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El proyecto Stockman de Rusia, impermeable aún para foráneos

Serguei Kolchin
Redacción
martes, 24 de octubre de 2006, 00:05 h (CET)
Durante su reciente visita a Alemaniaб el presidente ruso, Vladímir Putin, confirmó la información de que el Gazprom de Rusia será el único propietario del yacimiento gasífero Stockman.

Antes lo comunicó también el jefe del consorcio, Alexei Miller. Ese yacimiento conjuntamente con los proyectos de Sajalín, es uno de los últimos “ases de triunfo” de Rusia en la lucha por las posiciones en el mercado mundial de energía y, a juzgar por todo, el país busca sacar el provecho máximo de este.

La respuesta de Occidente a las innovaciones en la postura rusa hacia Stockman no se hizo esperar. Primero, en los medios de comunicación extranjeros aparecieron de inmediato los comentarios respecto a la posible congelación del proyecto Stockman en el sentido de que, a juzgar por las acciones de Rusia, ella llegó a confirmar que no estaba lista aún a realizar ese proyecto.

Segundo, varios expertos y personalidades oficiales de la Agencia Internacional de Energía y de la Administración norteamericana calificaron estas decisiones como síntoma del nacionalismo capaz de frenar la afluencia del capital extranjero a Rusia. En EE UU se habla incluso del autoaislamiento de Rusia en el desarrollo del sector energético de su economía.

La reacción de los pretendientes potenciales a la explotación del yacimiento Stockman (conviene recordar que en la última lista figuraron cinco compañías: Statoil y Norsk Hydro noruegas; Conoco Phillips y Chevron norteamericanas y Total francesa) no fue tan nerviosa, al menos partiendo de las declaraciones oficiales de las compañías mencionadas. Es evidente que estas no se proponen estropear definitivamente sus relaciones con el consorcio gasífero ruso, máxime teniendo en cuenta lo dicho por Putin: en modo alguno se excluye la participación de consocios extranjeros en el proyecto. Solamente se trata de cambiar su formato. Lo más probable es que se mantenga inalterable el principio de explotación del subsuelo. Pero a este respecto es posible que en el futuro Gazprom y Rusia introduzcan correctivos en sus respectivas posturas.

Al mismo tiempo, los noruegos, siendo los participantes más probables de la potenciación del Stockman, se sienten doloridos y en sus comentarios no oficiales manifiestan descontento respecto a las acciones impredecibles de Rusia. A nivel oficial, los top manager de las compañías muestran mucha discreción y sólo se limitan a lamentar la decisión tomada. Sin embargo, se proponen cooperar con Rusia en materia de explorar los recursos del Mar de Barenz y no apoyan la tesis sobre el “autoaislamiento” de Rusia. Además, en opinión de la conocida agencia de ranking Standart & Poor´s, Gazprom tiene posibilidades suficientes para explotar el Stockman sin ayuda de nadie.

No obstante, vale la pena analizar imparcialmente la situación creada en torno al proyecto Stockman. Primero: por su envergadura y recursos ese proyecto no tiene precedentes ni se observan alternativas a éste. En el proyecto están interesados tanto Rusia como los potenciales consumidores de gas. Es poco probable que en fechas próximas sufra notables cambios la situación mundial en torno a la demanda de gas y sus precios. Por consiguiente, el proyecto seguirá siendo actual.

Segundo: ha cambiado substancialmente el interés de Rusia en lo referente a participación occidental en sus proyectos energéticos. Ya no se trata simplemente de las inversiones al Complejo Energético y de Combustible ruso; tanto el Estado como Gazprom disponen de suficientes recursos. Al mismo tiempo, Rusia está muy interesada en el suministro de tecnologías, al menos para dos sectores: organizar la extracción de gas en el zócalo de los mares septentrionales donde el país no posee de hecho experiencias suficientes (sin tomar en cuenta los proyectos científico-teóricos y los de experimentación). A este respecto, se concede mucha importancia a las experiencias de Noruega. Está claro que a Rusia no le será fácil potenciar el zócalo sin empleo de las tecnologías occidentales. Lo que sí no tiene Rusia son suficientes capacidades para producir el gas líquido en proximidad inmediata a los lugares de su extracción, ni para construir plantas especializadas en su producción.

En ambos casos, indudablemente Rusia está lista a aceptar compromisos con los socios occidentales. Pero es necesario determinar el carácter de esos compromisos, lo que resulta difícil hacer en la fase inicial de elaboración del proyecto.

Tercero: sigue siendo actual la tesis sobre el intercambio de activos entre Rusia y sus probables consocios occidentales, pero, a juzgar por los últimos acontecimientos, esto no se ha hecho aún. Procede señalar que los consocios de Gazprom aceptaron adecuadamente esa idea. Sin embargo, según todos los indicios, Rusia no consideró como adecuados los activos que ellos ofrecen a cambio de su cuota en el Stockman. No obstante, los consocios tienen indudablemente los recursos de intercambio. La cuestión sólo ha de ser concordada.

En resumidas cuentas, se trata de la etapa inicial de lucha de las partes interesadas en torno al proyecto Stockman, cuyo desenlace dependerá de toda una serie de decisiones.

Tomemos el problema de la estructura geográfica de suministros de gas desde el yacimiento Stockman. En septiembre Putin declaró que Rusia podría reorientarlos hacia Europa por el futuro gasoducto “Nord Stream” y dejar de suministrar el gas líquido a EE UU. Tal declaración es una señal sui generis a los consocios: todo va a depender de si se desarrolle la construcción de plantas procesadoras de gas liquido o sea prioritaria la construcción del gasoducto a Europa.

Lo mismo se refiere al intercambio de activos. Actualmente Rusia está interesada no sólo en la afluencia de capitales, sino en la necesidad de fortalecer sus posiciones en el mercado energético mundial. A este respecto, procede señalar que unas compañías, ante todo las que trabajan en las redes distribuidoras de gas, tienen los activos en que Rusia está interesada, mientras que las otras poseen las tecnologías necesarias para extraer y licuar el gas.

En opinión de muchos expertos, hacia 2010 en Rusia se espera un notable descenso de la extracción de gas en los principales yacimientos viejos (Urengoy, Nadym y Yamal). En este contexto, la puesta en explotación de nuevos yacimientos permitirá solamente compensar la pérdida de recursos en los sectores en proceso de explotación, mientras que se plantea la tarea de incrementar en flecha la extracción de “combustible azul”.
Conviene señalar que los considerables recursos financieros de Gazprom no le aseguran la compensación rápida de las inversiones y por esto se mantiene el interés de Rusia por atraer a la cooperación a las compañías energéticas más importantes del extranjero.

En esta relación, a nuestro modo de ver, las decisiones preliminares respecto al Stockman han de ser consideradas como tales, como elemento de una licitación prolongada entre las partes interesadas, en la cual estas últimas van a esgrimir argumentos más diversos: políticos, financieros, publicitarios, y así sucesivamente. Al parecer, en el futuro podemos esperar el desarrollo del acontecer en el sentido de nuevos compromisos y acuerdos de las partes.

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Serguei Kolchin, Doctor en Economía (Instituto de Economía, AC de Rusia), para RIA Novosti.

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