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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ley del menor legislada por mocosos

José Luis Palomera
Redacción
miércoles, 25 de octubre de 2006, 01:13 h (CET)
Mocosos: niños mocosuelos, atrevidos, osados. Niños pequeños que apenas comen y duermen.

El otro día en tertulia televisiva una señorita diputada, al parecer entendida en asuntos de menores, comentaba las posibles legislaciones que pudieran aplicarse para encauzar la tan manida Ley del Menor. Es decir, una señorita soltera sin hijos, eso sí, con bastante cara, pretende encauzar a la juventud -futuro de España...-.

Pero, me pregunto: ¿Qué sabe esa señorita, señora o señor, diputados o senadores, magistrados o magistradotes que no sepan la juventud que vive en sus propias carnes el mundo actual?

¡Valga la Cósmica madre de nuestros cielos, ya no puede uno escupir con más impotencia por los ojos! ; Náuseas me produce el cerebro, cuando escucho y veo, sin saber cual de los dos sentidos me llega primero, a media docena de acicalados y serios diputados y diputadas, muchos de los cuales no saben lo que es atender a un niño con mano propia, decidir la ley que ha de imponerse a los mal llamados menores. Y digo mal llamados porque los menores que no lo son para delinquir, violar o asesinar no deben serlo para pagar por ello con todo el peso de la ley. Otra cosa es que los padres sean absolutamente culpables de sus engendros.

Comprendo que quienes lean esto no tomen más del artículo que una simplicidad demagoga de un don nadie. Yo no soy afamado, en todo caso afanoso, en explicar con la palabra del pueblo las razones por las cuales la humanidad se acerca a su extinción.

Es un hecho incuestionable que los patrones con los que se rige la actual sociedad nos acercan raudos al desequilibrio terreno en todos sus conceptos.
Si de verdad deseamos corregir los cruciales errores culpables de que la Tierra hoy a borbotones se desangre, debemos de cambiar conceptos e ideas. Los sistemas, las preferencias, los legisladores, los políticos, deben de dejar de ser referentes de la convivencia humana y servir como errores a no cometer jamás: el problema no sería difícil de solucionar pero parece un imposible si tenemos en cuenta que los que han de reconocer sus errores son los que gobiernan y administran la Tierra. Si los responsables fueran los ciudadanos desconocidos del mundo, hace tiempo que las “cámaras de gas” se hubiesen puesto en marcha, como ocurre en algunos lugares donde los responsables además son dictadores, locos o fanáticos.

Hacer las leyes para menores con mocosos legisladores es una vileza mental. ¿Acaso el hombre mayor de edad -la edad no significa inteligencia- osa creerse capacitado para educar a los demás seres vivos?. ¿Pero quiénes se creen los diputados y demás poderes legislativos que son?

¿Acaso piensan hacer con leyes lo que no saben hacen con obras?

Para hacer una ley cualquiera que sea esta, primero hay que hablar con los afectados, conocer a los afectados, disponer a los afectados, ser parte desinteresada en cuanto a los afectados, y sobre todo quienes las hacen, asumir que no son mejores, ni saben más, ni tienen más potestad o razón que quienes han de acatarlas.

En que lógica cabe hacer una ley penal para el menor si estos mismos diputados, sus grupos u otros, subvencionan o premian el cine español que bajo excepciones es un compendio de vísceras, sexos, asesinatos, violaciones y maltrato de la víctima, siempre mujer...

¿Quieren ustedes que les nombre mil y una películas de este calibre? ¿Quieren que les nombre mil y un programas televisivos del mismo pelaje?

¿Saben que el premio príncipe de Asturias el cual pagamos todos, ha sido concedido al señor que por arte ofrece todo y mucho más de lo dicho arriba?

¡Por todas las galaxias! Dejen ya de ser niños mocosos, háganse mayores de una santa vez y dejen las diputaduras para molduras de sus escayolas mentales y las cosas de la educación para los educadores, que precisamente hemos de ser los padres.

Miren sus señorías, los padres son los únicos culpables de todo lo cometido por sus hijos... En muchísimos casos son sus asesinos más que sus educadores, ya que pretenden que les eduque la sociedad sin saber que en la sociedad actual impera la escoria.

Para mayor imbecilidad de la humanidad. Se crean hijos sin pedirnos los mismos que los creemos, luego se les enseña a través del consumismo, donde la vida se ve a través de los móviles que tienen desde la infancia. Sexo, violación, crímenes, guerras, premios sin esfuerzos, mañas, insidias y envidias, son los valores enseñados, luego se hacen leyes para encarcelarles si es que cometen el mismo acto que una y mil veces vieron, en su aprendizaje a la vida, entre éstos, violaciones, violaciones que sus propios padres disfrutaron, incluso jalearon frente al televisor.

Los padres son los asesinos de sus hijos además de sus carceleros” "El error humano arrasa con la voz humana”

En otro orden de cosas, entiendo que este artículo no le publicará el ABC, claro, yo no soy escritor y apenas tengo recursos para que los ilustres escritores y demás periodistas entiendan que es un buen artículo. Sin embargo, este artículo le entiende todo el pueblo, mientras que los otros únicamente los disfrutan los versados en pulcritudes gramaticales y poco más. De nuevo el error humano arrasa con la voz humana.

En los grandes medios se escribe para gustar a los que saben de escrituras, mientras el pueblo se pierde en jeroglíficos de conceptos y parafraseados estilistas que ni dios entiende cual asesinato a la inteligencia.

El periodista estudia para informar al pueblo y en infinidad de casos termina confundiéndolo, utilizándole con gramáticas puras y retóricas de entendidos para dueños de la información.

En resumen, este artículo le entiende, incluso yo, ya que todo se simplifica en sentido común sin más prosa o estilismos pragmáticos de retóricas, es decir, mucho ruido y pocas nueces.

Un gobierno que hace leyes para juzgar a los menores a la vez que premian con subvenciones, a los medios que les asesinan de inmundicias, es cruel, muy cruel.

Si a esto además se pretende dar soluciones con “menores mocosos”, el asunto se toma atrevido e insolente.

En cuanto a los eruditos habituales en los grandes medios, que se dejen de metáforas y recursos, para decir que el pan proviene del trigo no es necesario dorar las espigas.

Sus afanes se centran en deslumbrar con letras a los entendidos, ya que escriben para la élite y en función de ésta siguen en sus puestos.

Mientras tanto, el pueblo se debate en galimatías y políticas de oídas que hacen que hoy en España solamente se perciba negro o blanco, además de separatista.

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