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Opinión
Etiquetas:   Eurovisión  

Freaks

Europa entera se encandila con la mujer barbuda
Carlos Salas González
miércoles, 14 de mayo de 2014, 08:42 h (CET)
Pasan los años, las décadas, los siglos, pero seguimos siendo los mismos. Con un mayor desarrollo tecnológico, sí, pero igual de estúpidos. O incluso un poco más. Hubo un tiempo en el que las ferias y los circos paseaban por ciudades y pueblos no sólo a sus artistas y fieras, sino también a los "freaks". Así se llamaba en el ámbito angloparlante a aquellos seres que presentaban algún tipo de llamativa anormalidad física. Estaban los enanos, los microcéfalos, los mutilados y todos aquellos que padeciesen cualquier enfermedad ósea o cutánea que le terminase por conferir un aspecto monstruoso. La crueldad con que se trataba a estos pobres desgraciados fue documentada en algunas películas excepcionales, caso de "La parada de los monstruos" (1932) -su título original era precisamente "Freaks"-, obra maestra del gran Tod Browning, o del filme menos opaco y más expresionista del caótico David Lynch: "El hombre elefante" (1980).

Pues hoy, en pleno siglo XXI, Europa se ha quedado boquiabierta ante la mujer barbuda, uno de esos "freaks" que nunca faltaba en las ferias y circos de antaño. La única diferencia entre entonces y hoy es que aquellos cochambrosos barracones son ahora espectaculares escenarios cuajados de efectos luminosos, y que el morboso público, en vez de pisar el suelo polvoriento, asiste al espectáculo, a través del televisor o de la pantalla del ordenador, cómodamente instalado en su casa. Eso sí, hay una diferencia más. Y es que en este tiempo de "wasaps", "selfies" y "tuits", ya ni siquiera la mujer barbuda lo es de verdad. Porque resulta que quien conquistó Europa el pasado sábado era un tipo vestido de mujer, cuya barba, para mayor gloria de la farsa, parece ser que era postiza. Todo artificio, absoluta falsedad, pura mascarada... Perfecta metáfora de esta época nuestra en la que la única certeza es la asombrosa necedad de la gente. Una necedad que, lamentablemente, se exhibe con una facilidad pasmosa gracias a esos avances tecnológicos.

Y a todo esto, ¿qué tiene hoy de transgresor un número musical protagonizado por un hombre travestido? ¿Es que acaso no tienen cabida en los medios de comunicación europeos los travestis y los transexuales? Igual en Rusia no, pero en la Europa occidental copan horas de televisión, portadas de revistas y páginas de internet. La prueba de que ya, por fortuna, no existe tal marginación está en que fue votado en masa. Hoy lo auténticamente transgresor sería que algún cantante se atreviese con un tango mientras se fuma un cigarro. Ya verían. Cortarían la emisión y sacarían esposado del escenario al insurrecto artista.
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