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Etiquetas:   Cartas a un exguerrillero   -   Sección:   Opinión

El orden universal

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 30 de octubre de 2006, 06:18 h (CET)
Querido Efraín:

No se puede perder de vista a quien es Padre y Creador de todo el mundo, ni dejar de tener puesta nuestra esperanza en la esplendidez y plenitud del don de la paz que nos ofrece. Contemplémoslo con nuestra mente y pongamos los ojos de nuestra alma en la magnitud de sus designios, sopesando qué bueno se muestra para con todas sus criaturas.

Los astros del firmamento obedecen en sus movimientos, con exactitud y orden, a las reglas que de él han recibido; el día y la noche van haciendo su camino, tal como él lo ha determinado, sin que jamás un día irrumpa sobre otro. El sol, la luna y el coro de los astros siguen las órbitas que él les ha señalado en armonía y sin trasgresión alguna. La tierra fecunda, sometiéndose a sus decretos, ofrece, según el orden de las estaciones, la subsistencia tanto a los hombres como a los animales y a todos los seres vivientes que la habitan, sin que jamás desobedezca la disposición que Dios ha fijado.

Los abismos profundos e insondables y las regiones más inescrutables obedecen también a sus leyes. La inmensidad de los mares, colocada en concavidades donde Dios la puso, nunca traspasa los límites que le fueron impuestos, sino que en todo se atiene a lo que él le ha mandado. Pues al mar dijo el Señor: Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas. Los océanos, que el hombre no puede asimilar, y aquellos otros mundos que están por encima de nosotros, obedecen también al orden del Señor.

Las diversas estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno, van sucediéndose por su orden, una tras otra. Las fuentes, manantiales y veneros que nunca se olvidan de manar y que Dios creó para el bienestar y la salud humana, hacen brotar siempre el agua necesaria para la vida de los hombres; y aún los menores animales, uniéndose en paz y concordia, van reproduciéndose y multiplicando su prole.

Así es, como, en toda la creación, el Dueño y soberano Creador del universo ha querido que reinara la paz y la concordia. Él desea el bien de todas sus criaturas y se muestra siempre magnánimo y generoso con todos los que recurren a su misericordia infinita, nuestro mayor y más gracioso merecimiento.

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA.

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