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“La escritura es mi refugio, un lugar desde el que cuento las historias que siempre quise contar"

Entrevista al escritor y ganador del LX Premio Ateneo de Valladolid 2013
Herme Cerezo
viernes, 9 de mayo de 2014, 07:11 h (CET)



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Pemón Bouzas Camaño (Palmeira, 1957). Periodista y escritor. Ha trabajado en distintos medios de comunicación como la Cadena SER, la COPE, Radio Gallega y la Televisión de Galicia, realizando programas de entretenimiento y magacines. También ha dirigido y producido el rodaje de documentales. Es autor de los ensayos ‘Mitos, ritos y leyendas de Galicia’, junto con Xosé Antonio Domelo, y ‘Santiago de Compostela. ¿Y después de abrazar al santo qué?’. Como escritor de ficción ha publicado ‘El Informe Manila’, ‘Las luces del norte’ y ‘La voz del viento’ (LX Premio Ateneo de Valladolid ).

A principios del siglo XVII la villa de Cangas do Morrazo, en las Rías Baixas, se hace célebre porque varias de sus vecinas son llevadas ante el tribunal de la Santa Inquisición en Santiago de Compostela acusadas de brujería. Entre ellas se encuentra María Soliño, una mujer con hacienda y negocios que rondaba los sesenta años cuando fue juzgada. La villa de Cangas gozaba de una economía boyante basada en la pesca y el comercio, hasta que en el año 1617 sufrió un ataque de piratas berberiscos que cambió su historia. Reuniones de brujas en lascivos aquelarres en las playas, delaciones entre vecinos o abusos de poder, alimentaban sermones moralizantes desde los púlpitos y ansias justicieras en buena parte de la sociedad. María Soliño —o Soliña— se convirtió en un personaje legendario para la sociedad gallega, difuminado por el paso del tiempo y cantado por el gran poeta Celso Emilio Ferreiro. Estos son los argumentos que nutren las páginas de la novela ‘La voz del viento’ del escritor gallego Pemón Bouzas, editada por Algaida.

Con ‘La voz del viento’, Pemón Bouzas ha conseguido el LX Premio Ateneo de Valladolid, un galardón de reconocido prestigio. “Cuando me llamaron para decirme que había ganado el premio pensé que era de coña. Tenía tanta emoción que no me lo podía creer. El Ateneo de Valladolid es el segundo premio literario más antiguo de España, detrás del Nadal, y lo otorga una institución que durante muchos años fue presidida por Miguel Delibes”. Ganar un premio literario siempre es muy importante. Y lo es por varios motivos. “El dinero, por supuesto, siempre se agradece aunque no es más que un anticipo por la venta del libro, pero no puedes olvidar la difusión que otorga a tu obra, que te vuelve más leído y te anima a seguir escribiendo”.


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Pemón Bouzas lleva escribiendo desde hace muchos años. “De joven me reunía con unos amigos para escuchar música y yo aprovechaba para escribir. Para mí, la literatura es una pasión y, al mismo tiempo, una evasión. La escritura es mi refugio, un lugar desde el que cuento las historias que siempre quise contar. Empecé por el género corto, el relato breve, hasta que alguien me presentó a un editor. Tuve suerte y publiqué mi primer libro”. ‘La voz del viento’ pertenece al denominado género histórico, un territorio que le resulta particularmente atractivo a Bouzas. “La novela histórica me apasiona. Mis primeras novelas pertenecen a este género. ‘La voz del viento’ ha supuesto un salto cualitativo, en ella hablo de la vida en Cangas de Morrazo durante el siglo XVII, que entonces era una villa más importante que Vigo, mezclada con mitos y tradiciones”. Sin embargo, Pemón se llevó una sorpresa mientras investigaba para documentar la novela que le condujo a un pequeño cambio de rumbo. “Un grupo de profesores de la Universidad de Santiago de Compostela me advirtió que lo que había ocurrido en Cangas tal vez tuviera mucho que ver con un ataque de los piratas berberiscos, que asoló la ciudad y propició la venta de más del cuarenta por ciento de su población como esclavos”. Y, claro, en estas situaciones de río revuelto, siempre hay alguien que saca buena tajada y se beneficia. “Los nobles huyeron pensando que sus tierras las defenderían otros y, cuando amainó el temporal, regresaron para comenzar una etapa de acusaciones contra gente rica venida a menos, pequeños propietarios y cuatro brujas a los que se atribuyó todos los males. El objetivo era claro: apoderarse de sus tierras y viñedos, y se produjo un fenómeno de corrupción y cohecho muy grande en el interior de algunas instituciones, igual que ocurre ahora”. Y como toda novela histórica, ‘La voz del viento’ mezcla un porcentaje de ficción y de realidad. “Los datos históricos pertenecen a las actas de la Inquisición que he leído. Incluso algunos de los nombres de los fallecidos que aparecen en el texto son ciertos. El ambiente de la época lo construí apoyándome en los textos que me recomendaron en Santiago. Gracias a ellos pude fijar las relaciones que existían entre los tres estamentos sociales de entonces: pueblo llano, iglesia y nobleza, y me di cuenta de que la imagen que tenemos de la nobleza no es cierta. Siempre pensamos que los nobles no le daban un palo al agua, pero eso no es verdad porque, aunque no trabajaban con sus propias manos, explotaban los mayores negocios de la época”.

Galicia es el escenario de ‘La voz del viento’. Galicia territorio mágico. Inevitablemente surgen las brujas y siempre se ha dicho que haberlas haylas. “Los gallegos diferenciamos entre meigas buenas, que son las que recomponían articulaciones y fracturas, preparaban ungüentos e incluso curaban los males del alma, y las bruxas malas, adoradoras de Satán, a las que se acudía para, mediante pago, enviar malos espíritus o mal de ojo a determinadas personas a las que deseaban hacer daño”. Y estos seres, a caballo entre la realidad y la leyenda, mantienen hoy su vigencia. “Las curanderas perviven por toda la geografía española. Las otras existen en una versión distinta, influenciada por corrientes africanas. Y a nivel popular continúan teniendo aceptación. Lo podemos ver en las procesiones, actos en los que la gente pasea al santo y le venera, pero después efectúa el ritual pagano y visita las piedras. Y es que hay que pagar tributo a Dios y al Diablo”.


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Pemón Bouzas rinde homenaje en la novela a un personaje muy conocido en Galicia: María Soliño. “Me interesaba hablar de lo universal partiendo de lo particular, de lo local. Las grandes novelas de la literatura han contado aquello que ocurre en una esquina del mundo y yo quería hablar de María Soliño y del entorno. Sus valores individuales, en el fondo, son universales y su historia ocurrió en Galicia, pero pudo pasar en cualquier otro lugar del mundo”. Fue una mujer legendaria, que tenía sesenta años cuando se le acusó de brujería. La juzgaron los tribunales de la Inquisición de Santiago de Compostela. “Los acontecimientos de Cangas la convirtieron en una víctima y pasó de ser una mujer emprendedora y empresaria, a ser acusada de brujería, de tratos con el diablo y participación en aquelarres. El tiempo la convirtió en paradigma de la resistencia de una mujer inocente ante la autoridad inquisitorial”.

Otro de los personajes fundamentales de ‘La voz del viento’ es Vicente Refoxos, un familiar de la Inquisición, arrepentido, que narra la acción a través de su diario. La Inquisición es una institución de la que todos hemos oído hablar, pero cuya terminología no dominamos bien. “Un familiar de la Inquisición era como un policía de aduanas. Solían estar en las localidades importantes, sobre todo si eran zonas portuarias, y normalmente eran dos, aunque en ciudades muy grandes podían llegar a tres”. La importancia de la Inquisición en la España de aquellos años era muy grande porque no se limitaba únicamente a tratar de asuntos religiosos. “La Inquisición era como el FBI de la Corona, puesto que el rey, no el papa, era quien designaba al Inquisidor General. Ponían por delante la cruz, pero vigilaban el contrabando, que era muy importante y estaba dirigido por los nobles, y controlaban la presencia de espías franceses, ingleses u holandeses en nuestro país, especialmente en tiempos de guerra”.
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