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Etiquetas:   Crítica de teatro   -   Sección:   Revista-teatro

“Los productores”, el éxito de Broadway versión española

Luciano Sabatini
Luciano Sabatini
martes, 31 de octubre de 2006, 23:00 h (CET)
En 1998 el productor y director de cine Mel Brooks recibía en su despache de los estudios Culver, en Los Ángeles una llamada de teléfono que iba a cambiar el panorama de los musicales de Broadway. Se trataba de David Geffen, editor de discos y productor teatral y cinematográfico que había fundado junto a Steven Spielberg y Jeffrey Katzenberg la productora Dream Works SKG. Él fue quien le propuso al bueno de Mel adaptar al género musical aquella vieja y no demasiado aplaudida película que Brooks había dirigido en 1969, y con la que llegó a ganar un Oscar, “Los productores”.




El espectáculo 'Los Productores'.

Broadway acogería tres años después “The producers”, un musical fuera de lo común que pronto se convertiría en un fenómeno social de la ciudad de Nueva York. En su versión original, la obra tenía como protagonistas a Nathan Lane y Matthew Broderick, que en la versión española han sido interpretados por Santiago Segura y José Mota, una de las mitades de cruz y raya. El éxito del musical fue tal que desde su estreno en 2001 se han representado más de 2.300 funciones, y comprar una entrada es más que un ejercicio de paciencia, pues debemos hacerlo con un año de antelación.

La adaptación se ha hecho con cuidado y mesura, pues por delante estaba la difícil tarea de convertir al español el musical que más premios Toni ha ganado, un total de 12. Santiago segura a pasado un año dando clases de canto, para afrontar con garantías las 19 melodías que bañan la obra. “Yo jamás había trabajado tanto”, confiesa el propio Santiago, que ha tenido que convertirse en casi un cantante profesional, “es lo que hay que ser. En Estados Unidos, la formación de los actores es múltiple: actúan, cantan y bailan. Yo puedo ser el rey del karaoke o el rey de cantar en la ducha. La suerte es que siempre he tenido mucho oído, y en ese sentido no ha sido tan complicado. Pero le guardo mucho respeto al público, y al que paga la entrada para ver esta función hay que darle lo mejor. Y yo les aseguro que este espectáculo está a la altura de Broadway con mucho esfuerzo”. El trabajo de José Mota ha sido igualmente sufrido: “Leo Bloom. es uno de los personajes con más trayectoria de todo el musical, y la verdad que lo afronto con mucho respeto”. Esta es la oportunidad de Mota para demostrar su capacidad para componer un personaje más allá de los sketches a los que está acostumbrado en televisión. El compromiso con la obra será muy fuerte, puesto que se representará todos los días excepto los lunes y los sábados en doble función. “Podré compaginarlo con mi trabajo en Cruz y Raya, de todas formas, Juan, mi compañero, y yo siempre hemos tenido en el dúo una actitud de mucho respeto por las cosas que hacemos en solitario. El 60% del trabajo con el que nos habíamos comprometido con TVE ya está grabado, y utilizaré las mañanas y los lunes para grabar esas partes que necesitan estar más pegadas a la actualidad. Y también haremos el especial de Nochevieja”. Eso sí, quiere dejar claro que afronta este trabajo con toda la humildad del mundo, y espera que no haya comparaciones con Matthew Broderick. “Yo me lo he tomado con la mayor honestidad posible”, afirma Mota.

El argumento no puede ser más entretenido. El escenario del teatro se transforma en el Manhattan de finales de los cincuenta, donde tiene lugar la chiflada narración. Max Bialystock es un afamado director de teatro que acaba de tener un estrepitoso fracaso con su última obra, y para mayor lamento le cae una inspección de sus libros de contabilidad. Su triste contable, Leo Bloom (que coge el nombre del protagonista del Ulises, de James Joyce), descubre que sería posible ganar más dinero con un obra que sea un fracaso que con un verdadero éxito, pidiendo a los inversores una cantidad que nunca se invertirá y no teniendo que pagar nada al no generar ganancias. La maquiavélica mente de Bialystock se pone en marcha arrastrando así al noble Bloom que sueña con ser productor de un musical de Broadway. Para asegurar el fiasco los dos emprenden una carrera para escoger el peor guión, el peor director y los peores actores. La historia elegida en una alegoría a Hitler escrita por un alemán pro-nazi afincado en la gran manzana, el director un pijo y excéntrico gay, y la actriz principal Ulla, una sueca alta, rubia y despampanante que acaba enamorándose de uno de nuestros protagonistas. La combinación de ingredientes parecería la ideal para el fracaso, pero las casualidades del destino hacen que la obra sea un auténtico éxito. Max y Bloom están condenados, y más cuando sus libros de contabilidad acaban en manos de la policía. Pero será la amistad la que marque el destino de ambos personajes, y nos dé la sorpresa final.

El director de operaciones, encargado de hacer que las piezas encajen en la versión española igual de bien que lo hicieron en su versión original es un joven estadounidense llamado BT McNicholl, que ya se ocupara de la dirección de Cabaret en España. La compañía Stage Entertaiment está detrás de la producción, lo que aporta seguridad al proyecto, ya que con los mejores en este campo, han montado ya en Madrid la propia Cabaret, Mamma Mia!, El fantasma de la ópera, Cats y Rent, y ha invertido la friolera de seis millones de euros para su preparación.

Las alabanzas de la crítica internacional a la versión original de “The producers”, presumen el éxito que el musical tendría antes incluso de su estreno. El New York Times ha tildado la obra como “un espectáculo tan ridículo que le hará delirar”, mientrasy el escritor Vargas Llosa lo definió como “Un verdadero aquelarre de felicidad histriónica en el que los decorados y los vestuarios se suceden a un ritmo delirante, creando la ilusión de un mundo desmesurado y grotesco donde nada es estable ni respetable ni temible”. El sello Segura y la buena labor de José Mota ponen el resto para hacer de “Los productores” un fijo en las agendas de todo buen aficionado al género musical, y por qué no, del que no lo es tanto.

“Los Productores” en números
En escena se ponen en juego un total de 280 trajes, 150 tocados y sombreros, 120 pares de zapatos, más de 1.000 metros de tela utilizada para confeccionar el vestuario, 20 decorados y 27 cambios de escena. La obra cuenta con 96 proyectores móviles, 180 proyectores de luz convencional, 9.000 bombillas y una orquesta de 19 músicos en el foso, un elenco instrumental digno de Broadway en el teatro Coliseum de la Gran Vía de Madrid.

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