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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Están en Babia los del PP? Mientras se miran el ombligo España se cuartea

“El hombre que difiere su acción siempre andará luchando con su propia perdición”, Hesíodo
Miguel Massanet
domingo, 30 de marzo de 2014, 14:40 h (CET)
Mucho nos tememos que, en el PP, las aguas andan revueltas y que, el modo de hacer política del señor Rajoy, empieza a causar desazón, no sólo a los miembros de la propia directiva del partido sino, y esto es lo más preocupante, a una gran parte de los que le votaron, que no acaban de entender que, en temas tan importantes para el país como son el desafío catalán, la seguridad de los españoles, el desmadre provocado en las calles por miles de manifestantes que utilizan el vandalismo y la fuerza para reclamar contra el gobierno o el mismo tema de la defensa de nuestras fronteras, puesto en cuestión no sólo desde los hipócritas de Bruselas si no que, para mayor vergüenza, de los mismos españoles que desde los mismos partidos políticos de izquierdas ¬-que no dudan en dejar en mal lugar al país con tal de conseguir desgastar al partido en el gobierno – no han dudado en reclamar contra los presuntos “abusos” de nuestra policía y Guardia Civil..

Quizá, en el lugar en el que se va desarrollando la mayor batalla política es en la comunidad madrileña, aunque en el País Vasco también existen tensiones ante el modo de entender la forma de hacer oposición de la señora Arantza Quiroga vs. el presidente del PP alavés, señor Alfonso Alonso o el de la señora Alicia Sánchez de Catalunya, protegida por el señor Rajoy pero que, para muchos, no tiene la talla para enfrentarse con energía y solvencia con unos separatistas dispuestos a hacer valer sus aspiraciones, aunque ello suponga saltar por encima de las leyes españolas. En Madrid, la chispa ha saltado con motivo de los penosos sucesos del 22 de marzo cuando la alcaldesa, Ana Botella, ha pedido que se acoten lugares para manifestarse o que se tomen medidas para impedir que, las continuas manifestaciones que tienen lugar en la capital, acaben con la paciencia de los madrileños o arruinando a los comerciantes que tienen sus establecimientos en el centro de la ciudad.

Podemos estar de acuerdo en que, en un partido político, puedan existir distintas sensibilidades políticas, pero lo que no podemos compartir es que, mientras se está poniendo en cuestión la unidad de España, se arrecien las amenazas de una escisión unilateral, sigamos haciéndoles el paripé a los independentistas cediendo a su chantaje económico; dejando que sigan amenazando al Estado de Derecho, permitiendo que se pongan en cuestión e incumpliendo las resoluciones de nuestros tribunales de Justicia y los fallos del TC.

El error de principio del señor Mariano Rajoy fue formar un gobierno en el que se excluyeron directivos de gran experiencia, se postergaron figuras de gran solvencia y preparación y se prescindieron de personas de prestigio, como fue el caso de la señora María San Gil, el señor Iturgaiz o el mismo Mayor Oreja; verdaderos expertos en la cuestión vasca, que fueron apartados sin contemplaciones para ser sustituidos por novatos que sólo han sabido estar a las órdenes del PSV o ahora del PNV; sin que hayan logrado más que perder posiciones en aquella autonomía. Tendremos que reconocer que, la forma de gobernar individualista que está practicando el señor Rajoy, se asemeja a la del señor Rodríguez Zapatero, cuando dejó de escuchar a sus propios consejeros para convertirse en protagonista exclusivo del gran fracaso de la política socialista.

Porque, señores, ya no se trata de que los que votamos al PP estemos en ayunas de todo lo que se está maquinando en la cúpula del PP que, en cierta manera, entraría dentro de lo habitual, nunca de lo normal, en casi todos los gobiernos que lo han precedido; sino que, a la vista del despiste de muchos de los ministros y otros altos cargos, parece que nadie está al tanto salvo, quizá, la señora Sáez de Santa María, de cuando se va a dar a conocer el aspirante al Parlamento europeo – una táctica que, a primera vista, parece casi un suicidio, salvo que tenga algún as escondido en la manga – Por otra parte no somos capaces de entender como se siga tolerando que, el señor Mas y sus correligionarios, evidentemente en las manos del señor Junqueras de ERC; siga engañando al pueblo catalán, después de que el TC haya dejado claro que la declaración del Parlament catalán es nula y no tiene efecto alguno.

Como siempre, está fallando la comunicación, las explicaciones y la difusión del por qué la comunidad catalana no puede subsistir fuera de España. La Cámara de Comercio catalana ha salido disparada para decir que una Catalunya independiente es posible, económicamente y financieramente considerada; que estarían en condiciones de subsistir por sí solos. El Gobierno no ha sido capaz de salir a la palestra para contrarrestar esta noticia, para desmentir dicha afirmación e invalidar su efecto con unas cuantas preguntas, como, por ejemplo: ¿cómo podría Catalunya, sin la ayuda de España, pagar la deuda de 50.000 millones que vienen arrastrando de tiempos del Tripartit?, ¿cuáles serían los impuestos que gravarían a los catalanes si ahora, antes de conseguir la independencia, ya es la comunidad en la que más carga fiscal se soporta?, ¿Cómo serían capaces de pagar las pensiones a jubilados e inválidos o viudas, si ahora no pueden atender los pagos a sus proveedores, a pesar de las ayudas que consiguen del FLA y otras partidas estatales para cumplir, aunque sea tarde, con sus compromisos?, etc.

Esta abulia, esta idea que, al parecer, sostiene el señor Rajoy de que sólo hay que darle tiempo al tiempo para que el problema del independentismo catalán se extinga por si solo o que, si se les da una buena financiación, cejaran en sus pretensiones separatistas y volverán mansamente al redil o que, en el peor de los casos, suspendiendo por unos meses la autonomía catalana ya sería suficiente para erradicar, para siempre, esta obsesión de los catalanes. Puede que si, al principio de esta locura, cuando Artur Mas lanzó su primer desafío, el Gobierno hubiera mostrado su energía haciendo que se cumplieran las sentencias del TC y de los tribunales sobre la enseñanza del castellano; hubiera obligado a que en las escuelas se aplicara, en toda su extensión, la enseñanza de castellano y catalán por igual o se hubiera puesto coto a la serie de actuaciones de tipo nacionalista que tuvieron lugar, impunemente, en la autonomía catalana; es posible, que una actuación firme y decidida del gobierno Central, hubiera cortado la deriva del nacionalismo, impidiendo que se fuera propagando más entre la población y contribuyendo a que, el sentido común, se impusiera en aquellos catalanes menos fanáticos.

Mucho nos tememos que, en el estado actual de la situación en Catalunya, el convencimiento de una gran mayoría de que es posible la separación de España que, a su criterio, les está robando; el efecto extendido de una propaganda demagógica, llevada a cabo con insistencia y en todos los medios de comunicación catalanes; las campañas en pueblos y ciudades de grupos de activistas bien entrenados; han conseguido que lo que hace unos años se limitaba a un 20 o un 30% de la población en estos momentos haya subido a más de un 60% de apoyo a la causa; lo que, sin duda alguna, se va a reflejar en las próximas elecciones. Luego, los del señor Mas y Junqueras esgrimirán ante Europa la mayoría que hayan conseguido en las urnas. No necesariamente en una consulta sobre el derecho a decidir, sino en las elecciones que, con todo seguridad, va a convocar Mas, si le deniegan su consulta soberanista. ¿Está el Gobierno a la altura de las circunstancias? Mucho nos tememos que no. O así es como lo veo, señores, desde la óptica de un simple ciudadanos de a pie.
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