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¿Será Corea del Norte un nuevo miembro del club nuclear?

Alexander Vorontsov
Redacción
viernes, 20 de octubre de 2006, 22:41 h (CET)
Lo primero que viene a las mentes en relación al hecho de que el pasado 9 de octubre la RDPC haya realizado una prueba nuclear subterránea es que presenciamos otro evidente fracaso en la política de la Administración republicana de EE.UU. con respecto a Corea del Norte.

Se sabe que el equipo que le precedió, el del presidente Clinton, siguiendo la vía de una política activa de “incorporación”, en el formato del Acuerdo Marco de 1994, logró obtener palpables resultados positivos. El programa nuclear de la República Democrática Popular de Corea quedó congelado, viéndose bajo la observación de inspectores internacionales, el consorcio internacional KEDO bajo la égida de Washington, aunque sin mantenerse dentro de los plazos iniciales, en general estaba ejecutando con éxito el programa de la construcción de una central nuclear que tenía que componerse de dos reactores de agua ligera en Corea del Norte.

Los republicanos que luego llegaron a la Casa Blanca cambiaron el paradigma de las relaciones con Pyongyang: se planteó el objetivo de no eliminar el programa nuclear, sino la propia República Democrática Popular de Corea. A comienzos del primer término presidencial de George Bush Corea del Norte fue incluida en el “eje del mal”, y a comienzos del segundo término fue catalogada entre “baluartes del despotismo” a los que de acuerdo con la filosofía de la propagación global se les niega lugar en el mundo civilizado moderno.

Como consecuencia de este viraje en redondo, primero cesó el funcionamiento de los mecanismos del Acuerdo Marco (en 2002), y luego quedó congelado y eliminado definitivamente el programa KEDO (en 2005). Se optó por la vía de aislamiento total de la República Democrática Popular de Corea, comenzó una campaña con el fin de hacerla renunciar al programa nuclear por medio de toda clase de presiones (iniciativas de la lucha contra la proliferación de armas de exterminio en masa: “Proliferation Security Initiative”, para combatir las actividades económicas ilícitas: “Ilicit Activity Initiative”). Correspondientemente, se escogió la táctica consistente en renunciar consecutivamente a las negociaciones directas con Pyongyang, en desentenderse de las reiteradas proposiciones de este último para encontrar vías apropiadas con el fin de salir de la crisis en el marco del diálogo bilateral, concluir un pacto de no agresión, cambiar el programa nuclear por las garantías de seguridad, etc.

Igualmente se rechazaron de manera sucesiva las numerosas recomendaciones de los peritos tanto dentro de EE.UU. como en el exterior que demostraban lo vano de las esperanzas de ver colapsar el régimen de Kim Jong-il bajo la presión de la política de aislamiento. Los expertos advertían que la política de masivas presiones unilaterales y el lenguaje de ultimátum eran contraproducentes, porque como no habían dado resultados esperados en el pasado, tampoco traerían dividendos ahora. Se decía también que la renuncia a la búsqueda de un arreglo constructivo del problema nuclear en el formato bilateral conduce a un mayor agravamiento de la situación, pues EE.UU. es el único Estado del mundo capaz de darle la garantía de seguridad a Corea del Norte, mientras que la pérdida de tiempo en este asunto podía traer consecuencias irreversibles.

Y como resultado, Pyongyang tomó en serio las amenazas a su existencia por parte de Washington y, en su afán de evitar la suerte de Yugoslavia o Irak, al abandonar previamente en enero 2003 el Tratado de No Proliferación, aceleró sus trabajos a fin de crear “medios de disuasión nuclear”.

Los esfuerzos de siete años de la administración republicana de EE.UU. por liquidar el régimen de la República Democrática Popular de Corea y su programa nuclear han dado el siguiente resultado:

Primero, el régimen de Kim Jong-il sigue tan fuerte como nunca. Esta tesis la puede confirmar el hecho de que en 2002 Pyongyang hasta se atrevió a empezar una reforma económica orientada al mercado que, aunque no es tan decidida y rápida como, probablemente, estaba concebida, continúa ahora en condiciones desfavorables del enfrentamiento con EE.UU.

Segundo, la creación de armas nucleares de Corea del Norte se ha hecho realidad. Además, muchos analistas en diversos países están convencidos de que este hecho, extremadamente indeseable tanto para el régimen de no proliferación como para el futuro de la seguridad en la península de Corea y en el Noreste del Asia ha sido, en grado considerable cuando no en decisivo, el resultado de la reacción forzosa de Pyongyang a la política de presiones y amenazas que aplican los republicanos de la Casa Blanca.

Y tercero, este resultado tan triste se ha hecho realidad también debido a que, a pesar de las afirmaciones de Washington sobre el carácter internacional de la amenaza que parte del programa nuclear de la República Democrática Popular de Corea (y, por tanto, esta exige para ser arreglada un formato excepcionalmente multilateral de las negociaciones), la raíz de esta crisis se ha debido y se debe al hecho de que no estaban reguladas las relaciones entre EE.UU. y la República Democrática Popular de Corea y al cese de la vigencia del Acuerdo Marco bilateral de 1994. Es decir que se trata de los problemas que pueden ser ajustados solamente por estas dos partes. Los enérgicos esfuerzos de intermediarios en la persona de Moscú, Pekín, Seúl y otros, emprendidos en los últimos años, pese a todo su valor, han confirmado también el hecho de que las posibilidades de influencia por parte de los terceros sobre Washington y Pyongyang están limitadas.

¿Qué se ha de hacer en tal situación? Es lógico que todos los países, Rusia incluida, hayan condenado la prueba nuclear en la República Democrática Popular de Corea, aunque con distinto grado de perentoriedad. Los representantes de EE.UU. y Japón en la ONU insisten, como es sabido, en una respuesta dura al máximo de la comunidad internacional y en adoptar sanciones drásticas contra la República Democrática Popular de Corea. A nuestro parecer, se trata de un intento de curar una enfermedad descuidada no con una medicina nueva sino aumentando las dosis del remedio viejo que ha resultado ser inútil y contraindicado. El resultado es fácil de prever: la ulterior progresión de la enfermedad, o sea, la continuación de los trabajos de Pyongyang a fin de multiplicar sus “medios de disuasión nuclear”.

Tiene sentido tomar en cuenta también esta razón. A pesar de que el hecho de que la República Democrática Popular de Corea haya obtenido armas nucleares es un factor, sin duda, negativo desde muchos puntos de vista, en nuestra opinión, no hay motivo para dramatizar demasiado sus consecuencias. Resulta poco probable el comienzo inminente, augurado por algunos, de una reacción en cadena, o sea, la nuclearización de países vecinos al área, tales como el Japón, Corea del Sur y Taiwán. Es difícil imaginar que Washington, que garantiza a estos países su sombrilla nuclear, permita “independencia nuclear” de sus aliados.

También resulta poca la probabilidad de que la República Democrática Popular de Corea entregue armas nucleares o sus materiales a terceros países, lo que inquieta tanto a la Casa Blanca. En primer lugar, la declaración expedida por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Norte el pasado 3 octubre contiene la obligación de no permitir “ninguna fuga nuclear” y, en segundo lugar, ello evidentemente atenta contra los intereses de Pyongyang que ahora está preocupado ante todo por su conservación.

En este contexto parece legítimo y muy oportuno el llamamiento contenido en la declaración emitida el pasado 9 septiembre por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia en relación a la prueba nuclear realizada en la República Democrática Popular de Corea que exhorta “a todos los Estados implicados en el proceso a mostrar en esta difícil situación su prudencia y aguante” y a buscar una salida a la situación que se presenta en el marco del proceso de negociaciones. Como es sabido, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular China también mantiene una actitud análoga.

Muchos partidarios de esta actitud se encuentran también en los propios EE.UU. Se sabe que en vísperas de este dramático acontecimiento la ex Secratario de Estado Madeleine Albright, al intervenir en la Sociedad de estudiosos de la lengua y cultura coresanas en Nueva York, expresó la esperanza de que también en esta situación muy complicada se pueda lograr desnuclearizar Corea del Norte si se retorna a la política de “incorporación” y, naturalmente, mediante un activo diálogo directo entre Washington y Pyongyang. Algunos comentaristas acogieron esta intervención de la ex jefe de la diplomacia estadounidense en la administración de Clinton como declaración programática del partido democrático con respecto al problema coreano en vísperas de las elecciones intermedias al Congreso norteamericano que se celebrarán el próximo noviembre y en que a los demócratas les vaticinan la victoria.

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Alexander Vorontsov, jefe del Departamento de Corea y Mongolia (Instituto de Orientalismo adjunto a la Academia de Ciencias de Rusia), para RIA Novosti.

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