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Etiquetas:   Reseña   Literaria   -   Sección:   Libros

Marcel Proust sigue fascinando con su monumental obra 'A la busca del tiempo perdido' en el primer centenario de su publicación

Una agenda del autor, que se creía perdida, revela nuevos e intrigantes datos de dicha heptalogía famosa
Ana Alejandre
lunes, 31 de marzo de 2014, 07:13 h (CET)
Marcel Proust (1871-1922), escritor francés, autor de la famosa y monumental obra ‘En busca del tiempo perdido’ (1913-1922) que comprende títulos tan emblemáticos como ‘Por el camino de Swann’ (1913), A la sombra de las muchachas en flor (1919), las partes tercera y cuarta, ‘El mundo de los Guermantes’ (2 volúmenes, 1920-1921) y Sodoma y Gomorra (2 volúmenes, 1921-1922) y considerado uno de los escritores más importantes de la literatura mundial de todos los tiempos, ha vuelto a ser noticia de nuevo -después del primer centenario de la publicación de la heptalogía antes mencionada que lo hizo famoso, centenario celebrado en Francia con todos los honores que han ensombrecido otras conmemoraciones coincidentes en el tiempo como han sido las de la publicación de Le Grand Meaulnes de Alain Fournier o Alcools de Guillaume Apollinaire-, por un asunto aparentemente trivial, pero igual de fascinante y un tanto misterioso como ha sido el hallazgo de su agenda privada a la que se consideraba perdida y que ha aportado también nuevos misterios y aumentados los existentes en relación con la obra proustiana.

Curiosamente, esta obra considerada cumbre de la literatura universal, fue publicada el 13 de noviembre de 1913, en su primer título de los siete que la componen ‘Por el camino de Swann’, publicación pagada por el propio autor, después de que la editorial Gallimard la hubiera rechazado porque André Gide, después de una lectura poco profunda del manuscrito porque consideró que la obra era frívola e inconsistente.

Toda la obra de Proust ha sido objeto en este último año y continúa incesante, además de los muchos homenajes, de infinidad de estudios, comentarios, tesis sobre el fascinante mundo proustiano, pues su fama universal atrae cada día más, tanto a lectores franceses como de otras lenguas, fascinados por unas novelas que son muchas al mismo tiempo y permiten distintas lecturas siempre inacabadas por la infinidad de matices que ofrecen.

El conservador-jefe del Servicio de Manuscritos Modernos y Contemporáneos de la Biblioteca Nacional de Francia. Gullaume Fau, institución que adquirió dicha agenda en octubre de 2013, gracias al apoyo económico del Círculo de Mecenas de la mencionada biblioteca, ha afirmado que dicha agenda es el documento más antiguo que existe sobre el universo de Combray, la primera parte de ‘Por el camino de Swann’.

Dicha obra fue adquirida en una subasta, en abril de 2013, celebrada en la famosa casa de subastas Christie's, en París, por un rico coleccionista francés, ya que su precio ascendía hasta los 100.000 euros. Entonces, la Biblioteca Nacional de Francia no pudo adquirirla por su excesivo precio, y hasta el mes de octubre pasado, gracias al mecenazgo recibido, la biblioteca no pudo hacerse con dicha preciada obra, que ha sido un verdadero descubrimiento para los estudiosos de Proust por los muchos datos que aporta, además de que se desconocía su existencia hasta el mes de abril de 2013 cuando salió a pública subasta.

Dicha agenda, forrada en cuero granate, con unas medidas de 99 x 60 milímetros y 80 páginas, editada por la casa inglesa Kirby Beard, y correspondiente sus apuntes al período de 1908 a 1911, aún no ha sido estudiada completamente y todavía se está digitalizando para que el público pueda leerla en dicho formato. Parece ser que el escritor no la utilizó como agenda o diario, sino como cuaderno de apuntes en el que vertió datos muy interesantes para estudiar la obra de Proust, especialmente la obra magna ‘En busca del tiempo perdido’.

Por el hecho de que se conservan perfectamente los 122 cuadernos, manuscritos, distintos borradores, páginas mecanografiadas y galeradas corregidas de la citada gran obra, se considera que dicha agenda puede ser la matriz de lo que después sería el corpus de la misma, en la que figuran nombres propios pero inventados por Proust, términos arquitectónicos, botánicos y gastronómicos que cualquier lector avezado de la obra de dicho escritor puede reconocer fácilmente y que son determinantes para configurar el peculiar universo proustiano.

En esta agenda se aprecia la obsesiva meticulosidad de Proust al hacer interminables relaciones de nombres y entre ellos escogía el que mejor se adecuara a cada personaje en cuestión, todos ellos de la alta aristocracia parisina de la época. Como ejemplo puede servir el personaje de la llamada marquesa de Chaussegros que, por los apuntes realizados por su autor, pudo llamarse también Chaussecourt, Chaussseville o incluso Chaussepierre; o el caso del personaje de madame de Gaucourt, el escritor también sopesó otros posibles apellidos como son Lerancourt y Gaudricourt.

Si al principio hablaba del misterio que siempre ha rodeado a la obra de este insigne escritor, éste ha aumentado sobre todo con el hallazgo de esta agenda y la consiguiente lectura de cuatro misteriosas páginas de la misma en las que Proust habla de los cuatros días en los que realizó el seguimiento de una mujer por las calles de París. Parece ser que los días fueron entre el 11 al 14 de agosto de un año no concretado, pero que tuvo que ser entre 1906 y 1908. El seguimiento comenzó y finalizó en la estación ferroviaria de Gare de l'Est, y en el transcurso de la misma tomó varios taxis. El misterio que nace de estas cuatro páginas es la identidad de esa mujer misteriosa y cuál fue el motivo de que la siguiera. Los estudiosos de la biblioteca ahora propietaria de la agenda se inclinan por la hipótesis de que dicha mujer podría ser Laure Hayman, que inspiró el personaje de Odett de Crêcy, aunque Fau es partidario de que pudiera ser Albertina Simont una de "las muchachas en flor", que el escritor conoció en sus viajes estivales a la estación balnearia que bautizó con el nombre figurado de Balbec, inspirada en los balnearios reales de Cabourg (Calvados, Normandía) y Beg Meil (Finisterre, Bretaña), que visitó de joven. Dichas muchachas fueron el detonante de una atracción irresistible, pero no exenta de morbosidad, por las relaciones ambiguas que tenían estas amigas entre sí que despertaron en Proust unos celos indiscutibles e irrefrenables.

El tema de los celos y el deseo insaciable de la posesión amorosa que estos siempre denotan, formaron parte de la obra de Proust en títulos como ‘La prisionera’ (1923) y también en ‘La desaparición de Albertina’ (1925), que aunque escritas en años posteriores a la heptalogía de En busca del tiempo perdido, demuestran que esa idea obsesiva de los celos ya existía en la mente del escritor muchos años antes de que aparecieran reflejados en otras novelas posteriores.

La fascinación que provoca en el gran público es sorprendente porque sus obras más famosas que componen la heptalogía mencionada, fueron escritas hace un siglo por un escritor que, además de pertenecer a una clase privilegiada económica y socialmente, padecía una enfermedad crónica como es el asma y vivió enclaustrado 14 años de su vida (1904-1919) en un apartamento del primer piso del 102 del bulevar de Haussmann, escribiendo de forma compulsiva, siempre acostado, consumiendo morfina, opio y café a los que era adicto.

Parece paradójico que su ascendencia social, su hipocondría y extraño tipo de vida no haya sido óbice para que los lectores de todo el mundo sientan esa fascinación por su obra, en la que se advierten por igual la fascinación, el misterio y la morbosidad de un talento creador inigualable, que supo crear un mundo personalísimo en el que se movían extrañas y etéreas criaturas, aristócratas, artistas, diletantes y snobs que configuran uno de los universos literarios más atractivo, decadente pero sugestivo y atrayente para el gran público, ahíto de vulgaridad, ramplonería y simpleza de un mundo tecnificado en el que cada vez es más difícil soñar y encontrar en él los fascinantes personajes que habitan el siempre inigualable y misterioso mundo proustiano.

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