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El Debate de los candidatos

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
domingo, 22 de octubre de 2006, 22:17 h (CET)
Buen debate. Con tiempo y con un buen moderador. Pero un debate solo es poco. Un cara a cara entre los dos candidatos con mayores posibilidades (Mas y Montilla) sería muy conveniente, pero no se hará. Lástima, porque, entre otras cosas, no se ha aclarado cuáles serán las alianzas, en el caso, muy probable, de que nadie obtenga la mayoría absoluta y no pueda gobernar sólo.

Los cinco candidatos han cumplido bien con su respectivo guión, sin dar sorpresas. Todo era sabido y ha quedado reafirmado. Una primera impresión de urgencia nos da lo siguiente:

Un Artur Mas, brillante, agresivo y prepotente; mirando a los otros por encima del hombro, con un poco de soberbia y quizás demasiado esperanzado en ganar.

Un José Montilla, sereno, razonable y con munición de cierto calibre, con pose un tanto humilde, y confiando seguramente más que en si mismo en las posibilidades que le darán los resultados para llegar a una coalición, no necesariamente igual que la del fracasado tripartito.

Un Carod Rovira, habil y bastante convincente, pero no mostrando todas sus verdaderas cartas, y haciendo la pasarela con un traje prestado de moderado y liberaloide.

Un Josep Piqué, activo y duro, con sentido común y demasiado nervioso, aguantando el tipo con dignidad, pensando más en un sector de la sociedad que en el contexto de una clase política que no le gusta y le es claramente hostil.

Y un Joan Saura, claro y muy documentado, con trucos y buen estilo, propugnando la reedición del tripartito que añora y defiende.

Ha sido un partido con juego vivo y recursos dialécticos, con acusaciones y descalificaciones mútuas, con rifirrafes de los que hacen daño (“usted no es de fiar”, “usted es un mal gestor”), e interesante, pero descompensado. A a ratos, eran tres contra dos (izquierda contra derecha) y ,otros, cuatro contra uno (PP).Un buen debate que quizás podría haber favorecido, por muy escasos puntos, a José Montilla.

El día siguiente de las elecciones del próximo día 1-N, el problema será para Montilla si ha de volver a contar con la hipoteca de Esquerra. O para Mas si no consigue mayoría suficiente para gobernar solo, pues se está cerrando puertas, aunque siempre quedan resquicios. Todo está en el alero, en lo que digan los ciudadanos en las urnas.

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