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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Crank': adrenalina por los ojos

Pelayo López
Pelayo López
martes, 19 de diciembre de 2006, 22:23 h (CET)
Ahora que está en marcha la cuarta parte de La jungla de cristal, parece que a John McLane, alias Bruce Willis, le ha salido, nunca mejor dicho, un duro y serio competidor, o, en su defecto, si lo vemos desde otro prisma, un digno sucesor. Jason Statham, descubierto en Lock and stock y Snatch, cerdos y diamantes, que ya nos dejó claro en las dos partes de Transporter que teníamos un nuevo héroe de acción en el celuloide, utiliza las mismas armas que su predecesor, violencia y humor, con mucha mayor contundencia. Violencia física, incluso por momentos cercana al gore, y verbal por los cuatro costados. Humor negro, negro muy oscuro y al tiempo resultón. Steven Seagal, Jean-Claude Van Damme, y Arnold “Gobernator” Swarzenneger son pasto del pasado, y los orientales Jet Li y Jackie Chan no tienen los recursos para hacerle sombra a este nuevo “monstruo” del género. Así que una recomendación: sigan atentos sus golpes.

Serpientes en el avión, otro título de reciente estreno en nuestra cartelera, ha tenido a sus espaldas una importante labor de promoción mediática. Sin embargo, este veneno en la sangre del que ahora estamos hablando, no tiene esa necesidad, porque se trata de una de esas películas que se cuela en las salas sin romper un plato pero que, poco a poco, el boca a boca la hace subir enteros. Sobra decir que no hay un guión demasiado elaborado, vamos, ni siquiera un poco, pero funciona, en gran medida también porque no hay estrellas rutilantes que hagan menos creíble la historia que nos cuenta. Y hablando de la historia… Nuestro protagonista es un asesino a sueldo de uno de los clanes mafiosos de la ciudad. Un día se despierta y descubre que ha sido envenenado con una extraña sustancia que le llevará a la muerte en apenas una hora. Ante la disyuntiva de morir arrodillado o devolver el golpe a su verdugo, nuestro “héroe” decide tomar el segundo atajo que, además, le llevará a una guerra entre hispanos, asiáticos…

Hora y media es lo que estaremos sentados en la butaca viviendo, en tiempo real, como Keanu Reeves y Sandra Bullock en Speed, Johny Depp y Christopher Walken en A la hora señalada, o Kiefer Sutherland en sus varias temporadas televisivas de 24, los últimos momentos en la vida del protagonista, sin apenas, claro está alguno tenía que haber, recovecos inservibles. Pero la referencia más cercana por planteamiento, nudo y desenlace nos lleva hasta Dennis Quaid y su Muerto al llegar, una cinta que, a su vez, ya tenía orígenes más remotos en el cine. Para hacerle pasar un ocaso algo más dulce y mantener al pie del cañón y firme al moribundo, la compañera elegida ha sido Amy Smart, a quien hemos visto recientemente en Loco por la novia. Sin desmerecer a la chica, y su papel de florero tonta y dispuesta a los arrebatos sexuales de su partenaire, bien podían haber escogido a cualquier otra neumática de turno, que, al fin y a la postre, hubiese servido lo mismo.

Para tomar nota como aspectos más positivos, amén de su actor protagonista que creo ha quedado bastante claro, los aires de videojuego presentes en todo el metraje, incluso con pantallas simuladoras al efecto que nos hacen dudar de cual de los dos formatos es el que tenemos delante. A resaltar, especialmente, los latidos de corazón que prácticamente lo hacen saltar de la pantalla. También la presencia de Google en el desplazamiento del personaje por toda la ciudad. ¿Pago publicitario o crítica antiglobalización?. Y si bien la cinta corre a cargo de dos codirectores con nombres que no pasarán a la historia por este trabajo, no sabemos si eran necesarias dos mentes pensantes. Puede que sí, porque el montaje a lo Tony Scott no consigue el notable, pero demuestra buenas maneras. Entre los puntos negros, quizás, el único y el más llamativo, el exagerado salto final al vacío, donde adolece de unos efectos especiales un poco más decorosos. También choca que, mientras la película resulta en su conjunto, la segunda parte parece funcionar en reserva y con el ralentí, como sirviéndose de la inercia generada al principio.

Desde una premisa inicial abordada de una manera brillante, pasando por el corre que te corre y un aluvión de escenas cuasi-sketches –como el descubrimiento multiusos de una máquina de coser, la importancia de tener un desfibrilador a mano, o una nueva forma de no dejar las huellas dactilares en un revólver-, sin tregua y sin pausa, vestidos por momentos con ropa de hospital, llegamos al clímax de un título convertido ya en una cinta de culto en el género, porque nos va a salir adrenalina por los ojos.

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