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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La dehesa andaluza

Francisco Arias Solís
Redacción
lunes, 16 de octubre de 2006, 22:17 h (CET)
“Encinas,
en campo bravío.
Olivos,
en campo sumiso.”


José María Hinojosa

La dehesa es un tipo de explotación creada por la transformación del monte originario con una producción mixta, forestal, agrícola y ganadera. Definidoras en buena parte del paisaje andaluz. Las dehesas ocupan en Andalucía una superficie de unas 780.000 hectáreas. La mayor parte de ellas se extiende por Sierra Morena y las serranías gaditanas, aunque también aparece de forma esporádica en otras zonas de las sierras Subbéticas e incluso en la campiña.

Las dehesas se encuentran desde el nivel del mar hasta los 1.000 metros de altitud, con un óptimo entre los 300 y 500 metros. La pluviometría anual varía entre los 400 y los 800 milímetros. Ocupan fundamentalmente áreas pizarrosas y graníticas, con suelos pocos profundos y ácidos, debido en gran medida a que las áreas más fértiles de sedimentos terciarios y aluviales han sido dedicadas a producciones agrícolas.

El arbolado de la dehesa está constituido fundamentalmente por la encina y el alcornoque, bien como masas monoespecíficas o bien mezclados; pero se pueden encontrar otras especies con una menor representación: el quejigo, en zonas de mayor pluviometría; el castaño, característico de determinadas dehesas de la sierra de Aracena y Ronda; el acebuche que constituye en Cádiz y en la Sierra de Antequera un modelo único de dehesa de alto valor ecológico.

La densidad de arbolado oscila entre los 20 y los 50 pies por hectáreas, variando con la edad y la pendiente del terreno, pero siempre protegiendo el suelo de la erosión y garantizando un máximo de productos y utilidades.

El sotobosque de la dehesa varía con el destino final de la producción y el estado silvícola en el que en que se encuentra. En las dehesas con cultivo agrícola, el matorral es eliminado por laboreo. En otras, el matorral más representativo está compuesto por jaras, retamas y aulagas que llegan a invadir el pastizal por abandono del pastoreo: un proceso, llamado de matorralización muy común a partir de la crisis de las actividades tradicionales y que amenazan con destruir este ecosistema.

El ganado que pastorea las dehesas está formado por razas que han evolucionado de forma paralela a la del arbolado, adaptándose a dicho medio.

El vacuno está representado por las razas retinta, avileña y morucha, que normalmente se cruzan con especies de mayor producción cárnica para la obtención de terneros. La raza ovina característica fue la merina hasta el hundimiento del mercado de la lana. El caprino está representado por las razas verata, retinta y serrana, con producción mixta leche-carne.

Pero el aprovechamiento más eficiente y tradicional de la dehesa es el realizado por el cerdo ibérico que experimentó una importante disminución como consecuencia de la aparición, en 1960, de la peste porcina.

Gran parte del futuro mantenimiento de estos espacios forestales dependerá de la definitiva recuperación de este uso tradicional.

Por otra parte, la dehesa tiene una serie de producciones múltiples asociadas que la convierten en un sistema agro-forestal único en Europa: leña, carbón vegetal, corcho, productos agrícolas, hongos... Abundan asimismo las especies de carácter cinegético como el ciervo, el jabalí, el conejo o la perdiz, cuya caza supone no pocos ingresos, que superan a veces los obtenidos por el aprovechamiento ganadero.

Los tiempos más recientes han visto como gran parte de los recursos tradicionales de la dehesa han entrado en crisis. Esta decadencia, sin embargo, no es inevitable; la dehesa no ha sido nunca un sistema inmóvil y ahora también puede favorecerse de la introducción de mejores tecnologías en muchos de sus aprovechamientos, para alcanzar un sistema más productivo aún que el tradicional pero donde sigan en equilibrio estable las funciones de explotación de los recursos y su conservación. Y como dijo el poeta: “No hay árbol de esta dehesa / que no recuerde tu voz / cuando lloraba de pena. / No hay una hojita siquiera / que no tiemble al recordarlo / como tiemblan las estrellas”.

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