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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

UGT y CC.OO, los sindicatos cavernícolas y rupturistas

“Que los sindicatos convoquen huelga es como si yo te veo morir desangrado sin hacer nada y luego organizo tu funeral”, Anónimo
Miguel Massanet
viernes, 28 de marzo de 2014, 08:00 h (CET)
Cuando hablamos de los dos principales sindicatos existentes en España, UGT y CC.OO no podemos evitar recordar a aquellos poderosos sindicatos de la UK, conocidos como las Trade Unions, que tanto poder llegaron a acumular y que tantos daños causaron a la economía de su país, con sus pétreas estructuras y sus incesantes demandas; hasta el punto de que, sin la oportuna y drástica intervención de la Dama de Hierro, Margaret Thatcher, que gobernó desde 1979 a 1990, es muy posible que la poderosa Inglaterra, en la actualidad, no fuera más que una nación de segundo orden, como Irlanda o Portugal, sin el peso político que, actualmente, ejerce sobre la UE, su economía y sus finanzas; si no hubiera sido por la resistencia férrea que, su gobierno, opuso a los intentos de los sindicatos mineros de doblegarla. Triunfó y el cambio que se produjo en las relaciones laborales del Reino Unido fue espectacular, con el consiguiente resurgimiento de la industria y el saneamiento de la política energética de la nación.

Es evidente que ambos sindicatos se quedaron anclados en los tiempos de la lucha de clases, de los asesinatos entre patronos y obreros y las huelgas salvajes que, en ocasiones, llevaron a la miseria tanto a unos como a los otros. Esta elipsis en el tiempo y el espacio, de nuestros sindicatos, como si entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX y los tiempos actuales no se hubieran producido los espectaculares cambios experimentados, tanto en el aspecto social como en lo que han sido los cambios observados ( debidos a los increíbles avances te la ciencia, de la investigación científica, de las técnicas, de la era digital en la que estamos inmersos, con sus increíbles avances en la ofimática, la robótica, la telemática etc. que, en su conjunto, han dado un vuelco espectacular a los antiguos sistemas, métodos y elementos productivos, tanto en la industria como en el comercio, el transporte, las comunicaciones, las técnicas militares y los avances en la medicina y cirugía), en todos los campos que, sin duda, han sido más importantes, decisivos y revolucionarios que los sucedidos durante los siglos anteriores.

Lo cierto es que, a la vista de la experiencia de los últimos años, los dos sindicatos mayoritarios, a diferencia de lo que ha ocurrido con los de los países más desarrollados de la UE, parece que, más que ocuparse de la defensa de los intereses de los trabajadores, asegurarles sus puestos de trabajo, velar por conservar el equilibrio adecuado entre salarios y producción, para evitar acabar con “la gallina de los huevos de oro” y centrarse en su actividad sindical; lo que ha sucedido es que, así como las Trade Unions crearon un partido político, el laborismo, para que los representase en el Parlamento británico; ellos han dado un viraje hacia convertirse en satélites, cadenas de transmisión del partido comunista, las CC.OO y el partido socialista, la UGT. Nunca como ahora, si exceptuamos los tiempos de la II República, las entidades sindicales han dado más preferencia a ayudar a los partidos políticos en el trabajo sucio de ocupar las calles, paralizar las ciudades, destrozar el mobiliario urbano o enfrentarse, en guerra de guerrillas, con las fuerzas del orden público, como está sucediendo ahora.

Ya se comprobó, en los inicios de la crisis, cuando el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero cometió error tras error en su valoración; en su cerrazón respecto a lo que se nos pedía desde Europa; en su empeño en malgastar el dinero del Tesoro en mejoras sociales insostenibles y en subvencionar a sus amigos de la farándula en momentos en que la situación del país, como se comprobó después, exigía una política de austeridad que permitiera librarse de la amenazante quiebra soberana, que nos hubiera situado ante la tesitura de someternos al ominoso rescate por parte de la CE, con todas sus consecuencias en cuanto a la supresión de muchos de los beneficios sociales de los que estamos gozando.

Hoy en día, la percepción que la mayoría de ciudadanos tienen respecto a los dos sindicatos mayoritarios, es de que se trata de dos estructuras inmovilistas, en las que pululan miles de personas sin nada que hacer más que dedicarse a manifestarse en las calles, provocar atascos, reclamar contra el Gobierno, apoyar las acciones del PSOE y de IU, a cuyas órdenes están supeditados, y a colaborar en el desgaste del gobierno legítimo, haciendo el trabajo sucio que se les ordena; no tanto en cuanto a hacer una labor de desgaste dentro de las empresas algo que, en estos momentos, dadas las dificultades económicas no les resulta fácil debido a que, los trabajadores, están más preocupados por conservar sus puestos de trabajo que por reclamar aumentos salariales; si, por el contrario, explotando, junto a los estudiantes universitarios, el posible descontento de gentes que se han quedado sin empleo o rozan el margen de la pobreza, para llevar a cabo, por medio de activistas entrenados, manifestaciones que, amparándose en el derecho de libre expresión, aprovechan para causar todos los destrozos que pueden, atacando, cada vez con más virulencia, a las fuerzas de orden público que se les enfrentan y causando alarma social.

Lo más escandaloso es que, durante el gobierno de Rodríguez Zapatero, que dejó más de 4 millones de parados, ninguno de los dos sindicatos, dirigidos por Méndez y Fernández Toxo ( dos sindicalistas que han conseguido perpetuarse en sus puestos gracias al apoyo de todos aquellos enchufados que saben que, si cae alguno de ellos, se les va a acabar la mamandurria de que gozan) pareció enterarse de que, millones de obreros, pasaban al paro y que cientos de miles de empresas tuvieron que echar el cerrojo. ¡El gobierno era de izquierdas y no convenía hacer ruido contra él! Siendo, ambos sindicatos, poseedores de grandes patrimonios, en ningún momento han tenido el gesto de colaborar con ellos a paliar el problema del paro, ni sabemos que sus líderes se hayan bajado sus cuantiosos emolumentos para contribuir a erradicar la pobreza en el país. Ahora, que el gobierno es de derechas, no tienen inconveniente en colaborar con las izquierdas para intentar derribarlo, a pesar de que ha conseguido frenar la caída de España y se empiezan a notar leves signos de mejora.

Pero existe una faceta, hasta estos momentos ignorada, que se ha manifestado con motivo del desafío secesionista lanzado por Artur Mas y su camarilla de traidores a España; consistente en que, además de intentar que la economía española se hunda, que la nación entre en un caos; no parece que hayan tenido ningún inconveniente en aceptar la petición de los secesionistas, apoyando la petición de un referéndum en Catalunya por la independencia del resto de España. Por si no bastara con el mal ejemplo de la UGT de Andalucía (que parece ser que salpica también a CC.OO); por si no se hubieran enriquecido muchos de sus miembros a costa de los trabajadores en paro o algunos integrantes de la Junta de Andalucía se hubieran añadido en esta magna estafa que lleva, con firmeza, la jueza Alaya; sus compañeros de otras regiones parece que no se han enterado y van manifestándose acusando de corruptos a los políticos del PP cuando, en su propia casa los tienen a miles. Desfachatez y deslealtad al país. El Gobierno debiera de retirarles, de inmediato, toda clase de subvenciones o ayudas para que tuvieran que subsistir a base de las cuotas de sus socios. Evidentemente que su pervivencia, en este caso, sería corta y dramática. O así es, señores, como desde mi óptica de ciudadano de a pie, contemplo esta cuestión.

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Casas Viejas 28/mar/14    12:08 h.
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