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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Cumpleaños de la Ford

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 20 de octubre de 2006, 03:24 h (CET)
Allá por el año 1973 España era un país donde el rendimiento empresarial estaba asegurado. El poder estaba en manos de un anciano militar, los sindicatos de clase y reivindicativos vivían bajo el temor de la prohibición y el de tener a sus lideres en la cárcel y la clase trabajadora comenzaba a descubrir las “excelencias” de hipotecarse y comprar una segunda residencia para los fines de semana. Por aquellas calendas los españoles éramos el equivalente a lo que en el mundo globalizado de estos días son Polonia, Rumania o Bulgaria, un vivero de fuerza de trabajo barata y domesticada. Y es en este contexto socio-político en el que un Henry Ford decide aprovechar las facilidades dadas por las autoridades y crear, entre naranjos, una factoría para fabricar los míticos vehículos de la firma americana.

Recuerdo aquellos días de hace ya muchos años. La población andaba revolucionada ante la perspectiva de trabajar para la industria yanqui. Aquello parecía un seguro de vida: una empresa moderna y un buen salario, ese era el sueño de muchos españolitos en aquel año en que por primera vez supimos en España de la crisis del petróleo aunque nadie hizo caso de ella. En la Cámara de Comercio de Valencia se amontonaban las solicitudes para entrar a trabajar en la futura factoría de Almussafes y para los valencianos aquello se convirtió en un nuevo “Plan Marshall” pero esta vez, al contrario que en la película de Berlanga, los americanos iban a hacer parada y fonda en nuestra tierra. Algunos de mis compañeros de facultad se hicieron con los puestos de capataces ahora disfrazados bajo el pomposo nombre de “recursos humanos”. Hoy son prejubilados de oro dedicados al cuidado del pequeño huerto de naranjos que pudieron comprar gracias a la magnimidad de un Ford.

Y mientras se construía la factoría España fue cambiando. Murió Franco, y una estrecha rendija de libertad comenzó a abrirse en el mundillo laboral, los sindicatos continuaban prohibidos pero sus lideres comenzaban a salir de Carabanchel o La Modelo. Un día de mediados de octubre de ahora hace treinta años, y ante la presencia de Juan Carlos I, que ya no era “el breve” como una parte de la oposición le había bautizado en Noviembre del 75, salía de las cadenas de montaje el primer vehículo fabricado en Almussafes. Desde aquel lejano día la fábrica de Ford en tierras valencianas ha sido uno de los más importantes motores de la economía valenciana. Trece millones de vehículos han sido fabricados desde aquella lejana fecha de hace treinta años, más de un 60% han sido exportados y al rebufo de la fábrica de Ford se ha creado todo un entramado de empresas auxiliares que dan empleo a miles de trabajadores.

Pero el tiempo de atar los perros con longanizas está llegando a su fin. Las cuentas de resultados de las multinacionales del automóvil comienzan a dar números rojos y los accionistas no están dispuestos a seguir aguantando pérdidas año tras año. Quizás debido a ello, en la celebración del treinta aniversario de la salida de aquel primer Ford Fiesta de la factoría valenciana, el President de la Comunitat, Francisco Camps, ha anunciado una visita a Detroit para pedir a los dirigentes de la multinacional que Almussafes siga siendo la referencia de Ford en Europa. Difícil lo va a tener. Ahora nuestros competidores son la globalización, que no entiende de fronteras económicas, y los viejos países del Este de Europa o el Magreb donde los trabajadores son más dóciles que por estas tierras y en los que producir un coche es mucho más económico. Nuestros grandes terratenientes ya andan plantando naranjos en el Norte de África o comprando tierras por Turquía para producir más y a mejores precios, así que no nos extrañemos si dentro de diez años no podemos celebrar los cuarenta años de la factoría Ford en España y sus dirigentes están en Polonia o Rumania celebrando el quinto aniversario de su establecimiento en aquellas tierras. Es la globalización, imbécil.

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