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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Plaguicidas y cáncer

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 19 de octubre de 2006, 01:43 h (CET)
“Yo sé los nombres extraños
de las yerbas y las flores,
y de mortales engaños,
y de sublimes dolores.”


José Martí

Varios estudios epidemiológicos han investigado la relación entre la exposición a plaguicidas y el desarrollo de procesos cancerosos, observándose que en las poblaciones rurales la distribución de los lugares de aparición de cáncer es distinta a otros grupos de población, habiéndose encontrado una baja incidencia de neoplasias asociadas al tabaco y un elevado riesgo de tumores de otras localizaciones, tales como el estómago, próstata, piel, tejido linfático... Otros investigadores han añadido otras localizaciones y tipos de tumores como el mieloma múltiple, el reticulosarcoma, el linfosarcoma, y otros linfomas. También se ha sugerido la existencia de una relación entre la localización del tumor y algunos compuestos químicos usados con frecuencia en la agricultura. Algunos autores señalan que la exposición a los derivados organoclorados y otros plaguicidas puede causar leucemia y anemia aplásica.

No obstante, la información obtenida hasta el momento parece insuficiente y se necesitan datos adicionales. Sin embargo, las anteriores consideraciones aconsejan el desarrollo de un plan de seguimiento y de prevención primaria del cáncer en este sector.

El estricto cumplimiento de las normas sobre la comercialización, distribución y almacenamiento de los plaguicidas y, muy especialmente, las referidas a los plaguicidas clasificados como tóxicos y muy tóxicos contribuirá a minimizar los riesgos que posteriormente se derivan de las manipulación.

La mayor exposición a los plaguicidas por parte de los trabajadores agrícolas se debe, en muchas ocasiones a una incorrecta utilización del producto, fruto de un desconocimiento absoluto de los efectos que para la salud originan estos compuestos. La adecuada utilización de los plaguicidas conllevará una disminución de las consecuencias adversas que se derivan de un uso inapropiado. Tanto las aplicadores como el personal de las empresas dedicadas a la realización de tratamientos con plaguicidas, deberán haber superado los cursos de capacitación homologados que establece la actual normativa reguladora. La utilización de prendas de protección personal por parte de los aplicadores de plaguicidas constituye sin duda uno de los mejores medios preventivos frente a cualquier acción agresiva de tales productos.

La falta de valores límites para muchos de estos productos y la inexistencia de métodos de muestreo y análisis para su control en la atmósfera de trabajo, y su aplicación muchas veces en espacios abiertos, constituyen serios obstáculos para poder hacer un adecuado seguimiento de la exposición a los mismos.

A estos inconvenientes hay que añadir también la ausencia de unos buenos indicadores biológicos, pues si bien la inhibición de acetilcolinesterasa pueda relacionarse con una experiencia aguda o subaguda a derivados organofosforados y a carbamatos, no se han definido indicadores fiables para otras familias químicas de plaguicidas como los organoclorados.

Ante tal situación, la medida más eficaz se centra esencialmente en realizar un seguimiento médico de las personas implicadas en la manipulación de plaguicidas, con una doble finalidad: Informar a los usuarios de los riesgos para la salud que comportan y realizar exámenes de salud orientados a descartar la presencia de afecciones neoplásicas o detectarlas en estadios muy precoces. Y es que, como dijo el poeta: “Mira si será sencillo / lo que primero está verde / luego se pone amarillo”.

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