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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La campaña de recaudación de fondos de Orange

María Amador Jiménez
Redacción
jueves, 19 de octubre de 2006, 01:43 h (CET)
Después de pocos meses usando una tarifa plana de la ya absorbida Wanadoo para conectarme a Internet, y dado que iba a mudarme, decidí darme de baja de sus servicios. Un empleado, telefónicamente, me indicó cuál iba a ser el importe de la baja y el día en que se iba a ser efectiva. Lo pagué sin poner objeciones, y me olvidé del asunto.

Ayer, sin embargo, recibo una carta de la todopoderosa Orange reclamándome una deuda pendiente de 16,12 €; en la misma, no se molestan en indicarme el periodo facturado que (presuntamente) no pagué. Sin embargo, me amenazan con incluir mis datos en una suerte de registro de morosos: una lista negra que te impide pedir créditos para cualquier cosa (comprarme una moto, financiar un portátil, hacer un viaje o lo que sea).

Extrañada, reviso todas mis facturas (ya Wanadoo y Uni2 cometían tropelías con sus sistemas de Cobros: desconectaba líneas de teléfono por ficticias faltas de pago, etc, por lo que las guardaba y las pienso conservar hasta que pasen seis años, tiempo en el que según la ley ya es imposible denunciarme por impago, tanto real como, en este caso, supuesto) y no veo ningún sin su correspondiente factura.

Así pues, llamo al número que me indican (ambos, un 902), lo que me supone unos seis minutos hablando con un agente que, por otra parte, no tiene culpa de nada, pero que no me da un número de referencia de mi queja, lo cual constituye una obligación.

Las instrucciones del agente son enviar a un número de fax (otro 902) una carta con fotocopia del recibo del periodo pagado y mis datos.

En resumen: a la llamada que me veo obligada a hacer por una incompetencia más que evidente, se le suma el importe del fax, el tiempo invertido y la ofensa hacia mi persona.

Voy más allá: si bien yo me he dedicado a indagar ya que, afortunadamente, guardo todos mis recibos, habrá miles de personas que hayan tragado para no verse incluidos en dicha lista. Cuando la incompetencia es de tal calibre, delgada es la línea que separa la estafa del error.

No es de extrañar que haya mucho de desacreditación hacia Orange en estos párrafos, no en vano, ellos intentaron desacreditarme e incluso condenarme, colgarme un San Benito por unos 16 € que ya había pagado; no en vano, me han amenazado, simplemente por haberme dado de baja de sus servicios.

No es de extrañar, por lo tanto, que les desee que acaben su campaña con el mismo pie que la han empezado, al menos conmigo.

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