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Etiquetas:   Crítica   -   Sección:   Revista-teatro

Sin noticias de Gurb

Pepa Ortiz Moreno
Redacción
viernes, 27 de octubre de 2006, 11:38 h (CET)
Rosa Novell protagoniza en el LLiure una lectura dramatizada de “ Sin noticias de Gurb” de Mendoza.

¿Sabe un espectador lo que es y no es teatro?

La lectura dramatizada por Rosa Novell de “Sin noticias de Gurb” de Mendoza, llama a hacerse tal pregunta. Ni siquiera la lluvia impidió que en el Lliure se congregaran los del gremio. Teatro y literatura se daban la mano en los pasillos ansiando que el espectáculo comenzara. Y quien se había atrevido a pagar su pase, estaba dispuesto a arriesgar. Un tierno Mendoza se frotaba las manos, para ver a Rosa Novell, como había recortado, a tijeretazos su relato, del despistado alienígena de la Barcelona preolímpica.

Rosa Novell estaría entre bambalinas, entregada a esa lectura de la que ya intuía los primeros riesgos.

Una apuesta arriesgada, apoyada por Àlex Rigola, que había sacado su sofá del despacho para decorar la lectura. A este gesto se unió, el de Rosa Novell, quién también sacó de su casa, una lámpara. Tales amuletos pretendían decorar y dar suerte a esta apuesta tan arriesgada.

Una vez en el escenario, la suerte estaba echada. Eugeni Roig, músico que trabaja en las creaciones de Àlex Rigola y Carlota Subirós acompañaba a Rosa Novell a golpe de teclado portátil del que destilaban sonidos que, no pretendían ambientar el caos de la travesía del alienígena, la Barcelona repleta de socavones y obras, sino más bien señalar la lectura, para que, Rosa Novell no se perdiera. Como también ocurría con los otros elementos de apoyo en forma de reloj digital en el que el espectador visualizaba las horas en las que el alienígena buscaba a Gurb, así como, una pizarra casera, en la que, Rosa Novell anotaba con tiza de maestra, los días, en los que, el alienígena rondó por nuestra tierra. El espectador entró en la confusión de confundir a Rosa Novell, pues sus brazos se levantaban al aire como un Director de Orquesta para mandar señales a los que controlan el sonido y siguieran su lectura sin desentonar. Y desentonan, dejando apagada la voz de Rosa Novell en tres ocasiones y lo salvó, haciendo uso de sus tablas en el escenario, para no venirse abajo, cuando, su voz, no salía a través de los altavoces.

Jugar en el Teatro es alzar palabras al aire, materializarlas en un torneo verbal en el que estamos obligados a expresar, a entender sentimientos y necesidades. Y el trabajo actoral parte de la idea profunda, de la fusión con el personaje.

Quien se atreva a pagar su pase se va a preguntar muchas cosas.
¿No es el gran teatro del mundo el que debe sustentar palabras accionadas que constituyen la vida?

La lectura dramatizada por Rosa Novell no cumple con la transmisión de ironía, ese lenguaje trágico de la obra de Mendoza donde, el alienígena es el personaje circunstancial de 1990 un hombre perdido en la Barcelona de 1990. La voz del narrador no transmite la memoria de esa época, le falta credibilidad. Se entiende que, por no teatralizar en exceso, tratándose de una lectura, se haya convertido en superficial.
Daba igual si Rosa era ella o el alienígena, transformado en Ortega y Gasset al que encarcelaban por beber y correrse juergas, en exceso, porque, todo pasaba con el handicap de la temporalidad y la visualidad de las escenas.

Al espectador le hubiera gustado sentir al alienígena despistado, que aterriza en la Barcelona del 1990 y visualizar su travesía caótica. Se entiende el tono proclive a la risa fácil pero para el espectador que no se ha leído el libro todo transcurría muy rápido. El espectador hubiera preferido el tono de la memoria que evoca e invita a la reflexión Un tono que permanece grabado en la retina del espectador y hace que baje las escaleras del Teatro temblequeándole las piernas.

Mendoza subió al escenario acompañado de Rosa Novell y Eugeni Roig y el espectador aplaudió desde su butaca preguntándose porque no se había emocionado ya que la apuesta era maravillosa, una fusión de teatro y literatura que a veces se pierde y por la que se debería apostar.

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