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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Inmigrantes y carné por puntos

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 22 de octubre de 2006, 22:17 h (CET)
En Catalunya hace ya muchas semanas que los partidos políticos- que no la ciudadanía- andan liados en la campaña electoral. Ya saben esos contratos que rara vez se cumplen haciendo bueno aquel refrán de “prometer hasta meter...”. Pero es ahora, desde principios de esta semana cuando oficialmente se ha dado el pistoletazo de salida, se han cambiado los carteles con el careto de los aspirantes por otros, donde aparece el mismo careto, pero ahora suplicando ya, desesperadamente, el voto. Los que peinamos canas recordamos aquellas primeras campañas de las elecciones del 1977. La mayoría nos estrenábamos en el ejercicio de la democracia y acudíamos, unos repeinados y con el cabello rezumando gomina y otros con los vaqueros y las chaquetas de pana, a los mítines donde los oradores de turno nos iban a decir lo que cada uno quería escuchar. Luego, con el paso del tiempo, nos dimos cuenta que muchas de las promesas de los aspirantes al poder se quedaban perdidas en el aire y los mítines fueron cada vez menos numerosos. Los partidos políticos se las ven y desean para llenar su mitin estrella, aquel en el que actúan los máximos espadas, y recurren a traer autobuses para llenar la plaza de toros o el polideportivo de turno.

Ahora las campañas son más mediáticas que presénciales. Los jefes de campaña y los encargados de prensa se tienen que exprimir las neuronas para lograr que los medios de comunicación hablen de sus jefes. Y es ahí donde empiezan a aparecer las extravagancias de la campaña. Hace unas semanas el joven candidato del partido fundado por Albert Boadella y otros intelectuales apareció desnudo en los carteles, mientras púdicamente se tapaba el sexo. A Carod Rovira le podemos ver en los pasquines electorales afeitándose mientras Puigcercós se debate entre el ser o no ser observando un tomate en lugar de la calavera de Hamlet. Los jóvenes alevines de Joan Saura proponen en su eslogan follarse a la derecha mientras reparten condones, sus mayores les han hecho retirar la frase de dudoso gusto. Montilla se retrata tal cual es, con esa seriedad del que es incapaz de reír el mejor chiste. Parece la alegría de la huerta.

Pero el más mediático de todos es, sin duda, el señor Mas. El domingo pasado su formación repartió un millón de DVD contando los errores del tripartito con lo que asestó un buen golpe en el plexo solar de sus adversarios. Es interesante ver que en la citada filmación no se habla para nada del partido que lidera por aquellas tierras el viejo comunista Piqué. Tal vez por eso acudió a un notario para firmar un protocolo en el que afirma no pactar en un futuro con los señores del PP. Pero la traca final, el cohete más gordo de momento, estaba por llegar. El pasado jueves afirmó que si es President de la Generalitat establecerá un carné o cartilla- llaméenle como quieran- donde los inmigrantes que quieran podrán ir acumulando puntos en virtud de su conocimiento de la lengua, costumbres, historia y cultura catalanas. El premio, toda acumulación de puntos tiene premio, será tener preferencia a la hora de demandar servicios que estén en el ámbito de prestación del Gobierno catalán.

La inmigración es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, de Catalunya y del resto de España, y es un tema que los políticos deberían afrontar con seriedad y sin ninguna clase de demagogias. La propuesta de CiU se acerca mucho a las que hacen en el resto de Europa partidos de extrema derecha con tintes racistas o xenófobos. Todos los partidos, incluido el PP, han criticado la propuesta, así como los sindicatos y las asociaciones de emigrantes ya que, según ellos, puede dar lugar a crear emigrantes de “primera” frente a los que no se integren. Tampoco ha dicho Mas qué organismo sería el encargado de dar esta patente de catalanidad ni que conocimientos explícitos serían los necesarios. Aquella frase que Pujol pronunció en la transición de “es catalán el que trabaja y vive en Catalunya” ha quedado arrumbada por su delfín.

A los políticos debemos pedirles seriedad y que afronten este grave problema. Es muy difícil poner puertas al campo y frenar a los que huyen del hambre y las guerras, pero también es necesaria una regulación legal que establezca las bases para que todos, los de dentro y los que llegan, podamos convivir en paz.

Mientras escribo intento escuchar como música de fondo algunas canciones de Lluis Llach, pero por la ventana abierta a este primaveral otoño valenciano se cuelan los exagerados decibelios de la música gwna que un vecino marroquí de enfrente pone a todo volumen y desde el piso de arriba me llegan sones latinos que por su volumen tal vez se escuchen también en Lima o Quito. Ambas músicas me gustan, pero prefiero escucharlas cuando soy yo el que las elige. No sé si con un carné por puntos se arreglaría el problema.

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