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Etiquetas:   Micro abierto   -   Sección:   Opinión

Algo huele en los organismos supranacionales

Pelayo López
Pelayo López
martes, 31 de octubre de 2006, 06:25 h (CET)
Ahora que está a punto de ser sustituido en su cargo el actual secretario general de la ONU, Kofi Annan, y que las Naciones Unidas tienen sobre la mesa asuntos tan espinosos como la crisis nuclear bipolar abierta con Irán y Corea del Norte, crisis por cierto de impredecibles consecutivas en cuanto a que los “juguetes” de los que hablamos no funcionan con pilas, conviene dedicarle unos minutos, y en este caso unas palabras, a este organismo internacional de tan contradictoria existencia. Ya sé que a primera vista puede parecer que esta mole de dimensiones descomunales nos pilla a todos un poco fuera mano, pero nada más lejos de la realidad, sobre todo por los efectos, no sólo secundarios ni colaterales, que cualquier decisión allí tomada pueda ocasionarnos.

Resulta que este inmenso foro supranacional, esta vendida panacea de la democracia global, donde se deciden gran parte de los designios del orden mundial, es tan frágil como una ficha de domino que pierde la verticalidad al más mínimo roce. Es como el artículo de moda de la temporada, tan pronto está vigente, tan pronto obsoleto. En función de las conveniencias, ahora le hago caso, ahora no. No es de extrañar que sea así. Uno comprende que haya políticos sentados en extremos tan opuestos como Chávez y Bush. Uno entiende que, pese a sus diferencias, ambos tengan la misma tribuna oratoria no para encauzar las situaciones que se han desbocado sino para seguir enzarzándose en vericuetos personales de dudoso calado moral. Lo que a uno no le puede entrar en la cabeza es la impresión ofrecida por el hemiciclo mundial de su carácter innecesario. Y eso es realmente lo que parece, aunque sea una lástima y una ocasión desaprovechada. La vieja aspiración del mundo de tener un garante para todos cada día pone más en evidencia que la globalización, entendida en su sentido más difamatorio por algunos, no es el invento del siglo XXI.

Y esta sensación no sólo es achacable a Naciones Unidas, es perfectamente válida si se la aplicamos igualmente a la OTAN –sus soldados son atacados allá donde realizan labores humanitarias-, la UE –su griposa constitución es un síntoma crónico de su difícil crecimiento interesado-, el FMI –mejor no decir nada sobre el reparto de la riqueza cuando aún tenemos fresca la semana contra la pobreza-… organismos todos ellos vivos al tiempo que inertes. Vivos por la leña política que los necesita, y muertos por su inoperancia efectiva de cara a aquellos por los que vela y que son de los que más lejos se encuentran. Sería muy fácil argumentar que estos comentarios se encuentran en la órbita nacionalista. Nada más lejos de la realidad, no confundan esta tesis orientada al pragmatismo más vital con otras alternativas con las que poca o ninguna relación guarda. No se si ustedes también lo perciben, no solamente por la cercana marcha de Annan de la ONU, pero algo huele a caduco en los organismos supranacionales.

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