo mejor es hablar con los especialistas del tema; los veterinarios:

1. Ir sin prisa. Una vez que hayáis tomado la determinación de haceros con un perro, dedicad tiempo a informaros todo lo posible y esperad a tener la seguridad de que estáis haciendo una buena compra.

2. Visitar siempre el lugar donde se ha criado el perro y si es de raza, exigid ver a los padres, y que estén debidamente identificados, os ahorraréis el susto de ver cómo vuestro caniche crece hasta el doble de su supuesto tamaño.

3. Desconfiar siempre de la venta ambulante. Los animales están en malas condiciones y no ofrecen un mínimo de garantías.

4. No comprar nunca cachorros menores de dos meses. Necesitan un tiempo para mamar y si el vendedor tiene prisa no es buena señal.

5. Cuando se tenga el perro, dentro del “período de garantía” que se supone que deben darte, acudir a un veterinario por muy saludable que parezca el perrito. Muchas veces tienen enfermedades hereditarias que dan la cara más adelante.

6. Siempre (por pequeño que sea), debe ser entregado con su cartilla correspondiente, en la que figurará como poco, la raza, la fecha de nacimiento y las vacunas. Todo con la firma y sello del veterinario. En el caso de las vacunas y desparasitaciones cada una de ellas llevará su firma, sello y pegatina propias.

7. En el caso de perros con pedigrí, se debe adjuntar el certificado de la LOE (o al menos la solicitud del certificado) debidamente sellado y con los datos y números de chip de los progenitores.

8. Desconfiar de las gangas en puras razas; suelen ir asociadas a enfermedades. Mejor informarse primero del precio medio de esa raza, ya que varía mucho de una a otra.

9. Un perro de dos meses no puede ir “completamente vacunado”. Al mes y medio se les pone la Puppy, a los dos meses la hexavalente y a los 15 días de esta la otra hexavalente y el chip. A los seis la de la rabia. (de forma genérica).

10. Una tienda de animales no puede sellar cartillas (a menos que también sea clínica veterinaria)

De todas formas, lo mejor siempre es preguntarse si realmente se quiere un perro, y si se va a querer siempre. Nunca hay que adquirir un animal por un capricho. Comprar o adoptar un perro son 14 años de “atadura”, de compra de piensos, vacunas, accesorios, ladridos, lloros, paseos diarios llueva o nieve, de dejar el perro con alguien si se quiere salir de fin de semana y un largo etcétera que viene muy bien considerar con calma antes de tomar una decisión errónea que luego no tiene solución; porque el abandono no es una solución, es una cobardía.

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