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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Gritos y silencios

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 22 de octubre de 2006, 22:17 h (CET)
Los gritos suelen destacar y llamar la atención. Pese a los ruidosos ambientes al uso, un grito, estimula y pone en guardia. En lo referente a las motivaciones, el júbilo por una celebración sería una de las pocas causas agradables; el quejido o la desesperación constituyen un lamento por penalidades y son motivos de disgusto. Los gritos gamberros son otra cosa.

A veces no es necesario el sonido del grito, el RICTUS de PAVOR es tan manifiesto como terrorífico. Vean si no la evolución de las momias de Guanajuato -México-. En esa comarca abundan las minas con metales radioactivos -Uranio, plutonio y otros minerales-, el terreno es muy rico en esas partículas. Según todos los indicios, las emanaciones radioactivas son las causantes de un curioso fenómeno; impiden la descomposición de los cadáveres, estos permanecen a lo largo del tiempo totalmente momificados.

Aquí viene lo del rictus gritón. En todo el cuerpo del fallecido se produce paulatinamente una tétrica retracción de la piel; sus consecuencias son llamativas para el aspecto de la momia. Como la piel se acorta en todas las direcciones, los párpados se retraen y dejan los ojos totalmente abiertos, los labios tirantes mantienen la boca abierta del todo y los brazos se flexionan como si protestaran por el enterramiento. Como un grito tremebundo y permanente. Hasta un museo se ha organizado con estas peculiares momias.

Caricaturas de unas vidas que pasaron, estas momias ponen de manifiesto la resistencia de unos cuerpos a su descomposición total. Como paradoja, ofrecen ese aspecto atroz y espeluznante, no logran dejar indiferente a nadie. ¿Horror por lo vivido? ¿Qué han entrevisto más allá? En estas sociedades tan avanzadas, ¿Llegaremos a provocar estos rictus de dolor y asombro? ¿Qué les parece? Desde las pateras surgen imágenes de ese cariz. Tenemos a ese periodista bajo los disparos de tropas "amigas". Por lo tanto la caricatura del pavor es trágica.

Entre robos y recuperaciones de la obra, sin olvidarnos de su intrínseco valor artístico, es el GRITO de Munch otra expresión escueta y grave de las posibles angustias del ser humano. Los años le confirman esa pátina de un verdadero clásico. Desde las tonalidades empleadas en la pintura, hasta las figuras humanas, ponen énfasis en el carácter incompleto de esas existencias, en la carencia de mejores realidades. Comenzando por el ambiente extraño, más que un paisaje, se ofrece un panorama amenazante, con aguas mal ubicadas y atmósfera de intensas cargas, pero todo ello indefinido. Con esto de los cambios climáticos estamos más expuestos a este tipo de contratiempos meteóricos. A pesar de los gritos y apremios, no parecen detectarse grandes reacciones para remediarlos.

Algo querrá decir ese aspecto desvalido, enclenque, en cierta medida desfigurado del sujeto que está gritando, a punto de estallar. Sus carencias propias están reflejadas en esa falta de atributos personales, ya que no pasa de caricatura. Comenzamos muy mal, por que no se aprecian consistencias de ese protagonista. ¿Por su propia pasividad? ¿Por desidia? ¿Desperdicio de la sociedad? Preguntas de alcurnia para cualquier humano. Sin esas preguntas no pasaremos de ser un simple vahído insustancial; y todos juntos, como fantasmagóricas apariciones, simples caricaturas amenazadas y aplastadas.

Se le podría también denominar como el grito del silencio. Con la ausencia de la ternura y la calidez, refleja una nefasta actualidad de las relaciones sociales. Las otras dos personas que aparecen en el cuadro, están lejanas, hieráticas, como un gabán colgado del perchero, impasibles ante el cocido del entorno. Tortuosos ambientes para una soledad existencial a la que no acertamos a mitigar.

Si no directamente, en cualquiera de las páginas de Internet podremos observar los GRITOS de Oswaldo Guayasamín. Si bien menos aireados a nivel mundial, también son radicales a la hora de expresar el destrozo de las personas por cualquier motivo -hambre, enfermedad, heridas, abusos-. El empleo de los fondos ocres, manchados y nebulosos, se convierte en una pieza fundamental del mosaico. No podría ser de otra manera, los entuertos no son de generación espontánea, en ellos suelen participar gran cantidad de factores, unos francos y manifiestos, otros emboscados.

Guayasamín plasma unos gritos de mayor agresión física, como una especie de grito final, no basta con el apuro psíquico, se trata de una alteración corporal e incluso sanguinolenta. Su dramatismo se incrementa por ese desfondamiento corporal, donde huesos y carne se convierten en meras insinuaciones. Sus figuras añaden esa mirada honda, desde las entrañas, verdadera expresión lúcida del sufrimiento. Se podría aplicar al rostro de los afectados por los gravísimos accidentes laborales o de tráfico; o pensar en los gritos de niños muertos por guerras, desidias familiares, genocidios o misiles. Entramos en zonas limítrofes entre la encarnadura viva y los puros materiales físicos. ¿Sólo esto último?.

Cómo podremos olvidarnos de las ESTRIDENCIAS MODERNAS a la hora de valorar los pronunciamientos altisonantes. Por sus sonidos e imágenes nos percuten a diario. Últimamente está de moda Barcelona, ni debates ni monsergas, de pronto se asalta una barriada con graves destrozos, unos almacenes, o aparecen unos candorosos vídeos políticos la mar de enternecedores. ¡Ah! también en Cataluña tenemos enos ejemplos de fascismo socialista contra el PP, ¿Con interés de publicar los nombres de los participantes en la agresión? Basta con uno para acallar preguntas.

¿Merece la pena incidir en las estridencias de la televisión? Cotilleos y programas sandungueros aparte, me chirrían más aún en las entendederas, esos cámaras y comentaristas serviles del ente público durante el reciente desfile militar; cumplieron a la perfección, nos birlaron las imágenes de Zapatero, ¡No les debieron de agaradar! ¿Seriedad informativa? ¿Transparencia? ¿Censuras modernas?

¿De dónde podremos consolidar un grito estentóreo como contrapartida ante los excesivos silencios con que nos obsequian?

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