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Etiquetas:   A un toque   -   Sección:  

La flor de Capello

Luciano Sabatini
Luciano Sabatini
martes, 24 de octubre de 2006, 00:09 h (CET)
Este gentleman italiano, erudito del fútbol y alumno aventajado de Arrigo Sacchi se ha ganado un sitio en el panorama internacional como triunfal entrenador a base de títulos, que hay que reconocer que no son pocos: seis títulos de liga (que eran ocho antes de que le fueran revocados a la Juventud los de los dos últimos años), cuatro supercopas de Italia, una Copa de la UEFA y una Supercopa Europea. Pero ¿Qué aporta Capello a sus equipos para hacerlos ganadores?

La disciplina que tanto se le presupone ni es tanta ni tan efectiva, y le ha causado que acabe en enfrentamientos con grandes estrellas en aquellos equipos donde estaba, Totti en la Roma, Ibrahimovic en la Juventus, y Quique Sánchez Flores en el Real Madrid, por poner algunos ejemplos. El esquema táctico que suele utilizar es un 4-2-3-1, donde los defensas hacen de defensas y los mediocentros de seguro de los propios defensas, y donde además los centrocampistas se repliegan y dejan el trabajo por banda para cortocircuitar mejor las conexiones en el medio, mientras que el trabajo ofensivo muchas veces se trata de buscar un balón en largo para empezarlo a jugar de tres cuartos de campo para delante, ya que no le interesa en demasía la creación. Capello define la ceremonia del toque en el medio, y la distracción que con ello conseguimos como una pérdida de tiempo, y defiende que la transición debe ser rápida. Su sistema no es ni de los mejores ni de los más infalibles.

Sí es cierto que los equipos donde ha estado (Milan, Real Madrid, Roma y Juventus, principalmente) siempre han contado con grandes jugadores que de una manera u otra acaban asomando su talento. Por lo tanto, a mí me parece que Capello es Capello por sus jugadores, y no por su deslumbrante concepción futbolística.

Cuando Mijatovic le propuso el proyecto de dirigir al Madrid esta temporada para hacerlo resurgir, el italiano barajó los nombres de los jugadores que tenía y de los que deseaba traer para su aventura. Emerson era imprescindible, y Diarra y ferviente deseo. Ni Pavón ni Helguera eran de su agrado, al igual que Baptista y Robinho. 54 días después es claro que Emerson es un jugador sumamente lento y su capacidad creativa en el mediocentro es inversamente proporcional a cero, y que Diarra es como un moscón que participa mucho pero de forma intrascendente. Sin embargados de sus descartados, Helguera y Robinho le están sacando las castañas del fuego cuando más lo necesita.

El caso de Helguera es flagrante. Desde la pretemporada ha sido ignorado hasta el punto de quitarle el dorsal, estar a punto de regalarlo al Racing y hacerle entrenar con los juveniles, hasta que Fabio no ha tenido más remedio que darle una oportunidad por la plaga de lesiones en la zaga. Antes que él estaban todas las opciones: Cannavaro, Ramos, Raúl Bravo, Mejía, etc…pero la última de sus elecciones era la correcta, de puro churro, pues a Helguera le han bastado dos partidos para hacerse con la titularidad de forma indiscutible y ser de nuevo uno de los baluartes del equipo. Lo de Robinho era más previsible, pero igual de inexplicable. Se pagaron más de 25 millones de euros por él, y Capello estaba dispuesto a relegarlo para siempre al banquillo. El brasileño puede agradecerle a Beckham su bajo rendimiento y a Reyes su lesión, por que sino no hubiera tenido ni la mitad de las oportunidades que ahora goza. Contra el Barça el mejor del encuentro, y Capello no lo quería…

Los casos de Helguera y Robinho con los mismos que el de Fernando Redondo en la anterior etapa del italiano en Chamartín. En cuanto desembarcó en la capital trasmitió al club que lo vendiera y así se lo comunicó al propio jugador, “no eres la clase de mediocentro que quiero, yo quiero prescindir de la creación en esa zona y prefiero una rápida transición”, le dijo. Redondo acabó siendo de los mejores en la temporada 1996-97 y un icono del madridismo, y Capello queriendo llevárselo a toda costa a Italia con él.

Aciertos a destiempo o casualidades del desatino, fuera como fuere el bueno de Fabio debe estar tocado por un ángel, o tener una gran, hermosa e inexplicable flor adornando su jardín.

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