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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

En el 46º aniversario de la nueva representación de Yerma

Francisco Arias Solís
Redacción
viernes, 20 de octubre de 2006, 03:20 h (CET)
“En el río de la sierra
la esposa triste se bañaba.
Por el cuerpo le subían
los caracoles del agua.”


Federico García Lorca. Yerma.

Se cumplen ahora cuarenta y seis años de una fecha que quedó anotada en nuestra memoria: 21 de octubre de 1960. La noche de ese día se representó nuevamente en Madrid –en el teatro Eslava; los actores principales: Aurora Bautista y Enrique Diosdado, sus protagonistas-, el admirable poema dramático de Federico García Lorca. Yerma. Desde la guerra civil española, desde la muerte del poeta “en su Granada”, su teatro solamente había tenido, mejor diría sufrido alguna esporádica representación limitada, condicionada, cerrada, para una minoría.

Aquella representación de Yerma en Madrid fue un acontecimiento teatral. Por fin, reaparecía una obra dramática de García Lorca en un teatro español, después de tantos años de haberse desterrado su nombre de todos nuestros teatros, mientras recorría triunfalmente el mundo con las representaciones constantes de sus obras durante todo ese tiempo. La fuerza dramática de Yerma se impuso desde los primeros instantes a un público cuya respuesta se esperaba con inquietud, por unos y por otros, y con un doble significado, que llamaremos con franqueza poético y político. El alcance político del éxito se manifestó ostensiblemente por el entusiasmo con que el público exaltaba a gritos el nombre del poeta, cuando, en homenaje a su recuerdo, apareció la escena vacía al final; y el poético fue tan poderoso y evidente que, en la noche de su primera representación, veíamos aplaudir con entusiasmo poético hasta los policías, que ocupaban una parte bastante numerosa de las localidades.

El éxito fue escandaloso y de la mayor eficacia; porque eludiendo manifestaciones de provocación fácil, se hizo más intenso con la afirmación fervorosa, de adhesión de un público auténtico que reconoce en la voz de esta poesía la de aquella figura inocente sacrificada. En el teatro se oía la voz viva del poeta granadino. Y parece como si al oírla despertasen muchos españoles dormidos. Viejos y jóvenes.

Siempre pensamos que lo que ha dado origen al inmenso éxito y consagración universal de esta poesía dramática de Lorca es su viva sustancia española tan profunda y tan arraigada en lo más singular y único de lo popular andaluz. Lo que presta a esta poesía dramática y teatral de Lorca su fisonomía singularísima es la autenticidad, la veracidad de su propio logro poético. La voz de una poesía enteramente simple, natural, diríase que desnuda, encarnada por ese misterioso oscuro y vibrante acento popular español, andaluz. La poesía dramática de este teatro de Lorca vale sobre todo por la pureza de su voz lírica y por la radical originalidad andaluza.

La juventud española “escandalizada” por la voz viva del poeta despertó en aquel teatro Eslava de Madrid. Y gritaba: ¡Viva Federico García Lorca! Cada vez que el telón se alzaba , al final, sobre un escenario vacío.

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