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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Crimen perfecto

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 31 de octubre de 2006, 06:25 h (CET)
Corría el año 1954 cuando Alfred Hitchcock, el maestro del suspense, plasmaba en la gran pantalla uno de los temas recurrentes entre los amantes del género negro: el crimen perfecto. Que, por supuesto, acaba siendo sólo perfecto en la mente de su instigador, que después de cometer numerosos errores, acaba pagándolo muy caro. También la genial Agatha Christie había ido demostrado, novela tras novela, que pese a la impunidad con que suele creer actuar el soberbio criminal, no existe el crimen perfecto. Siempre se comete un error, un pequeño detalle, que lleva al descubrimiento del autor del delito. Y el criminal siempre acaba pagando su crimen. Tan convencida de esto se hallaba Agatha Christie que en la última novela que vendría a protagonizar el inmortal Hercules Poirot, era éste el que cometía lo más cercano a un crimen perfecto para, a continuación, ajusticiarse a sí mismo. Y es que el crimen jamás debe quedar sin castigo.

Esto hasta que, después de un salvaje crimen que tuvo lugar en Madrid y que costó la vida a 200 personas, dio comienzo el Nuevo Orden Mundial. La llamada era ZP. En la era ZP hay quien cree que sí existe el crimen perfecto. Por ejemplo: imaginemos que unos terroristas, hastiados de tanta inactividad y del dolce far niente, deciden secuestrar a tres miembros de una familia, entre ellos un bebé de nueve meses. Supongamos, además, que el cabeza de familia regenta una fábrica de armamento. Y que los tres criminales deciden robar 350 armas de fuego y miles de balas. Supongamos también que acaecido este delito los delincuentes abandonan a sus esposadas víctimas en un coche. Y supongamos que allí son localizadas por la Gendarmería francesa. Imaginemos que el gobierno español se negase a admitir que ETA esté detrás del crimen y que se escudase detrás de no se sabe qué investigaciones, mientras la gendarmería francesa da por cierto que el crimen habría sido cometido por un comando de ETA, para simplemente, mediante un truco de magia, tratar de convencernos a los españoles de que los terroristas-pacifistas de la ETA no han secuestrado a un padre, una madre y su bebé de 9 meses. Que la ETA no ha robado 350 armas de fuego. Y que la ETA está en tregua. Que la ETA quiere la paz y que el único obstáculo para alcanzarla serían las huestes que comanda Mariano Rajoy. ¿Se habrá cometido el crimen perfecto?

Supongamos, por ejemplo, que un asesino en serie llamado De Juana Chaos, sobre cuya conciencia pesa el asesinado de 25 inocentes, decide ponerse a dieta de Pan Bimbo, miel y chocolate. Y supongamos que el terrorista exagera y afirma estar en huelga de hambre. Supongamos que esto sirve de excusa a los chicos de la gasolina que comanda ETA para cometer cientos de actos de terrorismo callejero (acerca de los cuales el gobierno también se niega a hablar. Porque el gobierno ha verificado el "cese de la violencia".). Supongamos que este De Juana es un perfecto hijo de puta que escribió, justo en el momento en que tres niños, ya huérfanos, enterraban a su mamá y a su papá, asesinados a tiros por un "camarada en la lucha" del delincuente lo siguiente: «En la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas y terminaremos a carcajada limpia»(…) «Con esta ekintza [atentado] ya he comido yo para todo el mes. ¡Perfecta! Ahora están empezando a recoger el sufrimiento que desde hace décadas vienen repartiendo entre los presos, y eso que todavía seguimos siendo monjitas de la caridad». Y supongamos que este criminal tiene aún causas pendientes con la justicia. Y que la Fiscalía, en una actuación que pasará a la historia de la indignidad, decide rebajar la petición de pena de 96 a entre 4 y 13 años. Supongamos que al juicio tiene que asistir un fiscal a punto de jubilarse porque antes dos fiscales se han negado a cometer semejante vileza. Supongamos que durante el juicio el delincuente, que quiere salir a la calle, decide afirmar que él sólo quiere escribir. Y supongamos que el Presidente del Gobierno de España afirma ese mismo día que este criminal confeso, autor de más de dos decenas de ejecuciones, es de los que quieren el presidencial “proceso de paz”. De nuevo, el crimen perfecto: a De Juana matar a 25 personas le saldrá a razón de menos de un año por asesinato. Y, además, el Presidente ya le ha otorgado esa pátina de buena persona, de pacifista, de hombre de la paz de ZP.

Seguro que ni Hitchcock ni Christie, en cuya época, cuando los periodistas eran periodistas y no apesebrados, los medios de comunicación no tenían la influencia que tienen hoy en día, pensaron jamás en que sí puede existir el crimen perfecto: el crimen silenciado por el Estado. Aquél cuya comisión, sencillamente, se silencia. El crimen contra el Estado de Derecho, contra la democracia, contra la Justicia, contra la dignidad.

Pues ZP, que parece pensar lo contrario, se lo podría tratar de explicar en dos tardes. Claro que igual en mitad de la lección alguien le haría ver al del talante, que considera a Otegui un hombre de la paz, que, una vez más, se ha vuelto a equivocar. Y que no existe el crimen perfecto. Siempre se cometen errores y se dejan pistas. Y algunos hasta los dejan delante de millones de testigos.

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