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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La Iglesia no hace política, la tenemos que hacer los católicos

Elena Baeza Villena (Málaga)
Redacción
domingo, 22 de octubre de 2006, 06:25 h (CET)
Un elemento irrenunciable para que una ciudad empiece a ser humana es ser reconocida y reconocer a los demás. Sólo así puede establecerse una comunicación entre los hombres. ¿Existen ámbitos donde pueda ser públicamente reconocida la identidad de cada uno, en nuestro país y se pueda establecer un auténtico diálogo, acerca de las cuestiones políticas comunes y que nos afectan a todos?

Me parece que no. Si el fin de la vida social es la vida buena, la política debería ser el arte de dirigir de tal modo que los hombres alcancen en ella una vida lograda. La palabra democracia parece que se reduce únicamente en depositar el voto en una urna. La democracia consiste en que, los políticos tienen el deber y el derecho de asegurarnos la libertad, ese es el gran valor de la democracia. Benedicto XVI ayer nos explicaba en su discurso en la ciudad italiana de Verona, que el campo de la política “es una tarea muy importante, a la que se deben dedicar con generosidad y valentía los cristianos laicos”. Ahora, ante la sospecha de no pocos de que el cristianismo sea una reliquia de la historia o tenga una pretensión extraña de imponer por ley su visión de la existencia, el Papa ha insistido en que “la Iglesia ve con agrado todo lo que es justo, verdadero y puro en las culturas y las civilizaciones, los conocimientos científicos, el desarrollo tecnológico, los derechos humanos, la libertad religiosa y la democracia”.

Todo ello bien encauzado y con buenos fines, es la tarea que nos espera a los católicos.

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