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Moscú se opone a resolver a mano dura el problema nuclear norcoreano

Piotr Goncharov
Redacción
lunes, 30 de octubre de 2006, 06:18 h (CET)
“Hemos invitado a Corea del Norte a dar muestras de la máxima moderación y retornar a la mesa de negociaciones. Es importante que todos los participantes de las negociaciones a seis mantengan la misma postura y se abstengan de dar pasos que puedan inflamar la situación”, manifestó el pasado 24 de octubre el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov.

No cabe la menor duda de que Moscú se opondrá a adoptar cualesquiera medidas drásticas para resolver el problema nuclear en la península de Corea, agravado por la reciente prueba realizada por Pyongyang. Igual que antes, Moscú da prioridad a la reanudación de las negociaciones a seis con la participación de Corea del Norte, EE.UU., Rusia, China, Corea del Sur y Japón. Pero aun mejor sería que se entablaran negociaciones directas entre EE.UU. y Corea del Norte.

Tal postura se sustenta en el enfoque dado por Moscú a las causas del agravamiento de la situación en la península de Corea y a la lógica del desarrollo de esta situación.

En Moscú opinan que el agravamiento del problema nuclear norcoreano fue provocado por las acusaciones de enriquecer uranio, lanzadas en octubre de 2002 por EE.UU. contra Corea del Norte. En aquella ocasión, Washington no adujo pruebas algunas. Cuando EE.UU. suspendió la construcción en Corea del Norte de dos reactores nucleares de agua ligera, infringiendo de este modo su acuerdo marco con este país, las autoridades de Pyongyang no tardaron en anunciar oficialmente su retirada del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Los sucesos acaecidos después son harto conocidos.

La situación configurada en otoño de 2002 era susceptible de remediar. Con tal objetivo, en agosto de 2003, en Pekín fueron convocadas las arriba mencionadas negociaciones a seis. Pasados años, los participantes lograron concordar y emitir una Declaración conjunta cuyas cláusulas más importantes eran el compromiso de Corea del Norte de renunciar al arma nuclear y volver a adherirse al Tratado de No Proliferación y a acatar las decisiones de la AIEA; EE.UU., por su parte, se mostró dispuesto a normalizar las relaciones con Corea del Norte y discutir en los plazos aceptables el tema de transferir a este país el reactor de agua ligera, causante del lío.

También se suponía que una vez emitida la Declaración conjunta, las partes procederían a elaborar medidas consecuentes e interrelacionadas con vistas a arreglar la crisis, o sea, a cumplir las estipulaciones contenidas en la Declaración. Pero el destino dispuso de otra forma, y los acontecimientos tomaron un cariz absolutamente distinto.

Washington de hecho infringió el principio acordado durante las negociaciones de Pekín: “promesa a cambio de promesa, acción a cambio de acción”. Ya en septiembre de 2005, EE.UU. promovió la adopción de medidas restrictivas respecto a las cuentas bancarias norcoreanas en el banco Delta Asia (Macao) con el pretexto de una supuesta implicación de Corea del Norte en el blanqueo de dinero obtenido de las exportaciones de misiles, así como en la fabricación de dólares falsos y de artículos falseados. Aunque hasta ahora estas acusaciones no han sido confirmadas, nada indica que EE.UU. se proponga anular las restricciones financieras con respecto a Corea del Norte. Todo lo contrario, las evidencias apuntan a que estas restricciones serán recrudecidas y ampliadas.

A raíz de la prueba nuclear realizada por Corea del Norte, Washington se esmera por conseguir que también otros países apliquen medidas restrictivas contra Corea del Norte, alegando que los recursos financieros obtenidos por Pyongyang de las “operaciones ilícitas” pueden ser colocados en cualquier país y no sólo en Macao. Japón y Australia ya anunciaron haber decretado sanciones unilaterales contra Corea del Norte.

Como es lógico, la reacción de Corea del Norte a tales políticas es sumamente negativa. Las autoridades de Pyongyang las interpretan como intento de establecer bloque económico-financiero al objeto de “asfixiar” el régimen norcoreano y apartarlo luego del poder. Hablando en rigor, las ostensibles pruebas misilísticas en julio y el reciente ensayo nuclear realizados fueron una singular reacción de Pyongyang a las crecientes presiones por parte de EE.UU.

No sólo cargos oficiales sino también muchos expertos independientes rusos destacan que el desarrollo negativo de la situación en torno al problema nuclear norcoreano fue en buena medida provocado por los pasos de Washington arriba mencionados.

En particular, Mijaíl Titarenko, director del Instituto del Lejano Oriente (Academia de Ciencia de Rusia), opina que Corea del Norte se vio acorralada debido en mucho a la política aplicada por EE.UU., y ahora hay que ofrecerle una posibilidad de abandonar dignamente la posición extrema”.

A rasgos generales, una fuente autorizada en Moscú ha comentado en estos términos la postura rusa.

Rusia ha condenado inequívocamente la prueba nuclear norcoreana que socavó el régimen internacional de no proliferación y ha exigido que Pyongyang vuelva a adherirse sin demora al Tratado de No Proliferación y adopte medidas urgentes para reanudar las negociaciones a seis. Conserva su actualidad también la idea de celebrar contactos norteamericano-norcoreanos para dirimir las contradicciones existentes entre ambos países.

Rusia mantiene esta postura también en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero al propio tiempo parte de que en la situación configurada, importa continuar aplicando esfuerzos que puedan mover a Pyongyang a aplicar una conducta más prudente.

En cooperación con todas las partes concernidas, Rusia hará todo a su alcance para descartar la variante pésima de desarrollo de los sucesos y contribuir a la reanudación del proceso negociador.

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Piotr Goncharov, para RIA Novosti.


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