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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos   -   Sección:   Opinión

¿Qué consecuencias, ZaPahuero?

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
lunes, 30 de octubre de 2006, 06:18 h (CET)
EL ROBO por ETA de un arsenal de pistolas y municiones en Francia tendrá "consecuencias", palabra de Zapahuero... Pero ya advirtió de inmediato, dándose cuenta de lo que había dicho, que las tendrá "en su momento".

O sea, que la palabra de ZP vale lo de siempre: lo que saben perfectamente todos los cadáveres que ha ido dejando atrás a lo largo de su carrera, desde que se levantó de su escaño de diputado silencioso durante veinte años, para seguir comprometiéndose con la nada desde entonces.

Ningún terrorista de ETA/Batasuna ha pronunciado jamás la expresión "proceso de paz", aunque el Gobierno nos mienta incluso en el nombre de lo que los terroristas llaman solamente "el proceso". Y, a veces, lo precisan adjetivándolo como "proceso de lucha por otros medios", "proceso de lucha en las calles", "proceso de diálogo"... Nunca han hablado de paz.

Violencia callejera etarra, amenazas de los presos cuando comparecen en el juzgado, excepto si es para que les rebajen la pena, chantajes en los comunicados de la banda, a la espera de que se convoque oficialmente la "mesa de partidos" que será el golpe institucional al Parlamento. .. Porque a la "mesa" se acercarán sólo los que quieran escuchar los chantajes de quien no puede acudir a los Parlamentos, porque son un grupo ilegalizado.

Y ahora, se rearman... incluso cuando nunca se han desarmado y mientras el botones Zapatero cumple las órdenes que le han dado de internacionalizar "el conflicto" en el Parlamento Europeo.

¿Consecuencias? Claro que sí las tendrá, Zapahuero. Pero para ti: algún día te será imposible seguir mintiendo. Será curioso observar cómo se justifican entonces los sesudos "informadores", columnistas y medios de "información" que ahora sirven de altavoz para lo que nunca ha tenido ni pies ni -desde luego, con ZP- tampoco cabeza.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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