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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La traidora cocaína

Francisco Arias Solís
Redacción
lunes, 30 de octubre de 2006, 06:18 h (CET)
“¡Ay del galán sin fortuna
que ronda a la luna bella;
de cuantos caen en la luna,
de cuantos se marchan a ella.”


Antonio Machado

La llamada reina de la noche es blanca como la nieve, siniestra y mentirosa, y tal vez la más traidora de todas las drogas. Al principio, su consumo estaba reservado a las “elites”, a las personas pudientes; sin embargo, su uso se ha extendido de tal modo, que las consecuencias son escalofriantes. La tasa de mortalidad entre los cocainómanos ha aumentado en un 300%; esta cifra está en relación directa con el incremento del número de adictos.

Si bien en nuestro país todavía nos disponemos de estadísticas actualizadas, según el Plan Nacional de Drogas, conforme disminuye el número de heroinómanos, aumenta la cantidad de personas atrapadas en las redes de la cocaína. Por otro lado, se considera que cualquier persona que prueba la coca está expuesta al riesgo de engancharse.

Últimamente se ha puesto de manifiesto, el aumento dramático del número de mujeres que abusan de la cocaína. Atrapadas por el “síndrome de la supermujer”, muchas de ellas pretenden ser tan eficaces en el cuidado de los hijos como en el plano profesional.

Resulta llamativo, pero los efectos euforizantes de la cocaína desaparecen varias horas antes de que su concentración en sangre se haya reducido a cero; la engañosa sensación de confianza y omnipotencia dura unos pocos minutos: como máximo, unos diez. En cuanto se ve privado de su paraíso artificial el adicto necesita repetir la dosis. Si no lo logra todo lo que le rodea se transforma en un infierno: malhumorado, irritable, nervioso y falto de energía, intenta dormir, sin embargo, el insomnio gana y le juega más de una mala pasada.

Al efecto euforizante le sigue un estado de ansiedad y depresión conocido con el nombre de crash. A medida que el consumo de cocaína se cronifica estos efectos residuales se vuelven cada vez más intensos y duraderos, de modo que no resulta nada raro que, a la larga e inevitablemente, el cocainómano caiga en un estado psíquico similar al que puede observarse en el delirium tremens del alcohólico. Por lo general, las muertes por sobredosis se deben a la fibrilación ventricular y a la parada cardiaca.

Los trastornos psiquiátricos (depresión, irritabilidad, sensación de soledad y paranoia) se producen antes en el consumidor de crack que entre las personas que esnifan la cocaína . Por otra parte, el síndrome de abstinencia, también son más intensos en el primer grupo.

Debido a las características de la “subida” de la coca, que en pocos minutos requiere otra dosis, el adicto que sólo pretende reducir el consumo está condenado al fracaso. En consecuencia, la primera condición para desengancharse de la coca es la abstinencia total y permanente.

Según el testimonio de muchos ex adictos, la asistencia a un grupo de Narcóticos Anónimos constituye una ayuda de valor inestimable para romper con la traidora cocaína y encarar una nueva vida. Y es que, como dijo el poeta: “Los astros humanos / al parecer no han muerto. / Una estrella invisible / se ha encendido en el cielo”.

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