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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Enseñanza laica andaluza

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
martes, 31 de octubre de 2006, 06:25 h (CET)
Para los que no tienen otro remedio -como es mi caso- que tener a sus hijos en colegios públicos andaluces, se les encienden la luz roja de alarma al pactarse por los populares en el estatuto de autonomía que la enseñanza pública en Andalucía será laica. Eso quiere decir que no será religiosa ni aceptará las convicciones morales o de confesión de los padres para la educación de sus hijos. La gravedad consiste en que gran parte del pueblo, que siendo mayoritariamente católico, no tiene en este caso andaluz quien les defienda o represente en las instituciones democráticas. Enseñanza laica es el cajón de sastre donde caben todos los experimentos de ingeniería social que hoy se pretenden imponer, así como la expulsión de la religión, su historia y sus valores de la enseñanza de los más pequeños. El apoyo del PP a esto, es dejar a los padres a los pies de los caballos en la dificultad de recurrir a su derecho constitucional de enseñanza a los hijos según sus convicciones y valores. Les quedaría el Defensor del Pueblo al que los políticos hace poco atacaban por instar al TC por el estatuto catalán, según le pedían centenares de quejas ciudadanas. También les quedaría las cuestiones de inconstitucionalidad planteada por los jueces en los tribunales, como han tenido que hacer en la ley de violencia doméstica también votada por socialistas y populares -admitida a trámite en el TC-.

El consenso está bien para disensos no transversales. Cuando el consenso pretende estructurar derechos fundamentales y libertades públicas que marcarán la normas para todos, se radicalizan las normas de convivencia. El Estado y sus instituciones delegadas son aconfesionales según la Constitución. Todo estatuto de autonomía que inspire otra juridicidad constituyentemente contradictoria, violenta los derechos constitucionales de los ciudadanos cómo en este caso el derecho de los padres a poder educar a sus hijos en sus convicciones morales y religiosas. Eso es radicalmente imposible en una educación pública laica.

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