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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

A vueltas con la Tatayuba

Paco Milla
Paco Milla
viernes, 20 de octubre de 2006, 22:41 h (CET)
Había una vez un equipo de gobierno municipal, que delegó en un concejal, que a su vez lo hizo en un cuñado, que a su vez subcontrató la obra de una pequeña pasarela, en una plaza de una ciudad de ensueño.

Y por motivos que no vienen al caso se decidió colocar madera procedente del trópico, concretamente madera de Tatayuba.

Pero poco a poco (cada cinco minutos) los paseantes que la inauguraron resbalaban cual patinadores, cayendo suavemente a tierra (perdón, a tatayuba) fracturándose diversas y muy necesarias articulaciones, huesos, apéndices corporales, etc.

Esto de Tatayuba, suena a jamaicano o como mínimo a Cuba y ahora que estoy escuchando en la tele a Lucrecia…parece que esté a punto de decir: “Uantanamera, pon tatayuba en tu vida, uantanamera…..”

Pues venga de donde venga es una madera muy especial, porque una vez pulida y hecha tablones, al menor contacto con el agua o simplemente el rocío de la mañana se convierte en una peligrosa trampa.

Es resbaladiza en grado sumo. Un policía, la podría calificar como… escurridiza, sin duda.

El tema es que ya son casi una veintena las personas que han denunciado al Ayuntamiento por huesos rotos, golpes, días de baja, etc. Una de esas personas parece ser que consiguió 16 millones de pesetas.

Y digo yo que, quizás podrían dejar de pensar en el dineral que costó ponerla, e inmediatamente levantarla, porque conociendo el percal, ya me estoy imaginando cientos de pensionistas, mediopensionistas, parados, jóvenes ejecutivos en la cuesta abajo y calvos en segunda fase, todos en fila, guardando turno para darse el galletazo de turno, en la ya famosa pasarela de tatayuba de marras y justo enfrente otra hilera de nietos, colegas o amigos con la cámara de video preparada, para filmar el trancazo y de esta forma, ganar por la vía rápida el juicio al “Ayunta”.

¿Se imaginan a los ciudadanos tirándose en plancha cual futbolista a la tatayuba y con la palma extendida después del doloroso aterrizaje, diciendo “dame algo, dame algo”? Que estamos en un país de “espabilados” lo sabemos todos. Por eso cuanto antes, urge quitar la tatayuba y quien sabe si se podría reutilizar como pista de descenso de esqui en seco. Con imaginación se resuelve el error, como casi siempre.

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