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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Zarabanda de almas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 30 de octubre de 2006, 06:18 h (CET)
Que quieren que les diga, allá por donde me asomo a los relatos históricos, o allá donde me arrime a los sucesos contemporáneos, no paran de manifestarse cuitas de personajes de lo más curiosos. A más cercanía, aumentan las probabilidades de que uno mismo se vea involucrado, con todo el zancarrón metido hasta el fondo. Somos muy dados a líos y embrollos, desde los más domésticos a los que avinagran las convivencias.

Hay mucho que comentar sobre el entramado espiritual de cada persona. Lo podemos denominar como alma. Es quien se encarga de hacernos sentir, comprender o querer. Tampoco hemos de olvidar otras acepciones del término. Se habla poco de la variedad de almas, más pareciera que disponer de alma es un atributo común y uniforme. Si bien lo de común pueda servir en la definición, rápidamente detectaremos las particularidades inesquivables de cada alma. De ahí la propensión a la zarabanda o, cuando menos, a un revoltijo de espíritus con pintorescas características.

Topamos con las primeras muestras entre esas que vinieron en llamarse almas de CÁNTARO, tan quijotescas y saladas. Sin demasiadas trabas en su azotea, de pensares sencillos, sin filtros complicados. De tan abiertas, casi siempre vacías; les pueden entrar algunas corrientes mentales peligrosas, a ellas suelen agarrarse con un crédulo frenesí ignorantón. "¿Quién os ha encajado en el cerebro que sois caballero andante y que vencéis gigantes y prendéis malandrines?". Pues algo así, su fuerte no son los argumentos, que no los tienen (El cántaro se vacía fácilmente). Si algún criterio entró, tenía la escapatoria muy a mano. No sólo haylos, este tipo de comportamientos son seguidos esporádicamente por otras mentalidades.

Es muy ilustrativa el alma como FARDO. Llenas, pletóricas, incapaces de dar cabida dentro de sí a nada más; todo está dentro, apretujado y bien atado. Recordemos las imágenes de refugiados o sobrevivientes de alguna catástrofe, con todas sus pertenencias hacinadas; intentan llevarse cuanto de aprovechable mantienen aún a su alcance. Otra cosa es que lo utilicen más tarde, pero lo llevan consigo. Un fardo de ideas, múltiples conceptos, embutidos en un continente limitado; no les hablemos de utilización inteligente, al estilo del síndrome de Diógenes se efectúa una simple acumulación, aunque aquí no se trate de basuras.

El alma BABIECA es un encanto o una pena, según se mire. Se la puede calificar de pusilánime. Aporta matices de las dos figuras anteriores, con una credulidad simplista. No son muy amigos de las deliberaciones. En su inocencia ellos no son capaces de aclarar casi nada. Sin embargo, o por eso mismo, tenden a la adhesión bobalicona. También les resulta cómodo eso del seguidismo, eluden su responsabilidad bajo la túnica con una apariencia de bondad. Olvidan que la omisión puede ser tan deleznable o más que la acción.

No pretendo dejar de lado a las honorables almas de DIOS. Su fe les lleva al mantenimiento de su paso, acompasado con la realidad que les tocó en suerte. Equilibrio complicado e inestable; por otra parte, no muy diferente del reto a que están sometidos los no creyentes. No es el sitio este para la exposición de defectos, los hay aberrantes, como valiosas virtudes. Aquí trato sencillamente de repasar las peculiares maneras de afrontar los pensamientos. Si pueden manifestarse los grados de intensidad, fuertes o débiles, serán añadiduras al núcleo básico de partida cuando afrontan su creencia en Dios. Cada persona perteneciente a este grupo dirimirá los juicios críticos necesarios para que su representación sea digna o indigna. Otro tema fuerte ... para otro día.

Aunque suene a calificativo similar, son muy diferentes y es muy importante sacar a relucir a las almas ENDIOSADAS. Uno no sabe si tomarlos como parnoicos o como sabios, pero algo chirría en sus actitudes. Costituyen una mentalidad engreída y fatua, piensan como superhombres, como ombligos orgullosos. Su pretendida grandeza resulta inabarcable, no estallan de pura casualidad. Tampoco estos se caracterizan por la aceptación de argumentaciones. No les veo otra salida que la frustración o la tontera irreversible de mantenerse en su rimbombante autovaloración.

Puestos en un plano más naturalista, mencionaré a las almas imbuídas de carácter VEGETAL; con su humanismo peculiar, se habla de raíces, sobre la belleza y clases de hojas, de las inmejorables características de los frutos, así como de las características medicinales de cada elemento. Mentes muy propensas a la valoración de cuanto elemento vegetal alcancen a vislumbrar. ¿Muy ecológicos? ¿Simple naturalismo? A primera vista no se les aprecian talantes maliciosos; lo cual no es óbice para que tampoco se les distingan cualidades demasiado favorables. Su contrapunto suele radicar en sus olvidos, ensimismados con las plantas perdieron el interés por los hombres y las mujeres como tales. Dentro de una benevolencia aparente, quizá sean de otro mundo.

Como una variente vegetal, actúan las que pudiéramos denominar almas de TRONCO; su relación reflexiva se dirige de manera exclusiva a los contactos inmediatos, sus propias ramas y sobre todo la savia que las recorre. Tienen actividad y entidad, pero sólo aplicada a sus contactos directos, los más familiares (sus desmanes y sus buenos frutos). Arraigadas en sus circunstancias particulares, permanecen muy alejadas de sus congéneres; ni se plantean verdaderos intercambios con los de fuera. Están en su "viaje" peculiar. Sus cualidades podrán abundar, pero no serán las de una convivencia satisfactoria. Otra cuestión será su carácter moral o no, debido a su aislamiento.

El alma BOHEMIA siempre ha gozado de una prensa favorable, quizá por esa simpatía derivada de saltarse las estructuras o las normas; el encanto de la transgresión y la rebeldía. Con un acierto mayor si el desorden se acompaña de unas gotas de humor o veleidades artísticas. O con una sosería rayana en la estupidez si se trata de un inconformismo vacío, de auténticos cenizos sin horizontes.

Con unos sencillos ejemplos queda muy evidente la dificultad de lograr buenos ensamblajes entre todas las personas. Nunca podremos ceñirnos en exclusiva a los factores comunes. La zarabanda admite la diferencia, admite la diversión y a su vez la seriedad. Son un reto para cada individuo. Las diferencias no debieran llevarnos al desdén; de una manera, de otras y entre todos, necesitamos acercarnos a una responsabilidad enfocada a la convivencia.

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