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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

El cuento de la buena pipa, con pistolas

Pascual Falces
Pascual Falces
viernes, 27 de octubre de 2006, 02:26 h (CET)
Lo recordarán; era cuando a un niño, una persona mayor, le preguntaba si quería que se lo contase (el cuento de la buena pipa). Al contestar alborozado con un rotundo ¡Síiiii!, el mayor respondía “quedándose” con él (como se diría ahora): “No te he dicho que digas Síiiii, sino que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa”. El niño, viendo que se divertían con él, respondía esta vez: “No”. Pero, no terminaba ahí, sino que se le hacía reflexionar, para mayor burla: “No te digo que digas que no, sino que si quieres que te cuente el cuento...” Así una y otra vez hasta que el niño terminaba llorando o enojado por no poder escuchar ese cuento y darse cuenta de que se habían reído de él.

Algo así sucede con las informaciones de política que le llegan al natural ciudadano a través de los medios. Si, en principio, receló de lo escuchado o leído, al rato de después oirá comentarios a favor o en contra de gente que le merece atención, al menos por hablar en voz alta, o por escribir lo que piensa en medios con apariencia de serios. Unos son “famosos” –lo que opinan quienes no les conocen-, y otros, tienen “prestigio”, según cuentan quienes les han tratado. Desgraciadamente, los primeros son los más frecuentes.

¿Qué lector cree capaz a la criminal banda vasca de robar, un día antes de su “puesta de largo” como ente de diálogo en el Parlamento Europeo, un puñado de pistolas –treinta-, que caben en el maletero de un coche? Además, dejando huellas inequívocas, como los grilletes robados tiempo atrás a un “gendarme”, o abandonando los coches utilizados en las cercanías, y haciendo ostentación de su acento español. Si, de verdad, ha sido obra de los etarras, más que criminales y asesinos, como les ha calificado multitud de Tribunales, parecen ser una banda de peligrosos incapaces y disminuidos, con perdón para los que lo son con auténticos motivos.

También pudiera ser que la mencionada banda no sea tal, es decir, lo que se conoce por un monolítico grupo rufianes armados, sino un desmadre de gente bronca y asesina. Unos -por la razón que sea-, se entrevistan con el Gobierno y concurren a Bruselas, y otros, hace la guerra por su cuenta, dejando constancia de sus fechorías. Pero, ocurre como con las sociedades secretas del carácter que sean, que, en razón de no saberse quienes son, ni qué hacen con certeza, se les puede atribuir todo, incluso, como se dice con el ingenio de comentaristas: “De la muerte de Manolete”. Tal vez, el mihura “Islero” que le empitonó era un subordinado de nunca se supo quien.

De cualquier modo que se vea, no deja de ser una “trampa” semejante forma de actuar. ¿Qué continuidad se puede establecer entre los gestos con la mano asemejando un arma de fuego detrás del blindaje del banquillo de los acusados -o dando coces contra él-, los destrozos callejeros, o la fatídica carta de extorsión con un inconfundible, pero imitable, sello? Con ese facineroso y fantasmal ropaje, se puede hacer de todo, pero nada bueno. Aunque la gente “avispada”, dispuestas a conservar lo suyo “como sea”, midiendo el alcance tal forma de actuar de alguna manera se han “entendido” con ellos, y, para encubrir tan infame comportamiento recurren al “cuento”, bien el socorrido “chino”, o el arriba mencionado. Menos mal que el ciudadano es más inteligente de lo que creen, y no traga cuentos; oye y ve, y deduce, porque tiene oídos, vista y razón, y tiempo para perderlo en su afán de estar informado. Por cierto, ¿han adivinado el candidato del Gobierno para alcalde de Madrid?... no puede ser otro que el mismísimo Gallardón, del PP. Otro “cuento” sobre un cómodo y desconocido contrincante que han puesto como señuelo de distracción. Cada día, a fuerza de sentirse mofado, el ciudadano, como el niño del de “la buena pipa”, ya no se sorprende, y distingue quien de verdad intenta distraerle honradamente.

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