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'Miami Vice', de Michael Mann
Gabriel Ruiz-Ortega
Michael Mann es un director de cine que siempre ha mostrado una obra solvente en medio de una industria acostumbrada a engrosar las cuentas corrientes con bodrios visuales. Mann es responsable de memorables trabajos como El informante (1999) y Colateral (2004). Sin embargo, los inicios en la carrera de este buen director estuvieron afincados en las teleserie, por lo tanto, no es una locura pensar que haya estado lucubrando la idea de llevar a la pantalla la teleserie que lo hizo conocido, la misma que se volvió un referente del imaginario televisivo en la década del ochenta del siglo XX: Miame Vice.
Mann esperó el tiempo prudencial para el abordaje de esta serie, y lo entiendo; últimamente –gracias al apuro- las series encumbradas están siendo víctimas de la parodia por la falta de esa distancia temporal que solo los cineastas serios, con una propuesta estética y temática pueden darse el gusto de abordar.
En esta adaptación al cine de Miami Vice tenemos a un par de actores que se lucen en los papeles de Sonny (Colin Farell) y Tubbs (Jaime Foxx), prácticamente estos actores hacen gala de un detalle que dichos personajes no exhibían en la versión de TV: inteligencia. Aquí se les nota serios, calculadores, cínicos y con alta dosis de amoralidad. No los vemos tras las búsqueda de mujeres, no notamos el glamour barato de discoteca, no percibimos lo etéreo de los diálogos inanes.
Los sucesos que viven estos dos protagonistas yacen en el gran tema de Mann a lo largo de toda su filmografía: la lucha entre la ley y la corrupción, en la que vemos esta lucha –en más de una ocasión- invertida, donde para derrotar al mal hay que vestirnos con su ropaje también. Sin embargo, algo ocurre, este trabajo no llega a cuajar del todo pese a que el guión es ideal, el trabajo de fotografía impecable entre el juego de azul, rojo y azul acerado. Y es aquí que notamos que el capricho de Mann le pasó la factura al insertar a Isabella (Gong Li) como una seductora mujer de negocios que tiene como esposo a Jesús Montoya (Luis Tosar), líder de una red de narcotraficantes colombianos. Si Mann quiso colocarle la cuota de romance al paso en su cinta con la idea de respetar la línea de fondo de la teleserie, pues, a secas, se equivocó, puesto que Isabella es tan vacía como fría, tan carente de ese aura de seducción que una adaptación como esta se merecía.
Recordemos que Gong Li es una de las grandes actrices del cine chino, todos la recordamos en ese papel magistral en Adiós a mi concubina, de Zhang Yimou, pero en esta película –paradójicamente- ella representa el primer escollo estructural de la misma porque Mann -para justificar su presencia- se vale de los lugares comunes apelando a las secuencias de fórmula y a innecesarios cambios de locaciones con el fin de dar por cerrado el romance entre ella y uno de los policías, quienes camuflados ingresan a esta red de narcos con el objetivo de desbaratarla desde adentro.
Sin embargo, Miami Vice hace gala de una narración pulcra, de un tiroteo final para recordar y de un desenlace inteligente, tan inteligente que ello pueda explicar el fracaso que la película ha tenido en USA. Pero Mann es de esos hechiceros de la imagen que dejan un algo más, algo más que permite que este trabajo no quede en el olvido porque –al igual que otros filmes suyos- hay un crisol de conceptos paralelos o subrepticios que se mueven en MV, crisol de conceptos que la alejan de la única visión cinemera, lo cual, exige que esta sea vuelta a ser apreciada y comentada con la objetividad que depara la distancia temporal. El talento de Mann lo exige, y sus seguidores estaremos encantados de hacerlo.
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