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Etiquetas:   ¿Es sólo un deporte?   -   Sección:  

La armada vencible

Miguel Cañigral
Miguel Cañigral
@mcanigral
miércoles, 25 de octubre de 2006, 20:18 h (CET)
No hace mucho tiempo existían unos hombres a los que se creía invencibles. Se trataba de jóvenes tenistas con mucha fuerza y coraje. A cada torneo al que asistían, el resto de participantes temía encontrarse con alguna de ellos y tal era su poderío que copaban los primeros puestos de todos los grandes torneos.

Entonces llegó un hombre, bajado de los Alpes suizos, y luchó contra los españoles, contra los argentinos y contra todo aquél que se le puso por delante. El elegante suizo se fue dando a conocer y por todo el mundo se contaron sus hazañas sobre sus triunfos en EEUU, Londres o Australia. Pero a Federer todavía le quedaba un lugar por conquistar, una tierra dónde dominaba ese grupo de jóvenes españoles nacidos para ser invencibles y continuar la tradición de sus antecesores.

Rafa Nadal era el director de ceremonias de la denominada “armada invencible”. Él era la esperanza de todos los españoles ya que cuando todo parecía acabado siempre renacía para devolver la victoria a la armada. Mientras tanto, sus compañeros, Robredo, Ferrrero, Ferrer, Verdasco, Feliciano y muchos más, se enfrentaban a magníficos profesionales de la raqueta cuya intención era conquistar territorio español.

Con el tiempo, Nadal y Federer comenzaron a luchar con raqueta en mano en cada vez más torneos, sus batallas eran épicas, las más admiradas de la época y las más disputadas de la historia. Cada uno mantenía su tierra y no dejaba que el otro le robase parte de su terreno.

Y así siguió siendo, hasta que los españoles invitaron al resto del mundo a admirar, en uno de los mejores torneos que jamás haya existido, a su “armada invencible”. La intención era dejar claro a los adversarios cual era el terreno que no debían cruzar bajo ningún concepto. Desgraciadamente, el plan no salió como esperaban, los bravos españoles fueron cayendo sin ofrecer resistencia hasta quedar tan sólo el mejor de ellos, el único capaz de plantar cara al suizo dueño del mundo. Pero Nadal no triunfó, Federer se alzó con una victoria fácil ante el propio asombro del grupo de españoles. El suizo golpeó con autoridad y reivindicó su deseo de continuar ganando torneos a una armada que hizo aguas en su hogar y decepcionó a toda su afición.

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