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Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

La Buena Educación

Mar Berenguer

miércoles, 25 de octubre de 2006, 01:13 h (CET)
Muchas normas de educación nos pueden parecer tonterías cursis y pasadas de moda. Sin embargo, la mayoría de ellas, se basan en el sentido común, la lógica y el respeto que nos debemos las personas mutua y recíprocamente. El término educación, no nos debería evocar a imperturbables damas victorianas llenas de refajos en pleno estío colonial, ni a Julia Roberts pasándolas canutas mientras cuenta cubiertos ante un plato de caracoles en Pretty Woman. El verdadero sentido de la educación, es favorecer la comunicación entre los seres humanos, y esto se consigue haciendo lo racionalmente posible para que quienes nos rodean se sientan lo más a gusto posible, tratándolos como a nosotros nos gustaría ser tratados; sin encorsetamientos superfluos, pero tampoco con una zafiedad gratuita que algunos insisten en identificar con esa confianza que, así entendida, ciertamente da asco. Y termina incomodando y deteriorando cualquier relación.

El nuevo protocolo, no es un conjunto de normas arbitrarias, discriminatorias ni injustas; implica consenso, organización y es eminentemente práctico; su finalidad, es simplificar nuestras vidas para hacerlas más agradables. La naturalidad en el actuar, hace fáciles las relaciones del hombre con sus semejantes; la sencillez, es patrimonio de los genios.

La educación, no es una simple preparación para adquirir destrezas laborales, no es amaestrar a los niños o a los jóvenes para que obedezcan; es despertar la humanidad. La buena educación, no consiste tan sólo en las muestras de simpatía que reservamos para quienes apreciamos; consiste en cómo tratar dignamente a todos, por la simple razón de que por encima de sus antipatías, las personas, se han de reconocer mutuamente su condición de tales; no es tan sólo lo más importante que se debe enseñar, es el primer paso para poder aprender cualquier otra cosa.

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