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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

¿Somos estúpidos?

Existe un progresivo patronazgo, ejercido por los detentadores de los diversos poderes consolidados
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 28 de marzo de 2014, 07:56 h (CET)
¿Soy estúpido? ¿Lo es usted? ¡Caramba! Suenan fuertes las preguntas. La INTERPELACIÓN es rotunda antes de entrar en materia. Las contestaciones suelen quedar en el aire. Las particulares, plegadas a sus intimidades y al conocimiento de sí mismo, que dicho sea de paso, no suele ser muy completo; las provenientes de la comunidad, porque tienden a hacer poco caso de los individuos modestos.

Por eso he recibido con entusiasmo el libro “Are you stupid?” del insigne profesor Mihai Nadin, de la Univesidad de Texas; un gran estudioso de la evolución social, con numerosas publicaciones al respecto. La cuidada edición de Synchron completa el hallazgo, que con las copiosas referencias bibliográficas, añade el buen gusto para seguir las interesantes reflexiones del autor. Es un libro de fácil lectura, sin menoscabo de las importantes cuestiones planteadas en él.

Comienza con la provocación estimulante del título, que ya deja entrever desde la portada, la denuncia de esa DEJADEZ perceptible en los ciudadanos a la hora de una participación en la vida social. Aunque centra su exposición sobre las actitudes estadounidenses, pronto vislumbramos las similitudes experimentadas en el ámbito europeo y en el resto del mundo. ¿Atendemos a las cuestiones planteadas? ¿No estamos interesados en tales andanzas, que también son las nuestras?.

Cuando Nadin exclama ¡Qué país!, proclama a la vez las 4 fases de una alienación ciudadana progresiva, la que desgrana en los capítulos de su libro. Refleja las polarizaciones extremosas, que de una manera sucesiva acogotan a los ciudadanos. Toda huída de la complejidad natural propende a las SIMPLIFICACIONES neuróticas. Con dichos enfoques simplistas, la convivencia deviene en caos incomprensible. ¿cuáles son las características de estas fases?.

La primera alienación de la EXCELENCIA aporta buenos motivos para atenderla. La consecución de grandes logros en EEUU es un hecho incontrovertible; hospitales de vanguardia, industrias potentes, universidades prestigiosas, investigadores punteros, etc. Sí, es así. Aunque esa grandeza deja de lado otras circunstancias menos favorables de gran calado, y ahí se enturbia la mente. Subidos al tren de las magneficiencias, los ciudadanos asumen que son los conductores de tal evolución (2º desplazamiento mental) y de momento permanecen eufóricos con sus logros.

El siguiente despliegue inconveniente viene a remolque de ciertos beneficios a los que tuvieron acceso los ciudadanos; nivel de vida, salud, casas, automóviles, viajes, diversiones, contribuyeron a la VERSIÓN ACOMODATICIA del menor esfuerzo, con mayores requerimientos de ayudas por parte del estado y la delegación de funciones en los entes públicos. El sujeto común se aparta finalmente de los engranajes decisivos. En esta alienación concurren sujetos pasivos en una modalidad efectiva de marginación social voluntaria. ¿Habrá reacciones ante dicha situación?.

La confusión alcanza a las identidades, incluido el perfil del Estado y la figura del ciudadano, como señala Nadin. El protagonismo anida en los macro-negocios, proyectos encumbrados con enormes movimientos de capital; entidades sin rostro aparente, sólo en apariencia, porque siempre acuden los extractores de pingües beneficios. La fuerza de esos montajes MASTODÓNTICOS es conspirativa por naturaleza, lo infiltra todo. Los medios informativos están muy supeditados a esa dependencia. ¿Qué le queda al ciudadano? Apenas el conformismo después de algún beneficio colateral. Las grandes cifras están endiosadas y exigen sacrificios humanos. ¿Las estructuras se volvieron autónomas?.

Los mencionados beneficios colaterales son canalizados por determinadas vías. Existe un progresivo PATRONAZGO, ejercido por los detentadores de los diversos poderes consolidados; lo cual genera una dependencia cómoda por parte de los receptores de alguna dádiva y su satisfacción anestesia las posibles rebeldías. En rangos más ceñidos a las actuaciones individuales concretas, sería el CLIENTELISMO, muy notado en los ámbitos políticos. Hablamos de una servidumbre gregaria, con visos de lamentable, aunque de práctica muy difundida.

Cuando abordamos el análisis de la ubicación del ciudadano, en plena búsqueda, ¡Eureka!, descubrimos la paradoja de su creciente presencia física (Aumento de la población), junto a su también creciente ausencia como agente pensante comprometido. Las renuncias sutiles, lo convirtieron en un personaje estúpido, además de innecesario para el funcionamiento del sistema. Mejor dicho, es UTILIZADO como un objeto, pero su inutilidad no es requerida como pensante activo. No cuentan para las grandes apuestas de futuro, los proyectos fraguan a su costa; sin embargo, sus inquietudes o deseos, únicamente forman parte de los simulacros propagandísticos.

Tales desventuras acontecen precisamente, como nos detalla con precisión el libro que comento hoy, cuando cada uno de nosotros es interpelado por abundantes redes sociales acechantes, que además lo hacen de forma simultánea, desde empresas, instituciones estatales o miles de agrupaciones. Como vamos a resolver este aumento de los requerimientos, si nos incapacitamos para enhebrar las argumentaciones y, aún con buenos razonamientos, no intervenimos; por comodidad o quién sabe por qué intereses. Va a tener razón Braudel, los hombres hacen la historia, pero no saben lo que hacen. Esa es una DISYUNTIVA crucial, ¿Somos o no somos?.

Y no conviene olvidarnos del concepto de masa crítica mental, muy trabajado por el Prof. Nadin; ese conjunto de elaboraciones mentales que interpreto también como la Noosfera, el bagaje del conjunto de pensamientos habidos. Los signos e interpretaciones configuran unas maneras determinadas en el funcionamiento cerebral; son el fundamento necesario para la ANTICIPACIÓN de la realidad que anhelemos. Representan el contraataque del ciudadano activo, dispuesto a la interpelación exigente dirigida a las redes; indagadores tenaces en aras de posicionarnos en una colaboración exigida y exigente.

La actuación necia o estúpida surge de gentes con muy diferente Coeficiente Intelectual, no depende de eso. Será suficiente comprobación la observación en nuestros entornos de los comportamientos de la gente brillante o de la menos lúcida. Si acaso, a mayor INTELIGENCIA, el grado de estupidez agranda sus despropósitos, y lo que es peor, las desventuras sobre los demás.

La lectura de este libro permitiría innumerables anotaciones, por la cantidad de sugerencias emitidas por el autor; con una claridad expositiva que disfrutamos, nos sitúa ante el RETO FASCINANTE que afrontamos en la vida en sociedad. De cómo respondamos a la pregunta del título, saldrá reflejado nuestro papel en la convivencia. Ni en plena libertad ni totalmente cohibidos. Simplemente, con la naturalidad de un ejercicio digno centrado en las mejores aportaciones.

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