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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El esquilache de las togas

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
jueves, 19 de octubre de 2006, 01:43 h (CET)
Esquilache prohibió las capas y los sombreros redondos amotinándosele el pueblo, teniendo que poner pies en polvorosa. En pleno siglo XXI la retórica de quien manda en los fiscales españoles, prosa el pasar de las togas por el polvo del camino ante la rendición gubernamental a ETA, por dejar de matar a cambio del cumplimiento de sus objetivos. Ordenes son ordenes, las verbales sobre todo, si no que se lo digan al dimisionario Fungairiño por no tener la confianza de Conde-Pumpido. Nadie se quita las togas ante el aviso de que nadie se mueva en la foto, de la doctrina jurídica ad hoc pregonada mediáticamente por el fiscal general. La vis atractiva judicial funciona de forma perversa de lo civil sobre lo penal, las costumbres y hábitos del momento del tres del código civil. Creía que era al revés, esperemos que las costumbres no sean como la de los castigos islamistas a los homosexuales.

Esperemos que no se amotinen de nuevo por las togas polvorientas que su semilla ponen en la tabla de dividir: de 200 años para los "borrokos" a 14; de 96 años para el tramposo comedor de bocadillos en huelga de hambre, en seis que serán dos efectivos. La justicia nunca supo de ciencias exactas y las matemáticas.

Esquilache prohibió las capas y sombreros porque servían para ocultarse, hoy las togas están en auge para exhibirse a pecho descubierto. La doctrina hecha pública, pruebas de las ordenes ninguna por escrito. Esa valentía de los fiscales cuando juraron el cargo no se corresponde con la entereza para solicitar firmado y con letra impresa el mandato jerárquico. El pueblo con Esquilache se amotinó por los precios del trigo y tuvo que intervenir el Rey. Aquí el trigo no falta tanto como para amotinarse contra el deterioro de las instituciones que sostienen el Estado. El poder adquisitivo de las familias merma. Cuando la proporción sea límite, entonces es cuando el pueblo siempre despierta. La justicia siempre está en la cola de la valoración de las instituciones, Cándido Conde-Pumpido le da el empujoncito para que de ahí nunca salga.

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