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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Otro cadáver en el armario de Zapatero

Raúl Tristán

martes, 17 de octubre de 2006, 23:50 h (CET)
Ibarra, el chivo sabio de la barba anciana, el socialista convencido, el aguerrido barón de lengua rauda y afilada cual cimitarra, Ibarra, el extremeño de pata negra, el jabalí "jarto" de patear los encinares de las dehesas, el español sin alharacas, el político campeón, el victorioso Presidente ad infinitum, ha caído. Requiescat in pace por una de nuestras escasas esperanzas. Esperanzas de que los barones del PSOE, ese Consejo de Sabios siempre dispuesto a moderar los discursos de su cabeza visible, prestos a tirar de la oreja al candidato presidencial (o presidente) de turno, raudos a la hora de escupir sus verdades como si fueran dogma de fe, sentando cátedra, digo que ese ente superior por todos reconocido como "los barones del PSOE" tiene firmada el acta de defunción. Y ha sido nada más ni nada menos que "el bambi", la mosquita muerta que parecía no haber roto un plato en su vida, que daba largas charlas sobre talante y concordia, quien les ha dado "el pase a la reserva".

Una vez más, Zapatero lo ha conseguido. No sé qué tipo de artimañas, qué clase de inconfesables argucias, qué retorcidas amenazas puede emplear para que, uno tras otro, los grandes nombres del socialismo acaben arrugándose, cual débil papel de aluminio, ante la figura misteriosa, impenetrable, ilegible del Presidente Zapatero.

Redundamos en el listado de "fallecidos" nombrando a Vázquez, Bono, Díez... y añadiendo a Ibarra a la lista adornada con un crespón negro que debe decorar la pared del cuarto de baño, allá sobre la taza del water, del despacho de Zapatero. En esa lista merece un lugar de honor Maragall, el hombre cuya errática política en estos tiempos se comprende mejor si se analiza desde los últimos datos por él revelados: hacía ya mucho tiempo que Zapatero le había marcado con el hierro de los apestados, de los indeseables, el hierro que sólo un Judas puede blandir con terrorífica habilidad: no te quiero a ti, eres un repudiado, mi hombre en Cataluña es Montilla... Con esas perspectiva deberíamos hacer un monumento a Maragall, por su tenaz resistencia al acoso y derribo al que habrá tenido que hacer frente durante todo este tiempo.

Vázquez, Bono, Díez, Ibarra, Maragall...

Limpieza de sangre en el PSOE, condena de muerte a los hombres (y mujeres) honrados, escarnio público, pública ejecución.

Zapatero, Blanco y Montilla deben de estar en estos momentos brindando con una copa repleta de mala baba, para celebrar sus continuados triunfos.

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