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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Niños adictos al ordenador y al televisor

Francisco Arias Solís
Redacción
martes, 24 de octubre de 2006, 00:05 h (CET)
“Porque me voy separando
hasta de la soledad
en que me estaba quedando”.


José Bergamín

La televisión y el ordenador de juegos han pasado a ser los compañeros inseparables de muchos niños. Esta distracción exige mantener una inmovilidad postural y un silencio absoluto. La consecuencia inmediata es un bloqueo de la visión y la audición. La automatización del niño y una inmadurez cerebral.

El niño actual pasa en su casa periodos prolongados de aislamiento rodeado de múltiples elementos de “compañía” o distracción. La televisión y el ordenador de juegos empiezan a transformarse en los verdaderos acompañantes de parte de la población infantil.

Pero tanto el televisor como el ordenador, cuando se utilizan diaria y continuadamente, facilitan la aparición en los niños de numerosos trastornos psicológicos y cambios de conductas que pueden llegar a transformarse en graves problemas psicopatológicos.

Las pantallas de televisores y ordenadores no sólo constituyen elementos de radiación de pequeña intensidad, sino que obligan al niño a mantener durante largos periodos de tiempo una especial inmovilidad y postura, a la vez que bloquean los analizadores perceptivos que impide la recepción de otros estímulos exteriores. En numerosos casos, como consecuencia de esta postura, se han producido situaciones de pre-hipnosis o sueño paradójico que llegan a modificar los trazados electroencefalográficos. Por otra parte, el ordenador infantil que suele utilizar programas de juegos competitivos, en realidad instiga a una competición entre la máquina programada y el niño, obligando a una permanente alertación, inmovilidad y rapidez progresiva de respuestas para algo que no contiene enseñanza alguna (no olvidemos que la enseñanza es meditación). Constituye, tan sólo un ejercicio de automatización estímulo-respuesta rígido, inmeditable (el pensamiento operacional se bloquea por innecesario), “antidialógico” e irreal. Al mismo tiempo se fuerza a una permanente rigidez postural ya que practican tan sólo, mínimos movimientos de dedos, mientras se mantiene silencio. Por otra parte, la mayoría de programas utilizados exigen respuestas bélicas agresivas, donde prima la destrucción y las normas éticas o solidarias no existen.

Un contingente en aumento de la población infantil es satisfecha, por no decir aislada de las relaciones familiares, mediante la facilitación de televisores y ordenadores de juegos. Durante diarios y prolongados espacios de tiempo, el niño solo, aislado en una habitación contempla incesantemente televisión o maneja juegos de ordenadores. Muchos de ellos comen o duermen con estos artefactos. Pero simultáneamente a esta educación electrónica el niño empieza a mostrar desviaciones de la conducta. Hablan poco, realmente también lloran poco, salvo cuando se le quiere suprimir su “compañero”, lo que les produce violentas reacciones agresivas que tienden al juego ritualizado y a una polarización afectiva fuera del campo de la relación social. Se muestran reservados, rígidos, poco afectuosos, enemigos de caricias y besos, silenciosos, con escaso interés por el mundo animado.

En realidad, la sustitución de los contactos e intercambios personales humanos por estas máquinas, parece favorecer una desorganización de los receptores sensoriales y cerebrales los cuales acaban solo filtrando y elaborando las estimulaciones sensoriales de fuentes electrónicas.

La sustitución o disminución del empleo de televisores y ordenadores en los niños con tendencias “electronicoadictivas” constituye la base para evitar parte de estos trastornos. La relación familiar, el juego y los contactos sociales junto a la actividad física y el conocimiento real del mundo determinan los fundamentos de la maduración infantil equilibrada. Y es que, como dijo el poeta: “Igual que cuando éramos niños / y jugábamos a perdernos / por largos pasillos y alcobas / de un enorme caserón viejo”.

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