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Opinión

Etiquetas:   Pensatientos de un hombre o medio   -   Sección:   Opinión

Política de peluquería

Sandra García Nieto

jueves, 26 de octubre de 2006, 02:27 h (CET)
Mi mujer me propuso acompañarle el Sábado a la peluquería. No me parecía el chollo de mi vida pero las otras dos opciones que tenía eran ordenar el garaje o hacer la compra en Carrefour, así que decidí acompañarla. Al menos allí no tendría que hacer nada. Nunca había estado en una peluquería de señoras. A mí siempre me ha pelado Sebastián, el barbero. Y verdaderamente reconozco que eso es otro mundo. Nada más entrar el panorama era: no sé como definirlo… varias mujeres con papel de plata en el pelo, o unos rulos muy raros que al parecer se llaman bigudíes, o unos pringues pastosos de color verde estaban sentadas en fila mientras otras vestidas todas de negro manejaban unos secadores con más garbo que Jonh Waine las pistolas y todo eso sin dejar de hablar de cualquier cosa: que si la sal es muy mala en las comidas, que si lo mejor es andar media hora, que el pelo se reseca mucho con el sol…

La verdad, no sé por qué me sentí igual que cuando veo una película de Star Ward. O sea, no entendía nada. Opté por sentarme en un sillón mientras a mi mujer le colocaban una bata y unos plásticos también muy raros. Entonces las mujeres comenzaron a hablar de un tema que todas sin excepción parecían conocer al dedillo. El caso Malaya. Que por otra parte, no sé porqué diablos ha recibido este nombre, ¿no habría sido más lógico llamarlo “El caso Marbella”? Claro que esto suena un poco a “Torrente”. Aunque la verdad es que sus protagonistas en nada tienen que envidiar a los actores. Yo diría que incluso los superan. El caso es que todas las mujeres dominaban términos jurídicos del caso mejor que el propio Garzón y hablaban y hablaban de maletines que iban y venían, de sentencias, de implicados, de dinero negro, de corrupción.

Por un momento me sentí bien. Para que luego digan que a las mujeres no les interesa la política. Y entonces decidí incorporarme a la conversación e introduje el “Caso Gescartera”. Y entonces se hizo un gran silencio. Como mucho creo recordar que alguien dijo un simple: “Es una vergüenza”. ¿El qué exactamente, el qué es una vergüenza, señora? Pero inmediatamente después alguien rompió el hielo y volvieron con el “Caso Malaya”. Pensé: ¿cómo es posible? Entonces miré encima de una mesita y en una revista inundando la portada pude ver a una famosa tonadillera. El titular decía así: Isabel Pantoja, muy preocupada por la salud de Julián. ¡Ah, claro! ¡Comprendo!. Es que en el “Caso Gescartera” sólo hay familias de políticos y religiosos que ya se han encargado de no hacerse para nada famosos. Me callé y permanecí un tiempo escuchando consejos sobre ¿cómo adelgazar?, lo que se lleva este año o el programa de Ana Rosa. Y ya aburrido porque mi mujer seguía con los plásticos sobre la cabeza un extraño impulso me llevó a coger la revista. Nunca había leído una de éstas. La revista me sorprendió aún más que la peluquería. A parte de la noticia de la Pantoja, que es increíble como un tipo que se ha hecho hace poco el camino del Rocío andando y con su mejor sonrisa ahora diga que no puede ni andar, ¿tendrá algo que ver la cárcel?, pero descubro noticias tan insólitas como: La princesa Leticia hace sus primeros trabajos en solitario. ¡Un momento! ¿Cómo que los primeros? Que yo sepa esta era la chica que muy resueltamente se buscó la vida y presentó el telediario solita. Que sólo ella sabe lo que le costó llegar. Pero continúo pasando hojas y entonces veo páginas tan interesantes y que nos afectan tanto a todos como: Bautizo de la tercera hija de los príncipes de Holanda, o Marta Luísa de Noruega, toda una madraza. O Los príncipes belgas celebran el primer aniversario de su benjamín. Pero ¿a quién le interesan los reyes extranjeros? Pero si ni siquiera nos interesan los de aquí. Que por cierto, hablando de realeza, hay otro artículo algo extraño: El rey galardona a Sabina. Pero ¿este no era un ferviente defensor de la República? No obstante continúo y me pasmo cuando leo: Mª José Campanario, feliz. ¿Por qué, por verse implicada en una gran estafa a la Seguridad Social? Sigo leyendo…¡ah, no, que resulta que está embarazada! Siguiente reportaje a todo color y con todo derroche de medios: Ménem nos enseña su mansión de Buenos Aires. Y verdaderamente lo es. Pero ¿este es el mismo tipo que llevó a Argentina a la banca rota? Parece que sí. Pues no se le ve preocupado. Luego descubro ciertas mujeres y ex mujeres de políticos con titulares tan enriquecedores como: Sonsóles Espinosa, canta en el Coro de la Capilla Real de Madrid o Gema Ruíz: junto a Rafael estoy encantada y feliz. ¿Esta no es la ex mujer de un político famoso por estar en contra del divorcio? Pero no se llamaba Rafael, ¿verdad?. NO entiendo nada. Aunque los últimos titulares me causan un verdadero desasosiego. Dicen así: Carmen Martínez –Bordiu: la abuela más sexy de ¡Mira quién baila!. ¿La misma Carmen, la “nietísima” de un dictador? ¿Bailando? ¿En un programa de la tele del PSOE y que pagamos todos? En ese momento mi mujer, con el mismo peinado que la reina Doña Sofía me dice: ¿pero qué haces leyendo tú prensa rosa? A lo que contesto: ¡No, cariño! No leo prensa rosa. Esto es pura política.

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