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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

'Guerra a la luz de las velas', de Daniel Alarcón

Gabriel Ruiz-Ortega
Gabriel Ruiz-Ortega
domingo, 15 de abril de 2007, 09:16 h (CET)
Algunos de los cuentos de este volumen han aparecido en revistas de importancia y estirpe como The New Yorker. El ascenso literario que Alarcón ha experimentado con su primer libro ha sido vertiginoso. War by Candlelight (Guerra a la luz de las velas) es un conjunto marcado por el desarraigo, la búsqueda interior y buenas dosis de ternura.

Estamos ante once relatos irregulares que denotan la destreza narrativa que Alarcón exhibe. Esta destreza descansa en un conocimiento cabal de las técnicas narrativas, no por nada Alarcón se ha nutrido de la que quizá sea la literatura más fecunda del siglo XX: la norteamericana. En los mejores cuentos se deja notar la influencia de Faulkner, técnicamente hablando.

En el cuento Ciudad de payasos vemos a un joven periodista que se disfraza de payaso para escribir y cumplir con un artículo periodístico; en plenas peripecias Óscar, el protagonista, recuerda su pasado, es abordado por sus complejos de clase y no puede zafarse del recuerdo de cuando tuvo que ayudar a su padre cuando este se disponía a robar las casas de sus compañeros de colegio. Óscar era un muchacho de clase baja que debido a sus buenas calificaciones escolares se le otorgó una beca para estudiar en uno de los colegios más elitistas de Lima. Este mundo que Óscar no conocía le permite saber lo que es el racismo y el abuso, razones más que suficientes como para germinar y cimentar un resentimiento con el que él ha luchado desde siempre. Óscar, ya disfrazado de payaso, se reencuentra con el mundo por el que se movía de niño y al que se resiste reasimilar. Son varios los méritos de este relato, por un lado tenemos el buen juego temporal, y por otro lado, la cuota de ternura que no cae jamás en la cursilería. Este cuento es de por sí especial en la corta carrera de Alarcón, el mismo apareció en The New Yorker bajo el nombre de City of Clowns, y el que le sirvió como carta de presentación ante una editorial como Harper Collins. Ni más ni menos.

Desde hace un tiempo se está hablando de uno de los tantos futuros de la novela, no es nada extraño entonces que en un mundo cada vez más multicultural la inmigración sea uno de esos temas. El error radica en hacer pasar este tópico como nuevo, lo cual nos lleva a estar alertas con las modas preparadas por las grandes editoriales, es por ello, que siempre es bueno reflexionar con responsabilidad y darnos cuenta de que esta no es una tendencia nueva. Tenemos a los ingleses Kazuo Ishiguro, Hanif Kureishi y Salman Rushdie como la mejor muestra de ficción escrita por hijos de inmigrantes, y digamos que estos tres narradores no son nuevos en el asunto.

En Guerra a la luz de las velas, el relato que da título al volumen, nos encontramos con la mejor historia. Fernando es un militante terrorista que mientras está en vías de cumplir su misión recuerda los episodios más aciagos de su vida. De por sí, este cuento tiene una de las frases que quedará en el recuerdo: “Su madre murió. Lima aceptó su tristeza y le regaló un mes de días nublados.” Solo los que trabajan el talento tienen esta capacidad de generar imágenes y sensaciones en pocas y secas palabras.

Quizá una de las fallas de este volumen descansa en la falta de una mayor introspección de los personajes, pero esto se deja ver más que nada en los relatos añadidos que no aparecieron en la edición primigenia. La miseria clásica de los habitantes de los Andes adolece de mayor trabajo, puesto que no es verosímil, pero Alarcón, conciente de esto, sabe suplirlo bien con la creación de una atmósfera que termina haciendo que los cuentos sean de por sí más que interesantes.

En líneas generales, no hay pierde con este libro. La irregularidad señalada está suscrita en el terreno de la ambición, y ello, vale. Dicen los entendidos en cuento –el género más difícil de abordar- que un libro de relatos es memorable cuando tiene un cuento extraordinario; bueno, Guerra a la luz de las velas no tiene un cuento extraordinario, tiene cinco. Un gol desde el medio campo para Alfaguara, que pese a los filtros de traducción, editó un libro que no deja indiferente y que es de por sí la mejor carta de presentación en el debut del autor.

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