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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Carta al presidente del Gobierno

José Jurado Saldaña
Redacción
jueves, 26 de octubre de 2006, 02:27 h (CET)
"Surge de las entrañas sociales un clamor popular que demanda justicia. No hay atentado que no se haya cometido, abuso que no se haya perpetrado ni inmoralidad que no haya descendido a todos los órdenes de la Administración para provecho o para el despilfarro escandaloso.

La fuerza ha sustituido al derecho, la arbitrariedad a la ley y la licencia a la disciplina. La violencia se ha erigido en autoridad y la obediencia se ha rebajado a la sumisión.

La incapacidad se impone donde debe imperar la competencia; el despotismo hace las veces de valor y honor de la desvergüenza.

De todo este desastre brota espontáneamente la rebelión de las almas que viven sin esperanza."

Señor Presidente,

¿Le suenan estas palabras? ¿Le dice algo el anterior párrafo? ¿Las ha oído antes? Me temo que no porque creo que Vd. lee poco y reflexiona menos.

Pues sí, esas palabras son las que encabezan el Manifiesto con el que el General Sanjurjo pretendió justificar su alzamiento de 10 de Agosto de 1932 para conjurar aquella situación caótica a que había llegado la República en poco más de un año.

Y dígame, ¿cuál es el panorama político y social de la España actual a tan sólo la mitad de su legislatura?

Una voz que debe tener cierta autoridad para Vd., la de Felipe González, acaba de decir que la situación actual de España es similar a la que había en los últimos meses de su legislatura. Y acuérdese cómo estábamos entonces: Se practicaba la rapiña hasta de los fondos reservados, la prevaricación era moneda corriente, se politizó la Justicia y hasta el crimen de Estado se practicaba para acabar con Eta y estaba poco menos que institucionalizado. Y, por supuesto, sin que se supiera quién era el Señor X. Que, por supuesto, todos los suponíamos.

Pues bien, fíjese cómo estamos ahora:

La Justicia está vilipendiada, politizada y puesta al servicio del Poder. Ya se cuida el Fiscal General, por indicaciones de Vd., de pedir a los Jueces que no se opongan a su malhadado “proceso de paz” y existen Jueces sumisos y pusilánimes que siguen sus sugerencias rebajando condenas y fianzas e inculpando a inocentes.

La Democracia se ha convertido en una partitocracia pura y dura en la que medran los amigos y sin que los diputados y el pueblo tengan otro voto que el que se les indica con la mano desde los mismos escaños o se arranca a los ciudadanos con promesas que no se cumplen o alegando los defectos del partido rival.

Y, por obra de su talante dictatorial, Vd. se atribuye poderes legislativos. Ahí está esa promesa hecha a Maragall de que su proyecto de Estatuto para Cataluña se aprobaría en el Congreso tal como saliera del Parlamento catalán; promesa que, por cierto, Vd. incumplió traicionando a Maragall y pactando con Convergencia sin que el Estatuto dejara atrás –“limpio como una patena”- la inconstitucionalidad que arrastra.

Al Rey lo tiene Vd. perplejo y minusvalorado porque no le deja desempeñar su función de Jefe de las Fuerzas Armadas, cuando Vd. dispone por sí mismo el envío de tropas al extranjero sin contar con él. Y creo que el Monarca estará también confuso por el retraso en modificar la Constitución para saber quién será el sucesor o sucesora del Príncipe de Asturias. Aunque me parece que Vd. tiene poco empeño en despejar la incógnita, tal vez porque sueñe que, con sus afanes republicanos, no será necesario.

El Parlamento está devaluado porque todo se legisla al margen de él y sólo sirve para que Vd. no conteste a las preguntas que se le plantean, o lo haga de modo incoherente y terminando sus respuestas con el latiguillo demagógico acostumbrado para suscitar el aplauso de sus fieles.

Vd. ningunea al partido de la oposición, aunque continuamente le suplica que le apoye y se precia de tenerlo aislado.

El Congreso tan poco pinta para Vd., que el “proceso por la paz” lo inició mucho antes de tener su aprobación. Y de las negociaciones –aunque se están pactando asuntos tan graves como la independencia del País vasco- guarda Vd. a los diputados el más absoluto secreto.

La paz social ha desaparecido al romper la unidad de los hombres y las tierras de España. ¿Ha visto Vd. nunca mayor crispación que la que se advierte en los medios de comunicación, en los mítines en que interviene el portavoz de su Gobierno e incluso entre los mismos diputados? Y no digamos entre los ciudadanos cuando se sueltan la lengua.

¿No advierte Vd. que muchos Ayuntamientos están convertidos en cuevas de Alí Babá?

Ya ha desmantelado Vd. la unidad de la Patria al conseguir que Cataluña sea una Nación y eso es obra exclusiva de su ignorancia –por no tener un concepto claro de lo que esa palabra significa- pero también de su pasividad y de su temeridad. Esa “Nación” se convertirá en un Estado independiente y, en consecuencia, España en un Estado federal, tan pronto como el Molt Honorable Presidente de la Generalidad (posiblemente un “charnego”) salga al balcón y proclame la independencia –como hicieron Maciá y Companys. Y lo triste es que ahora no habré un Alcalá Zamora ni un General Batet que lo impidan con buenas palabras o a cañonazos.

En cuanto al País Vasco fué Vd, Sr. Presidente, quien se inventó que ahora era la ocasión propicia para conseguir que los etarras dejaran las armas, cuando ya llevaba Vd. algún tiempo, antes de ser Presidente, negociando con ellos.

Cuando Vd. anunció en el Parlamento que iba a negociar dijo Vd. que no lo haría mientras hubiera violencia y ya ve cómo la violencia callejera sigue destrozando trenes, autobuses, sedes de partidos y Juzgados.

Dijo Vd. que no habría precio político y ya lo está Vd. pagando valiéndose de ese sumiso Fiscal General y de esos complacientes Jueces. Aunque, siguiendo Vd. las directrices que le marca Batasuna-Eta, ya ha pagado un precio increíble como es internacionalizar el problema, con lo que Eta sale victoriosa.

¿Por qué silencia Vd. que la exigencia de Eta es la anexión de Navarra, la independencia del País Vasco y la implantación en él de un régimen socialista?

Pues estas son las exigencias irrenunciables de la banda asesina. Dígalo en Europa, dígaselo a los ciudadanos, dígaselo al Papa y no mienta a través del País y de Radio Nacional diciendo que el Papa bendice estas negociaciones. Esa conducta suya es sencillamente de una maldad repudiable.

Las cosas no van bien, Sr Zapatero. En su propio Partido se lo dicen y muchos se lo callan por conservar la poltrona. ¿Ha oído Vd. lo que piensan Felipe González, Alfonso Guerra, José Bono, Rosa Díez, Vázquez, Rodríguez Ibarra y otros?

¿Cómo es posible que no encuentre Vd. candidato a la Alcaldía de Madrid y hasta el propio Primer Ministro de Italia, en plan de chanza, se niegue a serlo?
¡Qué vacuas, falsas e hipócritas nos suenan ahora aquellas palabras del Preámbulo de la Constitución en el que se “deseaba establecer la Justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de todos”

¿Cuándo la Justicia ha sido más maleable que desde que los socialistas la politizaron?

¿Cuándo ha habido menos libertad que ahora en que los medios de difusión, que no le son afines, se ven amenazados por el propio Secretario de Estado para la Comunicación; en que los niños “charnegos” no pueden estudiar en Cataluña en la lengua materna; ni los funcionarios que no conozcan el catalán pueden ejercer en aquellas tierras que siguen, a pesar de todo, siendo España?

¿Cuándo ha habido más inseguridad que en estos días en que hay tanta violencia en todas partes?

¿Cuándo ha habido más personas incompetentes en el Gobierno que las que componen el que Vd. nombró? Las Ministras de la cuota sólo tuvieron un momento de esplendor que es cuando aparecieron en la Revista Vogue. Por lo demás, ineficacia absoluta.

¿Está Vd. tranquilo? Pues el pueblo español no lo está porque no sabe adónde va. Vd. se ha lanzado cuesta abajo de modo irresponsable y no hay quien le eche el freno.

Créame, entre los españoles hay desilusión, amargura y temor.

Vd. quiere acabar su mandato como adalid de la paz y lo va a terminar con el baldón de pasar a la Historia como el más nefasto que hemos tenido por dejar dividida a España y enfrentados a los españoles.

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