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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El notario de Mas y el Candidato Albert Rivera

Mariano Estrada
Redacción
viernes, 20 de octubre de 2006, 03:20 h (CET)
Empieza la campaña electoral en Cataluña y a Artur Mas no se le ocurre otra cosa que ir al Notario para desmarcarse del PP. Se ve que la palabra de Artur Mas no vale nada por sí misma y necesita apuntalarla con un determinado y absurdo mamporreo administrativo ¿Será que es un mentiroso redomado y de su boca no sale una sola palabra de verdad? ¿O es que quiere anticiparse a los acontecimientos y taparle la boca a un Tripartito que, antes de entrar en harina, ya le estaba acusando de pactar con los expulsados de Tinell, que, como todo el mundo sabe, son gente descomunal, desaforada y tremendamente apestosa? Y uno, en su inocencia, se pregunta: ¿no ha pensado Artur Mas que para taparle la boca al Tripartito no hace falta un notario, sino tres, y que el tres es un número inconveniente porque recuerda inexorablemente las comisiones levantadas en el nombre del Padre, que es Pujol, del Hijo, que es Durán y del Espíritu Santo, que es el propio Artur Mas, heredero universal de la infamia al que nadie se atrevió a levantarle las alfombras porque debajo estaba el Oasis catalán en su desnudez más corrompida, oligárquica e identitaria?

Pero, vamos, querido Artur Mas, tampoco se preocupe usted demasiado. La credibilidad de los otros, los piqué, los maragall, los montilla, los carod, los saura, también está por el suelo, y aún por subsuelo: ése del que Dostoievski escribió hace tiempo una memoria. En la pasada legislatura, engañaron y fueron engañados, mintieron cuanto quisieron, fueron día sin dejar de ser noche, pusieron una pica en Flandes y otra en Jerusalén, rezaron a Dios y al Diablo, fueron zapateristas, catalanistas, nacionalistas, antiespañolistas, independentistas… Y a la hora de la verdad se agarraron al sillón como las lapas se agarran a la roca, máxime si la Roca es un abogado trincón que se lo montó muy bien en Marbella. Lo que pasa es que ellos no han ido al notario para hacerlo público, señor Mas. Usted sí, usted juzgó que era imprescindible un notario para que alguien le creyera. Pero no sé si alguien va a creerle porque todo el mundo sabe que los pactos sólo se hacen cuando los votos de cada partido, sumados, dan mayoría suficiente para formar un gobierno. Y parece que ustedes, a priori, no la daban ni tenían probabilidades de darla. O sea que, en realidad, su verdad se ha convertido en una monda mentira. Eso sí, una mentira con notario.

Sólo me queda decirle una cosa. En estas elecciones, cuya campaña acaba de comenzar, los únicos que se salvan de la mentira son Els Ciutadans de Catalunya ¿Sabe quienes son o se lo explico? Pues mire, no sé si ha oído hablar de un tal Boadella, un tal Arcadi, un tal Pericay, un tal Carreras, un tal Tubau, un tal Rial, un tal Azúa… ¿No ha oído hablar tampoco del Candidato Desnudo, que es una metáfora de lo que ustedes no podrán nunca representar y que en realidad les daña fuertemente los ojos? Se llama Albert Rivera, es catalán, como usted y tiene limpias las manos y los bolsillos ¿Le dice esto algo? Y es razonable y pone a las personas por delante de los territorios ¡Qué cosa, ¿no? A que la mente le hace a usted chiribitas!

Señor Artur Mas: debería usted tomar nota, ya que no ejemplo, de este chico desnudo y ciertamente alegórico, porque hacía mucho tiempo que en Cataluña no hablaba nadie tan claro. Y no sólo es que Els Ciutadans se salven de la mentira, es que están diciendo grandes verdades. Sobre la corrupción, de la que usted sabe mucho, sobre la ferramalla radicalista, sobre los abusos y obscenidades del Tripartito, sobre España, sobre Cataluña. Y especialmente sobre la forma de afrontar los problemas y necesidades reales de la gente, de armonizar la convivencia y de clarificar conjuntamente el futuro. En fin, que sólo están diciendo verdades elementales, pero que han estado mucho tiempo tapadas por una capa rancia de nacionalismo excluyente y de sectarismo absolutista. Y ya ve, para decir esas verdades no necesitan notario. Es una lástima que ustedes, los nacionalistas de toda laya y el gobierno de Cataluña, les marginen y les ninguneen hasta el punto de negarles no ya el pan y la sal, sino el derecho a existir, a caminar y a expresarse. Ustedes y los medios de comunicación a los que ustedes dan cacahuetes y palomitas todos los días y una buena dosis de adormidera para poder sobrellevarse a sí mismos.

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