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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

Participación ciudadana

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 31 de octubre de 2006, 06:25 h (CET)
Desde hace siglos la capacidad de decidir de los ciudadanos ha ido ligada en todo momento al tipo de gobierno en el poder. Desde gobiernos autoritarios hasta los más demócratas la participación ciudadana ha tenido su importancia, siendo en el siglo XXI su puesta en marcha a nivel institucional. Parece ya lejano aquel precedente ingles en torno a 1689 con la negativa de los ciudadanos a tributar si no gozaban de capacidad de decidir que se realizaba a con sus impuestos – No taxation without representation –, es decir, reclamaban más participación.

La participación de los ciudadanos en el día a día político, económico y social ha venido vagamente practicada, teniendo como referente único las elecciones municipales o legislativas. Más allá de las elecciones existen muchísimos mecanismos de participación que se están poniendo en marcha en pequeños municipios con grandes éxitos e incluso llegando a colocarse dentro de las agendas de grandes ciudades como Barcelona.

La participación ciudadana debe fomentarse para dar voz al pueblo y concienciarlo de la existencia de un marco de participación en la toma de decisiones que afectan a todos ellos en el día a día, en las verdaderas necesidades que tienen y que, a menudo, no son satisfechas. Es primordial en cualquier gobierno que se autodenomina democrático, acercar las instituciones al pueblo y que estas sean más sensibles a las demandas que ejercen los ciudadanos, no sólo por el mero hecho de ser reelegido en las próximas elecciones, sino por su deber moral como representante del pueblo.

La participación ciudadana es un objetivo a conseguir por la sencilla razón de que puede sacarnos de la desidia política que existe en el país y crear una cultura participativa entre la sociedad, ciudadanos participativos e involucrados en las decisiones políticas. Evidentemente hay métodos y métodos de participación y no todos se plasman con el objetivo deseado. Existen mecanismos de participación que se crean simplemente con el objetivo de conseguir un “lavado de imagen” por parte de las instituciones. Esta practica, además de aberrante, consigue crear una conciencia entre los ciudadanos de imposibilidad de participar o de que sus demandas sean escuchadas, haciendo un flaco favor a una ya muy debilitada democracia.

El principal obstáculo de todos es el ente burocrático que existe a nuestras espaldas. ¿Estarían dispuestas las instituciones a ceder cotas de poder y participar en los procesos de toma de decisiones a los ciudadanos? La respuesta la veremos con el tiempo, pero hoy por hoy me temo que todo se convertirá en un triste lavado de imagen.

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