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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Pelotazo en Mestalla

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 30 de octubre de 2006, 06:18 h (CET)
Para quien lo desconozca diré que “Mestalla” es el nombre del estadio donde el Valencia SAD(Sociedad Anónima Deportiva) viene jugando al fútbol desde antes de que yo naciera. Sus terrenos en un principio quedaban alejados del centro de la ciudad pero con el paso de los años se han quedado en medio de una de las zonas más preciadas para los especuladores urbanísticos. Hace años ser presidente de un club de fútbol solía dar prestigio social pero también dolores de cabeza y alguna que otra aportación económica a las arcas del club cuando las cosas iban mal dadas. Hoy suelen ser los “aristócratas del ladrillo” los más interesados en presidir un club de fútbol y más si éste tiene la categoría de uno de los llamados “grandes”. Son muchos los negocios que se inician en los palcos VIP mientras los jugadores corren por la hierba dando pelotazos.

Mientras los hombres de corto se dedican al pelotazo futbolístico sus gerifaltes con terno y corbata van derechos hacia el pelotazo urbanístico. En el equipo que lleva el nombre de mi ciudad todo esto comenzó hace años cuando Paco Roig, un presidente populachero y campechano comenzó a comprar acciones de la Sociedad Anónima Deportiva por inteporsición de testaferros. El Tribunal Supremo declaró que los hechos eran ciertos pero que no constituían delito. También de aquella época es la ampliación del estadio que los tribunales declararon ilegal ordenando la demolición de lo levantado y que el Partido Popular que rige el Ayuntamiento valenciano se niega a ejecutar.

Aquellas acciones, pasado pocos años, pasaron a manos de Bautista Soler, conocido constructor, que pago por ellas más de veinte veces su valor de compra. Se hizo con la mayoría accionarial y colocó en la presidencia a su hijo Juan Soler, también del gremio del ladrillo. Y a partir de ahí comenzaron las maniobras para que los pelotazos no se produjeran tan sólo en el césped. Primero fue el PAI del Mas de Porxinos en Ribarroja donde el Valencia pretende hacer una ciudad deportiva y donde se prevé urbanizar 1.600.000 metros cuadrados además de construir entre 3.400 y 2.800 viviendas. El propio Juan Soler en la presentación del proyecto habló de pelotazo, y así lo debieron entender algunos concejales y familiares del PP, que gobierna en la población, ya que compraron terrenos cercanos cuando nadie conocía la revalorización que iban a sufrir.

Luego, desde la alcaldesa hasta el President Camps comenzaron a decir que Valencia necesitaba un gran estadio- ya se sabe que a estos políticos les gusta mucho la política del escaparate- y dicho y hecho. El viejo Mestalla se recalificará como suelo donde poder construir nueve torres de 16 alturas y con su venta el Valencia ganará unos 300 millones de euros. Pero como esto no parece suficiente nuestra alcaldesa y sus concejales aprueban permutar con, ya no sé si el Valencia o Juan Soler, terreno público municipal en una de las entradas de la ciudad por otros terrenos que el club cederá a cambio en otras partes de la ciudad que todavía están calificadas como huerta y en algún caso ni tan sólo son propiedad del club.

Los chicos de la gaviota han apoyado a los del murciélago- esa es la mascota del Valencia- y los del vuelo nocturno han devuelto el favor a los del ave carroñera entregándoles una perfecta y nueva arma electoral: el amor a los colores del club. Los políticos se han hartado de motejar de malos valencianos a todos aquellos que se han opuesto a sus tejemanejes y el Valencia desde un comunicado oficial lleva a sus seguidores de la mano a votar por el Partido Popular. Unos y otros han confundido el culo con las témporas intentando llevar el agua a su molino mezclando el concepto de valencianía con el de los amores a un determinado equipo pero que tengan en cuenta que esta maniobra se les puede volver en contra.

Confieso que me gusta el fútbol, durante muchos años incluso lo he practicado por el placer de pasar un rato entretenido con los amigos. Y también confieso que si gana uno de los dos equipos de mi ciudad me alegro pero mi “valencianía” va por otros caminos diferentes a los que me quieren trazar Rita, Camps, Gonzalez Pons o el señor Soler haciendo de recolector de votos. Hace ya muchos años que no acudo al viejo Mestalla, pero prometo no volver ni acudir al nuevo estadio mientras el club esté dirigido por personajes como Juan Soler. Si un día algún político de la izquierda acude al estadio del Valencia y es agredido por algunos de los bestias que suelen poblar los campos de fútbol no habrá que acudir muy lejos para encontrar al instigador, en el palco VIP estará presidiendo el partido.

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