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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Ley de Igualdad: discriminación legal

Raúl Tristán

viernes, 20 de octubre de 2006, 03:24 h (CET)
El Gobierno aprobó su anteproyecto de Ley de Igualdad en vísperas del Día de la Mujer. Sin duda un golpe de efecto mediático que obligó a redactarlo deprisa y corriendo, sin consultar debidamente a los sectores sociales implicados en algunos de sus artículos.

Pero está visto que los votos se ganan enarbolando actitudes demagógicas, sean éstas las de lograr votantes extranjeros a costa de regularizaciones masivas o el apoyo de la mujer tras idear leyes fuera de todo ordenamiento legal lógico.

Y quiero dejar muy claro, antes que nada. que la igualdad de todos debe darse ante la ley y dentro de ella, y que paridad no es igualdad. Y que la igualdad en la Naturaleza no existe, es una utopía, y no se debe pretender la igualdad entre individuos, sino de oportunidades para esos individuos.

El anteproyecto de "Ley orgánica de Igualdad entre Mujeres y Hombres" (véase que se antepone mujeres a hombres...) se aprobó en Consejo de Ministros antes del verano, para su remisión a las Cortes, no sin antes llevar a cabo ciertas modificaciones .

Ahora, el PSOE espera llegar a un acuerdo con el PP para aprobar una Ley que, encubierta bajo armoniosas palabras cargadas de buenos deseos, que tintada de color rosa parece tan sólo pretender la igualdad real de la mujer, y en realidad esconde una verdadera retahíla de aberraciones que van a ser legalizadas en pro de una discriminación positiva de la mujer, lo que atenta directamente contra los derechos fundamentales de los individuos.

Ya lo he dicho en más de una ocasión: soy un defensor a ultranza de los derechos y libertades individuales, de la no discriminación, de la igualdad de todos ante la ley y las oportunidades, pero la discriminación positiva no deja de ser una discriminación, y lo que es más grave, una discriminación legalizada por el Estado, consentida y promovida por quien debiera ser garante de nuestros derechos y no conculcador de los mismos.

Para que seamos claros, baste decir que, por ejemplo, esta Ley redunda en las mismas irregularidades en las que se incurre en ciertas oposiciones en las que las pruebas del varón son diferentes de las de la mujer, aun cuando por tratarse de bomberos, policías, etc... es de suponer que ambos van a tener que realizar el mismo trabajo, independientemente de su sexo. En esos casos, la discriminación es doble hacia el varón, puesto que aparte de la penalización previa que sufre en las pruebas de ingreso, en el día a día profesional la mujer no realizará las tareas que requieran determinados esfuerzos con los que deberá cargar el varón. Es más, podríamos decir que hay una tercera penalización, la que sufren varones de constitución más débil sometidos a pruebas superiores que aquellas a las que se someten mujeres de constitución fuerte. Un sin sentido se mire por donde se mire.

Y lo se de buena tinta, en primera persona lo sufrí en unas oposiciones a las que por vez primera se presentaban mujeres (y era fundamental, de cara a la opinión pública, que alguna de ellas aprobara). En aquellas oposiciones las pruebas femeninas resultaban ridículas frente a las de los varones, aun cuando se sabía que la labor a desempeñar por hombres y mujeres debía de ser posteriormente la misma, y no iba a estar graduada en función del sexo. Ni que decir tiene que la discriminación positiva, una vez implantada en el proceso selectivo de personal, debe mantenerse a lo largo de todo el periplo profesional de la fémina en cuestión...

Ahora, el Gobierno pretende, por ejemplo, que las empresas asuman una paridad ilógica en sus Consejos, cuando la paridad por ley se enfrenta de cara contra la esencia misma de la empresa:competencia, supervivencia del más apto, sea hombre o mujer. Una prueba más del intervencionismo de este Gobierno en materia empresarial.

La paridad por ley es un atentado contra el libre mercado, contra la libertad del empresario, contra el género masculino y contra la mujer misma.

La paridad por ley no debiera ser respaldada por la sociedad, que debe buscar políticas activas de igualdad no basadas en la discriminación positiva. Sabemos que la evolución de nuestra sociedad en materia de igualdad es lenta. A la maquinaria le cuesta asumir que un hombre y una mujer pueden realizar el mismo trabajo en condiciones iguales con idéntico éxito. Pero no olvidemos que la Igualdad hombre-mujer no se gana a costa de alcanzar una paridad impuesta. ¿acaso no habrá situaciones en las que ninguna mujer de la talla para un puesto, y sólo haya hombres, y viceversa, situaciones en las que ningún hombre de la talla y sean sólo mujeres las que alcancen los puestos relevantes? Debe velarse por la persona, y no el sexo. Los redactores de la Ley son los mayores discriminadores que existen.

Debe instituirse (con independencia del concepto varón-mujer)una verdadera política de conciliación de la vida familiar y laboral, con horarios flexibles en los centros de trabajo, (pero también con horarios adecuados de las administraciones, que dada su frecuente jornada matinal, obliga a solicitar permisos para acudir a consultas médicas, a correos, a trámites tributarios, bancarios,...) con la implantación de guarderías en los mismos, etc...

La igualdad efectiva no se logra con las estupideces formalistas de hablar duplicando las palabras como hace la Ley (las ciudadanas y los ciudadanos...", las extranjeras y los extranjeros...) tan de moda en estos tiempos entre la progresía "desilustrada".

Por cierto, ¿se han dado cuenta de que el anteproyecto se contradice a sí mismo?

"Artículo 3. El principio de igualdad de trato entre mujeres y hombres.
El principio de igualdad de trato entre mujeres y hombres supone la ausencia
de toda discriminación, directa o indirecta, por razón de sexo,...."

¡Señores legisladores, que son ustedes los primeros discriminadores!

"Artículo 5. Discriminación directa e indirecta.

1. La discriminación directa por razón de sexo es la situación en que se
encuentra una persona que sea, haya sido o pudiera ser tratada, en atención a su sexo, de manera menos favorable que otra en situación comparable.

2. La discriminación indirecta por razón de sexo es la situación en que una disposición, criterio o práctica aparentemente neutros pone a personas de un sexo en desventaja particular con respecto a personas del otro, salvo que dicha disposición, criterio o práctica puedan justificarse objetivamente en atención a una finalidad legítima y que los medios para alcanzar dicha finalidad sean necesarios y adecuados.

3. Se considera discriminatoria toda orden de discriminar, directa o indirectamente, por razón de sexo."

Por otra parte, los ámbitos de aplicación de esta Ley son tan diversos y extenso que pronto comenzaremos a sentir sus desastrosos efectos:

** en los órganos de control y de gobierno de los centros docentes

** en los estos directivos y de responsabilidad profesional del conjunto del Sistema Nacional de Salud

** en las actuaciones encaminadas al desarrollo del medio rural

** en la composición del Consejo de administración de la Corporación RTVE

** en la Administración General del Estado

** en las pruebas de acceso al empleo público

** en la adjudicación de plazas para participar en los cursos de formación

** en las Fuerzas Armadas, y de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado

** en la participación de las mujeres en los Consejos de administración de las sociedades mercantiles (con un cupo de representación y un plazo para su cumplimiento)

** en las candidaturas que se presenten para las elecciones de diputados al Congreso, municipales y de miembros de los cabildos insulares canarios en los términos previstos en esta ley, diputados al Parlamento Europeo y miembros de las Asambleas legislativas de las Comunidades Autónomas (que deberán tener una composición equilibrada de mujeres y hombres, de forma que en el conjunto de la lista los candidatos de cada uno de los sexos supongan como mínimo el cuarenta por ciento. Cuando el número de puestos a cubrir sea inferior a cinco, la proporción de mujeres y hombres será lo más cercana posible al equilibrio numérico. También se mantendrá la proporción mínima del cuarenta por ciento en cada tramo de cinco puestos. Cuando el último tramo de la lista no alcance los cinco puestos, la referida proporción de mujeres y hombres en ese tramo será lo más cercana posible al equilibrio numérico, aunque deberá mantenerse en cualquier caso la proporción exigible respecto del conjunto de la lista. A las listas de suplentes se aplicarán las reglas contenidas en los anteriores apartados. Cuando las candidaturas para el Senado se agrupen en listas deberán tener igualmente una composición equilibrada de mujeres y hombres, de forma que la proporción de unas y otros sea lo más cercana posible al equilibrio numérico).

Hagamos notar que para esta Ley, se entenderá por representación o composición equilibrada aquella situación que garantice la presencia de mujeres y hombres de forma que, en el conjunto a que se refiera, las personas de cada sexo ni superen el sesenta por ciento ni sean menos del cuarenta por ciento...

Otra reglamentación curiosa y peligrosa es la que dice

"Se añade un nuevo artículo 22 bis a la Ley 56/2003, de 16 de diciembre, de Empleo, en los siguientes términos:

Artículo 22 bis. Discriminación en el acceso al empleo.

2. En particular, se considerarán discriminatorias las ofertas referidas a uno de los sexos, salvo que se trate de un requisito profesional esencial y determinante de la actividad a desarrollar. En todo caso se considerará discriminatoria la oferta referida a uno solo de los sexos basada en exigencias del puesto de trabajo relacionadas con el esfuerzo físico.”

Señores, si un empresario tiene una tienda de moda joven y femenina, buscará emplear a jóvenes bellas, y si tiene un almacén de despiece de ganado, a hombres fornidos. Eso no es discriminación, sino lógica. Yo no me sentiría discriminado por ello, desde luego. Y además, siempre puede haber casos particulares.

En fin, que pronto tendremos que en empresas, administración etc... se reclamará por ser mujer, por ser hombre, por ser negro, amarillo o colorado, por ser gordo o delgado, por ser calvo por...

Señores (y señoras) yo soy, casi, calvo ¡y me siento discriminado porque no me quieren contratar para hacer un anuncio de un acondicionador!, ¡reclamaré!. Además reclamaré porque midiendo 1,75 /- no me quieren en la Liga de Baloncesto profesional, y me dicen que soy feo para ser modelo, y que no sirvo para cargar en un muelle porque no estoy cachas, y que en Operación Triunfo no me quieren porque no se cantar... ¡En fin, que esta perra vida es una discriminación continua, por uno u otro motivo!
Ahora que lo pienso, voy a demandar a la empresa que no me ha querido contratar como periodista con la excusa de que se requería ser licenciado en Ciencias de la Comunicación, ¡que excusa más mala!, y demandaré también a esa otra que no me contrató por no ser ingeniero... ¡Me siento discriminado intelectualmente! ¡Y además, quiero que, para ser presentador de programas del corazón, no sea requisito imprescindible ser homosexual!

Por desgracia, nos percatamos de que este mal de la demagogia selectiva relacionada con la ganancia de votantes, afecta a otros países también, como es el caso del Reino Unido, donde una Ley pretende eliminar la "discriminación" relacionada con la edad, y por ello impedirá que en las ofertas de empleo figuren términos "discriminadores" como jóvenes, experiencia, madurez, enérgicos... Y lo pero de todo esto es que el origen del mal es la propia Europa, que obliga a sus miembros a aplicar una serie de directivas que se están llevando a extremos rocambolescos...

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